Recibí tiempo atrás un e-mail de una antigua alumna y ahora amiga. No soy muy dada a usar el correo electrónico si no es para algo puntual, contacto próximo con amigos y poco más. Eso lo saben quienes me conocen, por lo que aunque siguen "bombardeándome" (dicho con todo cariño, ¡como también lo saben!) mi cuenta, saben que las "cadenas" no las suelo continuar (caso excepcional es cuando llega algún e-mail de solidaridad).
También es cierto que muchos me tachan -cariñosamente, a su vez- de "renegada", que al igual que yo puedo alegrarme de recibir un e-mail hermoso, con cariño, de índole cultural o de humor, qué trabajo me costaría el pulsar el botón de enviar y seguir esa cadena de un simple "te quiero, te recuerdo, eres mi amiga,..."; y sí, tienen razón, sin embargo no me habitúo a ello, ¡soy incapaz!.
[...]
Sigue leyendo