Inocencia, bonita palabra. Somos inocentes ¡tantas veces!, pues una y otra vez entramos en el ciclo de perder nuestra inocencia por cada ocasión que de nuevo dejamos de ser ingenuos.
Sina ha perdido de nuevo la inocencia; se ha convertido en una más de los muchos que cruzan el umbral, palabras e ideas pasearán por el enredado mundo en el que nos encontramos.
La inocencia se pierde por deseo, o afán de traspasar lo desconocido, por ignorancia, por equívoco, confusos por los distintos azares de cada esquina que componen nuestro camino por la vida.
En este momento Sina quiere invadir el otro lado: trasladar lo real y lo irreal, la realidad cotidiana a la utopía de lo posible, o de lo que pudo ser.
Entre cables e instrucciones cada día se verá reflejado con la lupa del sentido o de la sensibilidad (quizás de ambas cosas a la vez) o, ¿por qué no?, de lo imaginario o de lo deseado.