S?bado, 08 de agosto de 2009

Hay nubes en el cielo, tan bella la luna como estas noches ilumina m?s que las grandilocuentes farolas de esta humanidad que ya no mira a las estrellas. Las nubes forman caminos discontinuos, como es el camino de la vida.

Suena en mi interior Caruso, una y otra vez me llega el recuerdo de esa voz. Del d?a que trajiste un joven canario amarillo brillante que te hab?a regalado un amigo, nunca te vend?an, te regalaban. Te hab?a dicho que era el mejor macho que ten?a de los ?ltimos que hab?a criado, que ser?a un estupendo cantor. Eso no nos importaba mucho, nos trajiste (?ramos peque?as, Jorge a?n no hab?a nacido) un animalito a casa, ?un bello pajarito!. Casi escandalosas satur?bamos al pobre canario. Ya le hab?as comprado la jaula, ?ah, no!, tambi?n te la hab?a regalo tu amigo. Y alborotadas las tres propon?amos nombre, fuiste tajante: ?Caruso, se llamar? Caruso?. Y Caruso fue un canario no s?lo magn?fico cantor, sino adem?s una estupenda mascota. Aprendi? a abrir la puertecilla, se paseaba, le llam?bamos, com?a de nuestra mano, se posaba en el hombro, en la cabeza, jugaba al escondite, incluso, una vez nos cambiamos al nuevo piso, se escapaba a la terraza de la vecina de al lado, andando, sin volar, todo pancho. Le llam?bamos y regresaba cantar?n y cuando ?l quer?a volv?a a la jaula, a beber, a comer, a dormir. Vivi? muchos a?os y hasta uno de sus hijos, Chiqui, fue tambi?n otra mascota de la casa; aunque Chiqui era lo opuesto a su progenitor: cantaba haciendo gallos, ten?a un plumaje que parec?a un ?punk?, te re?as diciendo que hab?amos elegido de entre todos los polluelos el m?s feo. Y es que hasta las patas eran tan largas que nadie pensaba que era un canario. Pero quiz?s por ser as?, tan feuchillo, tan destartalado, lo elegimos, aunque el t?o insist?a que acept?ramos a otro, alguno naranja que hab?a salido y que podr?a ser tambi?n buen cantor como Caruso al que hab?a cruzado con una bella canaria que compr? pensando s?lo en ?l. Pero ?ramos as?: nos gustaban aquellos que parec?an m?s desprotegidos. Quiz?s porque eso nos lo hab?as inculcado t?, junto a mam?.

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"Una furtiva l?grima" Enrico Caruso
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Hace ya trece a?os en una noche semejante, aunque no mir? al cielo, en la madrugada del d?a ocho al nueve de agosto a estas horas los t?os sentados a cada lado me apoyan en silencio mientras esper?bamos al forense que ten?a que firmar tu defunci?n. En la gran sala de espera del Tanatorio de la M-30 hab?amos llegado dos horas antes y otras tantas pasaron antes de que avisaran al forense de guardia. Bajamos a la cafeter?a momento en el que recuper? mi ?juicio com?n? y seg?n tom?bamos un caf?, dije como para mi: ??no es raro?, llevamos cinco horas esperando. ?No habr? habido alguna confusi?n??. Tu hermano y tu cu?ado se miraron, ellos tampoco hab?an ca?do en la cuenta del tiempo que llev?bamos en espera. Al subir de nuevo, nos dirigimos a informaci?n. Efectivamente, se les hab?a olvidado avisar al forense. A?n no siendo com?n en m?, no protest?, estaba como ?inerme?, absorta por lo acontecido; no era yo, era una sombra que ten?a que hacer unos tr?mites obligados. Creo que el t?o Vicente s? protest? y le secund? el t?o Sebas, tu hermano. Pero es algo que tengo confuso.

Nos volvimos a sentar en los mismos asientos. A la media hora lleg? el forense, entramos a su despacho; llevaba todo tu historial m?dico. S?lo mir? el ?ltimo informe y fij? la vista en m?, comentando que no hac?a falta nada m?s. Apenas cinco minutos para entrar, mostrar tu informe, esa mirada piadosa y un formulario que rellen? y firm?, con el que pudimos regresar a la sala de espera. All? quedaba lo ?ltimo por hacer: dirigirnos a la mesa de la empresa funeraria y elegir tu funeral. De nuevo en el medio, sentada, empez? a preguntarme un joven con voz dulce c?mo quer?amos el duelo. Le inform? que deseabas un duelo laico, asent?, y que ser?as incinerado. Abri? un cat?logo con ata?des y me indic? que eligiera, cualquiera de los que se?alaba entraban en la p?liza. Dije que daba lo mismo. Entonces el t?o Vicente se acerc? y me susurr?: ?no, Marisa, no, elige el que creas conveniente. Piensa que es el duelo de pap?. Volv? a la realidad, ?l me mostraba: ?mira este, el color, la forma; y este otro, ?cu?l crees que ser?a el m?s apropiado??. Entonces como soy as?, empec? a mirar esos y los otros y hablando con el t?o al final decidimos cu?l ser?a el que usar?as. Despu?s el joven me pregunt? -?Entonces, ?sin cruz??, -?S?, sin cruz?. El t?o Sebas salt? del asiento y rompi? su silencio con un tono entre ofuscado e incr?dulo: ??no sab?a que tu padre era as?!?. Aquello me lleg? al alma; lo sab?a, es tu hermano. Pero nunca quisiste entrar en sus discusiones, pues en pol?tica es intransigente y comentabas que no val?a la pena enfrentarse por ello con tu hermano. Tragu? saliva, pens? que era el ?ltimo de los varones que quedaba y como una aut?mata dije: ?con cruz?, mientras pensaba que qu? m?s daba, ya que nos hab?as indicado a mam? y a m? c?mo quer?as que fuera pero que una vez muerto te era indiferente. Pas? el joven a preguntarme algo, pero le cort?: ??no, no, sin cruz, como a ?l le gustar?a!, es su funeral?. Pens? que me hab?a ganado un enemigo y d?as despu?s en la misa cat?lica que se celebr? (porque mam? s? cree y porque a ella le dijiste que no te importar?a -todo saliendo de ti mismo, sin que nadie te preguntara en aquellos ?ltimos d?as c?mo deseabas fuera tu funeral, lo comentabas cuando l?cido hablabas de cualquier cuesti?n, aunque mam? y yo hac?amos c?mo que no le d?bamos importancia-) el t?o a la finalizaci?n del acto, en los jardines, seg?n intentaba llevar a mam? de vuelta a casa, me dijo en un tono sarc?stico que casi esperaba podr?a darse: ?entonces, ?ya no voy a tener sobrinos, ni nada??. Call?, la t?a se encarg? de darle un peque?o codazo e increparle con la dulzura que la caracteriza: ?Sebas, ?por Dios!, no digas eso a la ni?a. Hija, ya sabes c?mo es el t?o?. Asent? con la cabeza y segu? tirando del brazo de mam? para que no la demoraran m?s, pues se encontraba muy mareada. En aquella misa no quise que se leyera ninguna parte de un texto que hubiera elegido el cura. La noche previa, el d?a 12 de agosto, estuve escribiendo unos p?rrafos que el cura ley?. Debo de tener guardado aquel papel, pero no s? d?nde. Recuerdo tambi?n que la t?a Mar?a Jes?s llorando dijo: ??lo has escrito, t?, verdad, Marisa??. ?S?, t?a?. Laura y Mary se encargaban de repartir los recordatorios. Y ella se ech? a llorar: ?me ha gustado cuando has dicho que est? donde est? seguro que est? junto a sus padres y hermanos, a los que tanto quer?a y a?oraba?. Ella hacia a?os que hab?a enviudado, sab?a de lo que se hablaba.

El joven mir? a ambos y yo insist?: ?sin cruz?. Entonces continu? con el protocolo interrumpido: ??qu? recordatorio y texto desea, se?orita??. Al abrir el cat?logo de recordatorios me balance?, casi caigo si no hubiera sido por la ayuda de ambos t?os. Los recordatorios, el papel, la textura, el olor, el texto, los tipos,? tu oficio, ?tu amado oficio!. Ech? a llorar, durante la larga espera en el tanatorio del forense no hab?a llorado ni una sola vez, los t?os apenas hablaban quiz?s porque no les pod?a ni escuchar, llevaba la carpeta de la documentaci?n entre ambos brazos recogida, como si fuera la de la colegiala que va a asistir a sus clases.

S?lo hab?a llorado al interrumpir, a las once y veinte de la noche del d?a ocho de agosto de mil novecientos noventa y seis, el pasar de forma entendible y ordenada el borrador de las instrucciones que para esa noche me hab?a dejado el m?dico del voluntariado de la Asociaci?n Contra el C?ncer. Nos visitaba regularmente, fue idea de Piedad; el simplemente tener que ir a por medicaci?n o cualquier tipo de recado o receta especial, me llevaba horas en el centro de salud, horas en las que mam? se quedaba a solas contigo para levantarte -hasta cuando ya no pudiste hacerlo-, para asearte, para alimentarte... aunque ya no tomaras apenas nada en los ?ltimos d?as. El m?dico te visitaba en casa cada dos d?as, algo que no hac?a (a?n siendo su obligaci?n) el m?dico de familia; tampoco te dieron atenci?n de cuidados paliativos, algo que s? hac?a el m?dico voluntario, que hablaba contigo, que te ayudaba en tus dudas, que nos ayudaba en las nuestras a mam? y a m?. Aquella ma?ana del d?a ocho, abri? junto a tu ombligo una v?a y me dijo llevara un bloc, bol?grafo y me sentara a su lado en el sal?n. Ten?a en su botiqu?n varios medicamentos, me los fue entregando indicando c?mo y cada cu?nto tiempo deber?a de ir introduciendo por la v?a aquella serie de f?rmacos. Todos los d?as se nos comentaba: ?puede ser hoy?, mam? y yo te mir?bamos y dec?amos: ?no, hoy no ser?. Pero aquella noche s? se cumpli? lo que neg?bamos iba a ocurrir. Estaba en el cuarto de estar. El t?o Vicente no se quer?a marchar, no quer?a dejarnos solas. Mam? y la t?a le convencieron, yo estaba empezando a poner orden porque la noche -hab?a dicho el m?dico- ?podr?a ser muy larga?, Piedad decidi? tambi?n bajar a su casa y as? dejar al ni?o con su marido. Jandro hab?a sido la alegr?a de aquellos d?as. Preguntabas por Jorge: ??d?nde est? Jorge, d?nde est???. Mam? te dec?a que en Castell?n, pero al final ya ten?amos que decirte que hab?a bajado un momento a la calle, pues en los ?ltimos d?as te pon?as alterado: ??no, en Castell?n, no!, ellos en Valencia y nosotros en Granada!?, lo repet?as una y otra vez, mirando a mam? y dici?ndome que nunca la llevara all?. Y nunca supimos porqu? hablabas de Granada, nunca. Te lo promet?, sin embargo, volvimos all?... aunque de nuevo por poco tiempo. Eso es lo que nunca puedo perdonar. Todos est?n perdonados, pero yo no me puedo perdonar el no haber cumplido lo que te promet?, ni el haber sido part?cipe al no poner freno a aquella locura en los momentos en los que s?lo t? importabas -el resto ten?amos toda la vida por delante para hablar y aclarar las cosas- y sin embargo yo me qued? como una estatua contemplando aquel espect?culo goyesco y negro. Mientras -al no hacer nada- todo era caos y t? el padre al que le quedaba tan poco tiempo para vivir ?e irse con tama?o disgusto!. No, no me lo puedo perdonar, esa es mi culpa, contra la que lucha la psic?loga, Porque no puedo olvidar tu dolor, tu dolor ya no s?lo f?sico por la maldita enfermedad, tu dolor ante tal duda que te hac?a repetir aquella frase una y otra vez: ??no, en Castell?n, no!, ellos en Valencia y nosotros en Granada!?.

Mam? lleg? sigilosa, estaba escribiendo y ya casi ten?a acabado todo lo transcrito pues tanto Piedad como yo hab?amos decido hacer guardias rotativas para aquella noche, era la primera vez que Piedad se ofrec?a a ayudarnos. Me dijo: ?Sina, hija?. Sent? su voz temblorosa. ??Mam?!, ?qu?eeee??. Nos unimos en una d?cima de segundo, apenas ella llegaba a la puerta y yo la alcanc? all? mismo, me agarr? de la mano fuertemente: ?Sina, hija, tienes que ser fuerte, no ha sufrido, hija, no ha sufrido?. No puede controlarme, la abrac?, nos apretamos en un llanto sordo, pero despu?s explot? y llor? tan fuerte, con tanta rabia, que enseguida estaban los queridos vecinos tocando en la puerta. Mam? se dej? sujetar por ellos mientras yo me fund?a en otro abrazo? a Mari Carmen, llorando ambas, ?mi ni?a!, ?mi magn?fica pupila a la que conozco desde beb?!.

Nos intentaban tranquilizar, callamos en un llanto m?s sordo, m?s hondo; hac?an tila, mientras mam? y yo fuimos a tu habitaci?n: ?mira, hija, parece que durmiera, ?no ha sufrido, no!?. ?Mam?, dime??, apenas ten?a un hilo de voz. Y ella me respondi?: ?estaba quit?ndole la s?bana, ten?a calor, entonces me ha llamado y le he contestado acerc?ndome a ?l. Me ha dicho "Anita, te quiero" y yo le he agarrado las manos, conteniendo el llanto y antes de decir nada, pap? me ha dicho: "dime que me quieres". Y le he dicho que s?, que le quiero mucho. Entonces, con las manos sujetas ha sonre?do, un suspiro profundo y me he dado cuenta que todo hab?a acabado?. Mam? lloraba y segu?a de nuevo agarrada a tus manos, de rodillas junto a la cama. Yo, quieta, mir?ndote, mirando a los dos call?; no quise decir el porqu? no me hab?a avisado. Era mejor as?. Los dos solos, los dos solos y juntos en el ?ltimo momento.

Despu?s las llamadas. La primera a Pepa. No pude decirle otra cosa que ?Ya, Pepa, ya?. Echamos a llorar, colgu?. Sab?a que con eso era suficiente y segu? llamando por orden alfab?tico a tus hermanos y cu?ados, a los primos, diciendo que fueran dando la noticia. Lleg? Piedad, yo le abr? la puerta, los ojos me delataron, se fue derecha a la habitaci?n, mam? ya estaba siendo acompa?ada en el sal?n por los vecinos que a la llegada de los familiares, prudentes, se retiraron de nuevo a su casa para despu?s regresar al velatorio. Detr?s de Piedad, sin que las dos nos hubi?ramos dicho nada, no s? c?mo pod?a ir tan ligera aquella noche, el d?a despu?s, y el otro, el del funeral. Pero lo hac?a, ten?a que hacerlo. Entr? r?pida Piedad y yo detr?s. Estabas tal y como mam? y yo te hab?amos dejado, se ech? al suelo, te abraz? y dijo llorando: ?perdona pap?, perdona pap?. Sent? dolor por ella, por primera vez te dec?a lo que nunca te hab?a dicho. Siempre d?scola, tantas discutas por temas varios y en ese momento se derrumb?. Sali? y yo segu?a de pie al lado de tu cama. Me acerqu?, te toqu?, no te hab?a tocado antes; segu?as a?n caliente. Mis miedos se fueron; tanto miedo a la muerte, a los muertos; te palp? el brazo, hasta llegar al hombro, acariciaba tu piel intentando memorizarla; llegu? a tu cara, acarici? tu mejilla y mam? entr?: ?hija, est?n llamando los t?os, vienen ya, ?vas con ellos a hacer los tr?mites??, me mir? y me acarici? la espalda, sab?a de mis miedos. ?S?, me voy preparando ya?, segu?a acariciando tu mejilla y ella dijo: ?voy a preparar el traje ?ltimo, ?te parece?, se ha quedado tan delgado, no se si..?. ?S?, mam?, ese?. Me di la vuelta, estaba llorando y nos abrazamos de nuevo, llorando las dos, casi se me desplom?, llam? y alguien vino a ayudarme a llevarla de nuevo al sal?n. No quer?a tomar nada, s?lo lloraba y segu?a comentando que hab?a que ponerle la ropa.

Estaba preparada y llegaron los t?os. El viaje hacia el tanatorio fue r?pido, hab?an pedido un taxi, el t?o Sebas no se atrev?a a coger el coche.

El joven me dio unos clinex, el llanto era incontenible, casi me asfixiaba. Esper? un tiempo, el t?o Vicente me daba ?nimos pasando su brazo entre mi nuca y mi cabeza, como a una ni?a peque?a. El t?o Sebas parec?a que lloraba en silencio, con la cabeza baja. Mir? los recordatorios: ?este?. Era el que menos simbolog?a de tipo religioso representaba: una barca en un r?o, rodeado de arboleda y una luz que iluminaba esa barca. El texto no pod?a leerlo, le solicit? al joven que los leyera. Tambi?n opt? por el que menos referencia hacia a los pasajes religiosos. Dije el tipo de letra que te gustaba, el joven asinti?, no me lo hab?a preguntado, pero yo sab?a cual era la que te gustaba usar. Tus datos no eran necesarios, simplemente confirmar el n?mero de tel?fono para estar en contacto y ya nos pudimos marchar.

Para cuando regresamos a casa casi toda la familia pr?xima estaba. Pero a ti ya te hab?an llevado. Hab?an sido m?s r?pidos los de la funeraria que nosotros en volver. Alguien me besaba, alguien me dec?a, alguien me insist?a que tomara algo. No s? muy bien quienes eran los que se acercaban, en seguida estaba de nuevo con el tel?fono llamando al resto de mis amigos y los tuyos y de mam?. Despu?s la llamada de la funeraria confirmando: ya pod?amos ir a la salita correspondiente para el velatorio. Aunque tardar?an un tiempo en dejarte all? con nosotros porque ten?an que hacer los preparativos correspondientes. Cog? la agenda, cog? el bolso, la familia ya estaba decidiendo, hab?a quien nos aconsejaba que no nos precipit?ramos que hab?a tiempo para llegar. Entonces alguien abri? la puerta al sonar del timbre, Ana y David volv?an de Castell?n con los peque?os, nos abrazamos y lloramos. Jorge no sab?a qu? hacer, ten?a la cabeza cabizbaja, demasiado joven para asimilar aquello, le abrac? y respondi? como siempre lo hac?a: ??tataaaaaa!?. Le susurr?: ?tranquilo, Jorge, tranquilo, no sufri?, estaba con mam?. Escucha, no tienes porqu? ir al velatorio, qu?date con los ni?os, con los sobrinos que van a estar con V?ctor. Ya ir?s despu?s al funeral o cuando llevemos las cenizas, ya veremos, ?te parece??. ?s?, tata, s?. Mi madre pregunt? por ?l, no le ve?a, se hab?a quedado conmigo en el cuarto de estar. ?l fue con ella y yo segu? recogiendo cosas.

La madrugada dio paso al amanecer, para esa hora est?bamos esperando que te situaran detr?s del cristal. As? lo hicieron. Yo segu?a usando el tel?fono que hab?a en la salita. La primera en llegar fue Pepa. A mam? no le dej?, apoyada y aconsejada por los t?os, que fuera en esas primeras horas. Horas en las que ni tan siquiera t? ibas a estar.

Todo estaba dispuesto, con grandes cirios y hermosas flores blancas, como se hab?a indicado, ?blancas, que sean blancas?, como tu alma, pap?. Despu?s fueron llegando unos y otros. A mam? ya la hab?an acercado. La rutina repetida de recibir los p?sames, Pepa estaba siempre cerca pregunt?ndome si necesitaba algo, agua, lo que fuera. Lleg? Raquel y tambi?n los hasta entonces compa?eros de empresa y el jefe. Hab?a pedido me finalizaran el contrato quince d?as antes, mam? no pod?a llevar todo el peso de atenderte dada la situaci?n en la que cada d?a ibas encontr?ndote pues todo se diagnostic? y complet? en tan s?lo tres meses, en tres meses.

Preguntaban una y otra vez los detalles y yo respond?a como si eso hubiera sido algo ya realizado con anterioridad. Recordaba lo que dec?as y las palabras del t?o: era tu funeral, nada deb?a de ser tomado en vano. Ninguno de mis hermanos hizo ning?n tr?mite. Quiz?s al dirigirse a m? los del Tanatorio Sur, entendieron que me correspond?a ese papel y yo simplemente lo desempe?aba. Lo ?ltimo fue el elegir qu? pondr?amos en el columbario. Constantemente iba hacia donde mam? estaba sentada y la comentaba, pero ella dec?a siempre lo mismo: ?como t? digas, hija, como t? digas?. Ten?a un doble dolor: tu muerte y el que no le hubiera besado ni dirigido la palabra vuestra hija mayor. Su hija mayor, su Ana, ?su ojito derecho?. Estaba desolada y estar?a recordando como hab?an transcurrido aquellos ?ltimos d?as en Castell?n, como marchasteis los dos con el coraz?n partido en trocitos? ??no, en Castell?n, no!, ellos en Valencia y nosotros en Granada!?. Una frase que sigue retumbando en mis o?dos.

Decid? mirar los modelos, el m?s conveniente unas palomas, dos, dos palomas, una paloma por ti y otra por mam? para que te siguiera acompa?ando. Luego la frase, pregunt? a Ana, a Piedad y a David (Jorge sigui? mis instrucciones, pensamos que no ten?a edad suficiente para pasar por ese trance, y as? estuvo junto a V?ctor y sus sobrinos hasta finalizado el funeral, alejado de aquellos instantes, s?lo nos acompa?? con los ni?os cuando fuimos a depositar tus cenizas). No hab?a demasiadas ideas, al final decid? lo primero que hab?a considerado y as? figura en tu columbario: ?Siempre est?s con nosotros?.

Lleg? el momento del traslado de tu cuerpo para su incineraci?n. ?bamos en los coches de la empresa funeraria, detr?s de tu coche.

El Crematorio del Cementerio La Almudena ya estaba ocupado por los que asistieron a tu funeral. Al bajar de los coches una se?orita uniformada pregunt? por m?, me acerqu?, me indic? los tipos de funeral, la cort?: ?no, religioso, no, un funeral laico?. ?S?, bien, ya me hab?an avisado; le explico, si desean pueden poner encima del ata?d alguna clase de flores o de ornamenta floral, pero no ha de llevar soporte, por cuestiones obvias, solos flores, ?me entiende??, -?S?, dije mientras entraban a mam? agarrada y mis hermanas y David esperaban que yo entrara, detr?s Pepa y Raquel, muy pegadas me miraban, las medio sonre?. En un momento del velatorio tuvimos que abandonarlo para cambiarme y hablar con el cura para la posterior misa en la iglesia del barrio. El que insistiera el cura tanto en que fu?ramos se entendi? en seguida: hab?a que entregar en concepto de ?ayuda? una cantidad simb?lica, creo que David le entreg? 5.000 ptas., salimos un tanto indignados, la misa se iba a realizar por deseo de mam? tal y como pap? ya sab?a que iba a ocurrir y le hab?a indicado, en tono de broma: ??ya muerto, si quieres, que me recen!?. Pero el tener que haber salido a una hora determinada para ?hablar? con el dichoso cura, hab?a coincidido con la llegada al velatorio de Maite, su marido y el peque?o Gonzalo que apenas ten?a unos meses. La pude besar entre llantos y besar a su beb? a trav?s de la ventanilla del coche de David. Tiempo despu?s mam? me dijo que estuvo largo tiempo acompa??ndola y que se hab?a llevado todo lo que el ni?o necesitaba para poderme esperar, pero el cura no fue puntual y para cuando quise llegar a casa, ducharme y ponerme ropa limpia y regresar de nuevo al velatorio Maite ya no estaba, y tampoco recuerdo si estuvo en el funeral. Ella, siempre tan discreta, quiz?s se qued? rezagada con respecto a la familia.

Nos pusimos en los bancos de la primera fila, yo al lado del pasillo, a mi izquierda mis hermanas y David. Al otro lado, mam?, completamente deca?da, sujeta por sus hermanos y detr?s de ambos grupos los t?os y primos, seg?n su lazo de afectividad y familiar. Se acerc? de nuevo la se?orita uniformada y de nuevo pregunt? como si hubiera olvidado lo ya dicho: ??quieren unas palabras de un sacerdote? o, de no ser as?, lo com?n es una pieza musical?. ?M?sica, s?, como ya le dije, laico?, la respond?. ??Han tra?do alg?n tema en especial que deseen se ponga??. Me qued? completamente perdida, ?c?mo no hab?a pensado en eso!. ?No?. ?No se preocupe, se?orita, tenemos piezas cl?sicas, ?le parece??. ?S?, un tema cl?sico, por favor?. Empez? a indicarme temas y escuch?: ?...Air from Suite no. 3, Bach,??, ?s?, s? la suite de Bach, por favor?.

Estaba todo en silencio cuando empezaron a escucharse los violes, el ata?d, soportado sobre un mecanismo, se deslizaba muy lentamente hacia un espacio posterior, una especie de cortinas terminaron por engullirlo. El sonido de Bach parec?a ser lo ?nico que se escuchaba, pero a mi derecha mam? lloraba amargamente y tambi?n los sollozos de otros muchos eran el coro que se un?a a esa suite que tantas veces, pap?, escuchaste. Y, sin tiempo para reaccionar, vi como en la incertidumbre de no hacer menos a nadie, eleg? como adorno floral, agach?ndome en la zona lateral de la puerta de acceso -lugar en el que se encontraban ramos, centros y coronas- un centro con soporte: el de la funeraria. Y era la ?nica norma que me hab?a establecido la se?orita uniformada. Estuve a punto de dirigirme hacia el ata?d y retirar el centro floral, pero ya era demasiado tarde. En mi cabeza, aparentemente equilibrada y fr?a, se sopesaba todo ?no ir? directamente al crematorio, pap?, primero quitar?n todo, no s?lo el floripondio que te he colocado, sino la ropa, los zapatos,? hasta el ata?d no ser? quemado y reutilizado, creo que he visto clavos como si fuera de segunda mano, cuando examin?, al correr las cortinas, a trav?s del cristal, como te hab?an dejado, s?, estoy segura, hab?a detalles que me hicieron pensar que no era un ata?d nuevo, ?por qu? no lo reclam???? y as? desapareci? tu cuerpo dentro de ese ata?d y de un centro floral con soporte. Eso s?, con preciosas flores blancas, todas blancas, como tu alma, pap?, como tu alma.

Finalizado el acto, regresamos a los coches; tu hermana, la t?a Mar?a Luisa se me acerc? al? salir del Crematorio: "Marisa, ahora tienes que ser fuerte". No s? que me pas?, de repente, en medio de la multitud, ech? a llorar como una ni?a: "?t?a, t?aaaa!". Creo que me sujetaron Ana y Piedad y que David me fue llevando hasta el coche, no lo tengo muy claro; el caso es que antes de subir al coche, Pepa y Raquel me abrazaron, yo segu?a llorando, era como si de repente todo el formalismo, todo el papeleo hubiera acabado... ahora, ya no ten?a nada m?s que hacer por ti. Ellas me entregaron un ramillete de violetas, saben lo que me gustan. Mir? la cintita que tan sut?lmente ten?a ese manojo recogido, pon?a algo, pero no era de tu duelo. Las mir? y medio me ech? a re?r: "?de d?nde hab?is cogido esto?", me se?alaron, hab?an ido al lado correspondiente al difunto del velatorio anterior, les dije: "?bueno, no creo que le importe!", se miraron extra?adas, mientras me introduc?an en el coche entre llantos las sonre?a, ?ah, Pepa, seguro que fuiste t?, siempre tan despista como yo!.

Al mediod?a hab?a que recoger las cenizas. Para ese acto los familiares se hab?an decantado por no asistir. S?lo la t?a Mar?a Jes?s y los primos fueron, adem?s de Pepa y Raquel.

Llegamos con Jorge y los ni?os demasiado pronto. Nos dijeron que esper?ramos unos minutos. Pusimos a los ni?os en la sombra, se sentaron Nita e Iris, Alejandro era demasiado peque?o y de nuevo V?ctor se qued? actuando de canguro. Jorge no se sentaba, estaba inquieto. Me acerqu? a la gran corona que se hab?a preparado en representaci?n de nosotros, tu familia. Adem?s llev?bamos una peque?a corona para que quedara puesta en el columbario. Blanca, con margaritas y claves, todos blancos. Tom? de esa corona cinco preciosos gladiolos; una de las vendedoras fue a avisar a alguien del Crematorio, me increp?, no deb?a robar flores, le respond?: "son de mi padre". Se call?. Al regresar con mis hermanos y cu?ado lo comentamos. Seguramente eran tambi?n reutilizas las coronas y todo lo que los familiares y amigos hab?an ido dejando para ti.

Por fin nos entregaron tus cenizas. Hubo que elegir el recipiente. Dej? a Piedad que lo eligiera, yo ya hab?a terminado mi cometido, acababa de firmar la recogida de tus cenizas. Recordaba lo que dec?a mam?: "de oro, ?de oro!, de oro ten?a que ser el ata?d que usemos o el jarr?n que nos den, ?con la de tiempo que llevamos dados de alta!". T? la mirabas, nadie le hac?a caso cuando comentaba algo as?. Como buena descendiente de manchegos, la primera p?liza que firmast?is despu?s de casados fue la de los servicios funerarios, toda la vida pagando la muerte, como en una pel?cula de Almod?var.

Fuimos detr?s del coche que nos conduc?a a tu columbario, en el coche de David. Piedad llevaba tus cenizas; las ni?as, curiosas, preguntaban, Jorge no dec?a nada. Entonces me atrev? de nuevo y acarici? la caja de cart?n que envolv?a el recipiente. No la hab?a querido recoger cuando lo depositaron sobre el mostrador, fue Piedad la que ante mi impasibilidad las tom?.? Una vez enfrente del columbario Piedad fue sacando la urna de la caja. Los operadores ten?an prisa. La t?a y los primos estaban all?, pero Pepa y Raquel llegaban atravesando el c?sped, casi corriendo, las hab?amos visto desde el coche. Les dije que esperaran, que faltaban dos amigas por llegar. Era agosto, muchos de tus amigos, muchos vecinos, muchos de mis amigos estaban de vacaciones. Incluso falt? la prima Victoria, a la que no se pudo localizar hasta el d?a de la misa.

Por fin llegaron Pepa y Raquel. Piedad entreg? la urna. El operario que se hab?a quedado la dej? dentro del hueco del columbario. Le dije que un momento, que esperara. Entregu? a Nita un gladiolo, otro a la peque?a Iris, el siguiente a Jorge; les dije que lo depositaran dentro de tu columbario, uno a uno los fueron dejando, a Jorge le d? un peque?o empujoncito en el culete, como suelo hacer como gesto de cari?o; despu?s bes? los dos que ten?a en la mano: uno era de mam?, el otro m?o y tambi?n los deposit? al lado de los previos. Nita e Iris estaban arropadas por sus madres, me qued? al lado de Jorge y le quise abrazar hasta llegar a la altura de sus hombros, me d? cuenta que para su edad ya era m?s alto que yo, y le agarr? por la cintura. Entonces el operario empez? a sellar el columbario. De nuevo hubo l?grimas. Jorge lloraba junto a m?, ?tantas veces hab?as preguntado d?nde estaba!. Al final dejamos la corona circular que hab?amos encargado en el barrio, con las margaritas y los claveles, en la que figuraba lo mismo que despu?s pusieron en el m?rmol del columbario: "Siempre est?s con nosotros".

... Ya amanece, pap?. Igual que aquella ma?ana del ocho de agosto. Perd?name, pap?, por no haberte hecho caso. Aunque s? que me entiendes y no est?s enfadado, porque para eso dice -y t? lo cantabas- Juan (el Joan, no te entraba) Manuel Serrat: "La lluvia s?lo es lluvia si te moja al caer..."

Ahora, tengo que cuidarla. He de descansar un rato. Necesita lo que dabas, lo que le d?bamos todos porque ella lo daba, lo da tambi?n: cari?o, amor. Est? triste, pap?, est? triste. Y yo no puedo darle el cari?o y el amor de los cuatro, lo dem?s s?, pero eso no. Le hace falta s?lo eso. ?Me ayudas, pap??. S?, yo s? que me ayudas y que ver?n que no hay temor. S?lo necesita cari?o y despu?s, cuando tenga que ser -pero no de tristeza-, se reunir? contigo. Pero s? que no deseas que sea as?, ahora, no de esta forma.

Siempre est?s con nosotros, pap?.



Publicado por Sina_Garcia @ 7:09  | Sina y sus Vivencias
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Publicado por peixes
Lunes, 10 de agosto de 2009 | 15:35
Tambi?n mi padre escuchaba a Caruso. Siempre me gust? esa bella voz y hoy despu?s de muchos a?os la vuelvo a escuchar ac?. Una furtiva l?grima era de mis preferidas y sonaba igual que la versi?n que elegiste, con el ruido de fondo de los discos de pasta.
Muchas de estas cosas tambi?n las viv? con mi padre, un a?o y tres meses despu?s que vos, la ?nica diferencia significativa es que ?l s? cre?a en Dios y yo y toda su familia tambi?n, el cura dijo las palabras m?s hermosas sobre la vida eterna y sus flores eran de muchos colores, como la alegr?a que ?l siempre tuvo y nos supo contagiar.
Tard? en llorar tambi?n, quiz?s porque me costaba aceptar que ya no lo tendr?a conmigo, pude hacerlo una semana despu?s, durante una misa que se celebr? en la capilla de mi antiguo colegio.
Su ataud si llevaba una cruz.
Pero lo importante es que m?s all? de los s?mbolos o las creencias Dios guarda a todos sus hijos con El y eso me lleva a pensar que estar?n juntos cuid?ndonos.
Publicado por Sina_Garcia
Lunes, 10 de agosto de 2009 | 23:53
Gui?o Lo importante son los sentimientos de amor hacia los dem?s y eso nos lo transmitieron los dos. Mi padre si cre?a en un Ser Superior (algo que tambi?n a mi me sucede, a veces).
El blanco era el color que elgimos. Otros usaron el rojo, como el color de la sangre, y tambi?n el resto de los colores de la vida; porque todos los hermanos, familiares y amigos tienen sus propias creencias y ?l las respeta a todas.
Y sigue estando entre nosotros y entre todos ellos, Peixes, ?l y su recuerdo.
Un beso grande como el del amor por encima de todo s?mbolo o idea, amiga-hermana.
Publicado por rosa pozo
Jueves, 18 de octubre de 2012 | 10:05

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