Parece como que la historia se doblase cada cierto tiempo, para unir los
extremos de una misma hoja. La crisis, la crisis económica que muchos -como la
historia nos puede recordar- usan para relacionarla con otras: existencial,
religiosa, crisis de "principios olvidados", aunque, los principios,
las religiones y lo existencial sea algo subjetivo o, al menos, diferente para
culturas y pueblos diversos, pero, ¡claro!, es obvio y por ello “convincente"
mezclar "manzanas y peras" cuando interesa persuadir al pobre
jornalero que, sin duda, siempre será el más afectado ante una crisis
económica. Poco importa el alcance de esa crisis; que sea de índole
internacional, que, precisamente, los países más pobres o en vías de
desarrollo, que dependen de otros y del buen hacer de la ciudadanía del resto
de la humanidad, sean los que sufran más las consecuencias, como víctimas
"colaterales" de esa crisis económica.
Poco importa que ese uso indiscriminado en cada discurso abra las puertas que a
otros, sin alejarnos demasiado en el tiempo, se abrieron; la crisis en
Alemania, permitió discursos "de principios olvidados", entre otras
cuestiones, que alzaron al mismísimo nazismo al poder absoluto, abusivo después
y, finalmente se llegó a la barbarie y al terror. Porque cuando hay crisis,
sobran los que antes habían conseguido lo legal a lo largo del tiempo; ¿duda
alguien que, a fecha de hoy, entre un hombre y una mujer, un contratante
considere algo como: si le doy trabajo a él, mantendrá a toda la familia, si se
lo doy a ella, le quito el puesto a un posible "cabeza de familia"?,
o, en el caso de la inmigración (hablamos de inmigrantes que pueden llevar en
España más de 10 años, quizás, y que están regularizados, y, con ello, tienen
las mismas obligaciones -con la Seg. Soc. y con la Hacienda- y, ¡Dios Santo,
dirán "muchos"!, también por ello, los mismos derechos que cualquier
otro trabajador -¡"incluso hasta cobran del Paro por el morro"!-)
serán los que tendrán, como los españoles de la Alemania de los 70, que
regresar a sus lugares de origen, si su puesto lo puede ocupar un nacionalizado
o si no encuentran trabajo, porque vuelven los españoles a trabajar en lo que
hasta ahora ellos realizaban. El trabajador retrocede en sus derechos
conseguidos en años anteriores y el empresario o la empresa, que tuvo hace
apenas unos meses cuantías impensables en concepto de ganancias, no se va a
rascar los bolsillos, pues esos beneficios ya no estarán en la empresa, sino a
buen recaudo.
Distingamos pues, la "paja" que confunde una situación que se ve
agravada cuando al ciudadano se le mete miedo y deja de consumir. Es la pescadilla
que se muerde la cola: si no se consume, no se produce, si no se produce ...
¡el trabajador, al Paro!. Sí, pensarán muchos que es "fácil decirlo";
no, no es una cuestión de dar una opinión sin más (lo cierto es que si alguien
se ve bastante afectada por esta nueva crisis económica -que la existencial, es
personal-, es la propia Sina, que anda sobre la cuerda floja entre tarjetas
cuyo crédito se agota y entre pleitos judiciales que se retrasan, ¡qué sobre
esto de los jueces, también hay tema para hablar!), considero que es una
opinión con cierta lógica por lo que la historia y otros hechos semejantes nos
han enseñado: suele ser peor el miedo ante la crisis que la propia crisis,
consiguiendo, con ese miedo, ralentizar la posible solución. Que, aunque siempre
nos parecerá tarde, se sale.