Me lo prometí
hace tiempo. No volvería a ver "Brokeback Mountain". Y ahora mismo la
estoy volviendo a ver en la televisión. Y eso, antes de que falleciera tan
pronto Heath Ledger.
No puedo contener las lágrimas, no puedo dejar de sentir el dolor que los
protagonistas sienten ante un amor "imposible".
Cuando estamos enamorados, ¿lo sabemos en ese momento?, ¿somos conscientes de
que estamos enamorados?.
Esta película es una película de amor: de amor fuera de tiempo, fuera de lugar,
..., de amor incomprendido,
de amor no aceptado (incluso negado por los propios
amantes), de amor prohibido, de amor "enfermo" (dirán algunos, a los
que ahora no quiero ni considerar como especie humana, pues también tendrían
que aceptar que hay otros animales "enfermizos" y creados también por
Dios/la Madre naturaleza), ... de amor, en definitiva.
Está a punto de acabar; ya hace rato que mis palpitaciones aceleradas y el uso
de algún que otro pañuelo, me dicen que sigo viva, pues no sólo siento, pienso
también.
Pienso en la tristeza de ese amor. Pienso en la felicidad de amar y de saberse
amado. Pienso en lo hermoso que es el haberlo experimentado, aunque sólo sea
una única vez, con una única persona e, incluso, durara poco tiempo. Cualquiera
que lo haya sentido, me entenderá.
Supongo que sois conscientes a qué tipo de amor me refiero. Estoy hablando del
amor de dos seres, que comparten momentos, ilusiones, esperanzas y, como amor
completo, también el sexo y su goce. De amor carnal, de amor en todos sus vertientes
y con todas sus consecuencias.
¡Maravillosa locura la que nos arrastra cuando amamos!. Lástima que ellos, los
protagonistas, "vivieran" su amor en un "terreno vedado".