Después de una jornada eterna, llegaron por fin al hotel.
Parecía que cada nuevo hotel superaba en belleza y en confort al previo. Ellas
intentaban no tener en cuenta tantas atenciones por parte de quienes les
recibían: siempre uniformados, ofreciendo amablemente refrigerios y algún tipo
de delicia: un dulce, una pequeña demostración de algo de la tierra. Lo primero
era el ir a la habitación, aunque habían tomado la costumbre de regresar a la
puerta, hacerse una fotografía y, ya en la habitación, otras más para mostrar
después “los palacios” en los que se iban alojando.
En el momento en el que ella dejó de tomar fotografías del
exterior y antes de que subieran a la habitación, notó cómo el sol bajaba
rozando el horizonte, jubilosa dijo a su amiga: -¡Por fin, una fotografía del
atardecer con el desierto de fondo!. -¡Sí, sin duda una hermosa fotografía,
pero estoy esperando entregarles las llaves desde hace ya un rato, señoritas.
De nuevo “Javi”, parecía mostrar
cierto enfado en su tono y actitud. Ambas,
como chicas obedientes, se apresuraron a recoger las llaves, aunque no antes de
que ella disparara con la cámara y cumpliera su propósito. -La cena estará
servida en apenasssss 10 minutos!. -De acuerdo, parecieron responder al unísono
yéndose diligentes hacia el ascensor; ya dentro, carcajadas por lo sucedido:
-Le vamos a volver loco. -¡No sé qué decirte, mírame! -respondió ella- ¡no me
he quitado ni la pamela al entrar!. Más risas y, al abrir la habitación, como
siempre ocurría en todos los hoteles y lo habían confirmado el resto de los
compañeros de viaje, caramelos y bombones dispersos sobre la cama … y
fotografías rápidas, para poder cenar esa noche.
Aquel hotel tenía unos preciosos jardines y ellas salieron a
pasear, ya tarde, a falta de otra posibilidad. “Javi” estaba sentado, debajo de
una farola, leyendo algo. -¿De paseo, señoritas?. -Sí- respondieron al unísono.
La amiga se aproximó: -¿Qué lees Habib, las normas para mañana?. Él soltó una
carcajada. -No, no. Las que había que establecer ya están dichas, aunque a
ustedes no parezca que les guste aplicarlas. Estoy preparando el próximo curso,
leo algo antes de acostarme y este lugar me gusta mucho, por lo que hoy me he
quedado a leer aquí, en vez de la habitación. Ella se interesó: -¿Te estás
preparando como estudiante?. -No, soy profesor, bueno cuando pasa el verano.
-¿De qué?- siguió ella. -Enseñanza secundaria, ¡idiomas, claro está!. -La
verdad es que hablas muy bien el castellano. -Sí, me gusta mucho el español y
la cultura de España.
Y entonces los tres empezaron a andar por entre los jardines
y las fuentecillas, contando qué hacían, porqué habían decidido ir allí, sus
sensaciones a lo largo de aquella "primera etapa" del viaje, sus
compañeros y sus peculiaridades. Les preguntó qué echaban de menos en el viaje.
Las dos se rieron al decir lo primero que se les ocurrió: "una disco para
bailar". Él también rió, ¿cómo podían pensar en bailar por la noche si por
el día les tocaba llevar un horario tan apretado?, pero claro no le extrañaba,
no eran los primeros españoles que le habían comentado lo mismo. Siguieron
conversando. A él no le parecía bien que siguieran segregados los dos únicos
grupos de chicas que iban sin hombres que las acompañaran. Ella protestó ¿acaso
corrían algún peligro?. Se detuvo y la miró a los ojos: -Preferiría que no
fueras, bueno, fuerais, tannn "atrevidas", no es que me desagrade que
lo seáis, pero estaría más tranquilo si, al menos, fuerais las seis juntas.
-Bueno, hablaremos con ellas de nuevo. Y su amiga respondió: -Pero no te
prometemos nada, porque cuando les comentamos algo, ellas nos responden en
catalán. -El catalán se asemeja al castellano, no creo que sea un obstáculo.
-Sí, si lo hacen hablando entre ellas y sin mirarnos. Se quedó pensativo y
después le preguntó a ella: -Si yo hablo con ellas, ¿lo intentaréis?. -¿El
qué?. Dijo ella. Se rió de nuevo mientras respondía: -No, ya sé que os iréis por
vuestra cuenta antes que aguantar lo que explico en cada parada, me refiero a
que si os vais, al menos que sea con ellas. -Si ellas quieren sí; nos gusta lo
que cuentas, pero en el largo trayecto del autobús antes que lleguemos ya hemos
leído lo correspondiente en las guías de turismo que tenemos. Además,
procuramos hacer las fotografías cuando todavía el grupo no se ha formado para
así captar las imágenes sin gente, a poder ser, y luego inspeccionar otras
curiosidades. Espero que eso no te moleste. -¡A buenas horas se me pregunta!,
creo que ya lo he asumido. No es fácil encontrar a alguien tan libre y tan
sincera como tú. Ella se ruborizó, no sabía porqué, pero se ruborizó, pese a
que quería que no hubiera pasado. Y, para mayor perplejidad, de repente su
amiga les había adelantado, admirando aquel bellísimo jardín, se encontraba ya
a bastante distancia.
Entonces Habib preguntó: -¿Te importa si te llevo a un lugar?,
está junto a aquel banco, donde estaba sentado, es mi rincón preferido. -No-
dijo ella algo confusa. Fueron callados y él le mostró un pozo de agua. Ella
comentó: -Es semejante a los que hay en España. -Sí, eso me dijeron años atrás
una pareja de Castilla. ¿Sabes?. -¿Qué?-dijo ella. -No te quites la pamela. No
quiero que te puedas quemar con el sol. Eres tan hermosa ... Ella se hecho
hacia atrás de forma instintiva. -Disculpa. No quería molestarte. -No creo que
eso sea algo propio de un guía profesional, como hace un momento nos comentabas
que lo eras. -Sí, tienes razón, es muy inapropiado. Lo lamento, no debí ...
Ella se giró con enfado, sabía de los trucos y los engaños de "la
profesión" y se sintió violentada ante tal atropello. Luego discutió con
su amiga. Ella se escudó en "tenéis tanto en común, hay tanta química,
...". ¿Peor quién era ella, que estaba maldiciendo todos los días a su
novio por dejarla para ir a dónde a él le había dado la gana, para entrometerse
en su vida?. Su amiga se disculpó, no había sido su intención … pero ella
estaba tan enfurecida que se preguntaba en voz alta -¿Por qué yo, tú eres más
guapa, más alta, eres una morenaza que a cualquier hombre le quitaría la
respiración, qué se piensa, que soy una “pieza fácil”?, esto no lo voy a
consentir, una cosa más, por mínimo que sea y pongo una reclamación, porque
aquí una denuncia por acoso …, se movía por la habitación como desquiciada y
entonces su amiga, ante tal situación llamó su atención -No, escucha, no es así, seguro que ha sido un
gesto y nada más, de hecho a mí me pasó algo semejante ayer. -¿Quéee, será
“hijo de la gran p…”?, ahora me lo terminas de confirmar, que va a la caza
hasta conseguirlo y si le dicen que no, pues …-No, no, te equivocas, que estaba
comprando unas botellas de agua y el vendedor decía que no tenía cambio y él
dijo que las pagaba, y yo que no y entonces me dijo que sería para él un honor
poder hacerlo, ¡pero nada más!, yo creo que es cortesía. -¡Sí, cortesía!, ya,
ya yaa, ¡una sola cosa más, una sola y le denuncio! … siguieron cambiando
impresiones, pero al final terminaron por relajarse y perdonarse mutuamente las
maneras, pues no querían estropear la buena amistad que entre ellas había
empezado … sin embargo, ella no puedo conciliar el sueño aquella noche, lo
intentaba, ya no era enfado, lo intentaba, pero era peor que el enfado, era un
hecho que hasta ese momento no había considerado: por su bien tenía que
quitarse de la cabeza lo sucedido y evitar el estar tan pendiente de él, porque
en realidad era así, sin quererlo, estaba haciéndolo.
Por la mañana no hubo ningún momento en el que se diera ni tan siquiera una
relativa cercanía entre Habib y ambas, aunque era muy usual que él estuviera
continuamente moviéndose en el comedor o en el autobús, preguntando o siguiendo
las conversaciones o atendiendo a curiosos o a cuestiones que tenía que
solventar. Las dos siguieron como si nada hubiera pasado, disfrutando con cada
hallazgo, bromeando, hasta los chavales que iban con sus padres y más de una
pareja joven se les iba uniendo, al comprobar cómo eran capaces de sacarle la
parte más graciosa a cada parada, en cada comida, en cada momento en el que
había un acontecimiento, como la eterna cola de espera en el aseo de señoras,
¡unas carcajadas que hasta el resto, los hombres, preguntaban qué había
ocurrido en los baños!.
Ellas habían visto cómo en el desayuno Habib se había acercado a la mesa
de las chicas catalanas, pero no hubo ningún momento en el que las seis
coincidieran de nuevo en esa jornada. Y ella notaba -pese a su promesa de
“indiferencia”- cómo Habib las vigilaba, con cierto recelo.
