
“Con los pobres de la tierra
quiero yo mi suerte echar:
El arroyo de la sierra
me complace más que el mar.”
Mujer en una playa de Somalia (Fotografía "FP")
Considero
cuanto de egoímo podemos acumular despreciando, a veces con la
indiferencia, el dolor de los demás. ¿Cuánto de egoísmo, egocentrismo
cabe en mí?. Miro más allá de mi alrededor, más allá de mi ombligo, ¡y
es aterrador el mundo para tantos, tantos millones de personas!. Allí
donde halla escasez de agua, de alimentos, del derecho a la salud, del
derecho a la educación, y existan prisiones en forma de derechos
violados por gobiernos autoritarios, por gobiernos ultra-conservadores,
ultra-radicales, intransigentes con excusas varias -religiosas o
políticas-, prisiones mantenidas por la indiferencia del resto de los
gobiernos, los llamados países ricos, países con poderes, de sus
gobernantes, de sus pueblos,... sí, de nosotros mismos, el pueblo que
no sufre esa escasez, pues hasta las cárceles en nuestros territorios
son "paraísos" comparados con cada amanecer para ellos: los pobres de
la tierra. Miro allí donde la anarquía reina a sus anchas como sistema
para beneficiar sólo a los poderosos o a sus intereses.
No hace mucho se ha divulgado, entre otras tantas noticias, la del horror en cárceles africanas -cárceles con barrotes palpables-; en esa noticia se ilustraba la cuestión con imágenes atroces. Si el pueblo que está fuera de esas cárceles no tiene lo más básico, a dichas cárceles no llega nada, ni una miga de pan, sólo la muerte en una agonía fiera.
[...]
El cansancio (algo tan común en mí ) no es el habitual; este tiene otro porqué, su largo camino recorrido para que al final me alcanzara y me tumbara en la lona, como perdedora de un combate demasiado largo. Sola, sola, de nuevo sola. Y no me duele "esa soledad", me duele que yo sola no puedo ser suficiente para quienes pueden necesitar más de mí.