¿Nadie puede
ser más duro con uno que uno mismo?, planteo esta duda que es mi propia duda.
Es una frase que abre un párrafo en el desarrollo que sobre la ética realiza
Freddy Quezada en su artículo "La
Mejor Etica: La Que No Se Puede Decir".
Es una frase, que al igual que otras que figuran en ese estudio, pueden
representar, quizás, aquello que me es difícil de explicar.
Mi mundo de confusiones sujetas en alfileres de cierta estabilidad, se iba
desmoronando en las últimas semanas. Una estabilidad dada en
falso pasito a paso en los meses previos.
Cuando una se para a buscar respuestas, respuestas que necesita ante un hecho
que marca un punto y aparte (o un punto y continuación, casi esperado y muy
deseado -aunque por egoísmo propio, tal vez-) en esta maraña de ideas, de
palabras escritas, de sentimientos, de pudores, de relaciones reales o
equívocas, de verdades y de mentiras, de envidias y de intereses, pero falta de
acentuaciones y tonalidades, de gestos y de miradas, faltas de
"presencia" (aunque todo lo anterior no sea sino un reflejo de la
vida misma).
Y todo ello visto desde la perspectiva de sí misma. De lo que se consideró
"era tu deber", cuando tu deber estaba dormido al amparo del día a
día real, cercano, cada vez más oscuro, cada día más cerrado. Aunque un deber
ha de ser cumplido. Y el único que se cumplió fue el de, “una vez todo ha ido
demasiado lejos” -no sin tu culpa, también-, tomar una decisión, optar por una
postura, tomar una posición. Y todo había ido ya demasiado lejos.
Pero ¡ah, Sina!, no actuar, quedarse de brazos cruzados ante lo que era
un sinrazón, un despropósito, una injusticia, tampoco ha sido algo de "tu
estilo".
¿Nadie puede ser más duro con uno que uno mismo?. No estoy segura,
sinceramente. Ahora, con la perspectiva del tiempo transcurrido, con el
remover de hechos próximos que devuelven no sólo el planteamiento de si hiciste
bien o mal, sino de conocer más detalles, hechos muy relevantes que te hacen
dudar más de esa reflexión que titula este debate interno que ahora intento,
con dificultad, transmitir: ¿acaso el resto no ha sentido amargura antes que tú
misma, acaso no llegó al límite, hasta llegar a odiar a la humanidad?, ¿acaso
no pensó en la muerte, en poner un final precipitado?.
¿Por qué no pueden sentir los demás un dolor tan profundo, o más profundo, que el tuyo?.
La
duda existencial, la duda de la especie humana, la duda de la ética, de
la moral,
de la doble moral. ¿Acaso es de mi dominio, acaso no se han sentido
antes, no se han sufrido antes?. ¿No lo seguiremos sintiendo?.
Siento vergüenza. No, no siento vergüenza por los de mi especie. Siento
vergüenza por no entender antes que soy una más de los de mi especie.
Siento
vergüenza al no considerar (o no querer plantearlo, si quiera) el dolor ajeno,
el dolor próximo.
Siento vergüenza por no poder recuperar un tiempo precioso/preciso en el que
podría haber conocido más sobre el resto, con tan sólo curiosear. Curiosear,
buscar como durante estos últimos meses llevo curioseando y buceando hasta
descubrir finalmente, por alguna bitácora perdida en el tiempo, detalles tan
valiosos como los del mismísimo Titanic.
Si, en vez de encerrarme en mis problemas, hubiera sabido bucear tiempo atrás,
quizás, ¡esa es mi esperanza!, quizás no me sentiría tan mal. Y, entonces,
podría afirmar que "nadie puede ser más duro con uno que uno mismo".
Ahora eso, es irrelevante. O está fuera de lugar y tiempo.