Sina escucha una y otra vez "Sólo pienso en ti"...
es curioso, una canción de un amor tan puro y bello y prohibida hasta
hace pocos días por la censura gubernamental de Argentina. Absurdo,
prohibir el amor porque fluya de quienes "no tienen porqué tener
capacidad para sentir el amor en su amplia extensión". Absurdo, absurdo
el amar y no querer aceptarlo. Imposible -y de manera irrevocable,
tarde o temprano, tendrá que asumirse como la única realidad que una
mala jugada del destino ha cambiado tu vida- el ser distinta a como
eras y tener que aceptarlo.
Después de una jornada de una nueva visita, una visita desde
precisamente la bella Argentina: la visita de un muy buen amigo más
allá de lo "virtual"; de una jornada de "una aparenteSina normal",
llega el precio que paga ese esfuerzo. Hace días que las fuerzas
empiezan a fallar, que los dolores ya no son tan soportables, que la
pena y la tristeza causan pálpitos y llantos al sentirse vacía, tan
vacía y sola. Ya hace tiempo que por la noche empezaron las pesadillas
a causa de ese dolor agudizado que ni los calmantes pueden suavizar.
Este sábado, transcurrida la tarde, ocurría lo mismo; dolor y pesadillas, pesadillas y dolor. Y
el domingo apenas el poder preparar el desayuno para las dos, volver a
descansar, preparar una cómida rápida, de nuevo descanso, una merienda
y una cena a las horas convenientes, porque hay que seguir las pautas
de comidas y de medicación ya que empieza a mejorar y no se ha de
perder esa rutina del progreso, lento, pero progreso al fin y al cabo.
Y esa mejoría debería ser suficiente, pero causa cierto temor pues el
sábado a las cinco y media de la madrugada volvió a caerse. El corazón
deSina , al oír su voy, levantarse y verla tirada en el suelo, se
aceleró con tanta fuerza que ante un posible arranque de miedo y de
pánico que pudiera hacer el regañarla, totalmente fuera de control, por
hacerse la valiente y no despertarla, prefirió dejar de latir durante
un pequeño lapsus, por lo que una vez llamado al servicio de urgencias
y acomodada en el suelo con una cojín bajo su cabeza, a duras penas
llegó hasta tirarse literalmente en la cama, completamente abatida y
sin sentir ni los latidos ni la voz que seguía insistiendo: "no, no te
asustes, si no me he hecho nada, no, es sólo que me he caído
tontamente...". Apenas un minuto y ya parecía que la sangre volvía a
fluir por su cuerpo, pero su espíritu estaba entre hundido por lo que
aún queda para poder conciliar el sueño sin vigilarla y su sentimiento
de culpa al tener dividida su mente entre pensamientos de lo que podría
haber deparado la caída y el no dejar de pensar en "ti".
Después
del susto, el sábado fue un estupendo día. El recibir al amigo, el
charlar y compartir una comida... un hábito tan hermoso, tan cotidiano
tiempo atrás, tan agradable cuando el visitante es una estupenda
persona. Se pasó rápidamente la mañana
entre tanto que comentar, llegó el mediodía y el momento de la
despedida. Las lágrimas querían no brotar, pero era imposible. ¡Es tan
difícil el ocultar los sentimientos a quienes te entienden y por
quienes sientes tanto cariño!.
No,
no es posible. Tanto, tanto tiempo tiempo sintiendo odio y amor,
intentando razonar cuando el amor no tiene razonamiento alguno.
¿Cuánto más queda para este penar?, ¿por qué quiere decirlo y calla?,
sólo el silencio, el sollozo o el incontrolable llanto dice que ¡su
alma ya no puede más!.
Creo tener tu teléfono. Fue por pura casualidad, aunque dudo que
jamás lo use. Me asusta lo que pueda suceder... violar tu intimidad.
Encontré una bitácora, una bitácora en la que cada frase creí entrever que sin duda era una frase
tuya... y me dolió el dolor que pudiste sentir y que yo no había
considerado antes. Porque como dijiste en varias ocasiones la vida te
había demostrado que no había que entregarse demasiado en este mundo
"tan sólo virtual". Que hay muchas decepciones y muchas mentiras.
Fueron tantos meses, ya años desde aquella pregunta que, porqué
negarlo, algo celosa te hacía al ver cómo te "bombardeaba" el resto de
las chicas de aquel primer foro en el que te presentabas, una vez
habíamos coincidido en el del Antena 3 para el primer
programa a nivel nacional de Buenafuente , en el mensaje que puse en tu
presentación: "y... ¿tus cuentas bancarias cómo andan?..." y tú
respondiste con una especial atención a mi pregunta, jovial e inteligentemente, como era de esperar. Y después pasaron
muchas cosas hasta llegar a preguntarme tú a su vez, en un punto y
seguido, por un: "¿te apetece jugar?". Y sí, quería jugar. Jugar con el
grupo que se había formado, jugar para evadirme de lo que entonces
pensaba era "algo temporal" en mi vida laboral y cotidiana,... pero
sobre todo, me apetecía mucho jugar contigo.
"Acordes y desacuerdos", una película que en uno de los juegos
apareció. Esa es la historia de este post cuyos protagonistas son tú y Sina: años de encuentros y desencuentros.
Lloré, lloré muchas veces sin reconocerlo; soñé, sueño y lloro
muchas veces contigo. Y sigo buscándote. Me engaño, engaño a quienes se
lo digo, engaño a quien me lo pregunta... porque sigo buscándote. Y ya
los juegos a hacerse quien nadie sabe quien es, me dolían tanto, tanto,
que estallé. Y ante la rabia de no recibir la respuesta a mis anhelos,
de, quizás, sí, mi vanidad, o también el miedo a tu respuesta o, aún
peor, tu no respuesta o tu indiferencia, me hizo reconsiderar mis
sentimientos. Quizás el cariño, el gran cariño y profundo amor hacia el
amigo que se te aproxima, que te habla y te hace ver la realidad de la
soledad,... del necesitarse y comprenderse mutuamente, de poder recibir
las caricias, los abrazos, los besos que tú no podrás darme, me
decía... hizo
que me embarcara en cuerpo y alma en una barca hacia ningún destino.
Porque llegué a creer que esa nave podría llevarme rumbo a una relación
de piel sobre piel, de
palabras hermosas dichas al oído, de posibles encuentros y de, porque
no considerarlo, un amor que me abría un futuro sin soledad, sin
búsqueda hacia la nada, aún sin compromiso, pero con encuentros del
amor compartido por quienes se necesitan y se quieren, se pueden querer
porque se entienden en su soledad, en su agonía de un día seguido de
otro igual.
La realidad golpea una, dos, tres, ¿cuántas veces más?. No es fácil
esperar, aunque la espera sea factible. No, mientras la intuición, la
lectura del blog amigo DELETRAS,
de cualquier texto o imagen parezcan un nuevo comienzo de esa búsqueda
que no cesa, de ese dolor que golpea una y otra vez en el único lugar
al que los calmantes no llegan: el alma.
Sina quiere sonreír, le piden que sonría. Dicen de ella que es fuerte. Sina sonríe en ocasiones, en algunas ocasiones. Pero Sina
no es fuerte. Se acuesta y en posición fetal llora, llora, apenas sueña
sueños hermosos, apenas sueña contigo, apenas ya sueña haciendo el amor
contigo, no, apenas. Se siente vacía, hueca, como si sus entrañas hayan
sido arrancadas. Como si no tuviera entrañas. Porque ha puesto la razón
por encima del sentimiento... y aún así, la razón venció por un leve
tiempo. Nunca parece que podrá dejar estos sentimientos hacia "ti" o no
puede dejar de sentirlos; no son de odio, el odio se quedó tiempo
atrás, muy atrás; son de amor, son de un amor que cree no es
correspondido. ¿Cúantas veces ha escrito y no te ha enviado finalmente
un privado?, ha perdido la cuenta. Le puede no el orgullo, no, no, le
puede el miedo, el miedo a la respuesta... a la no respuesta.
Tú, mi querido amigo, mi camarada y amigo, "tienes a tu reina"; así,
los
dos, de sueños que se elevan y se desploman, construís el día a día.
Yo,
vieja utópica, romántica sin remedio, mortalmente dolida, quiero vivir
-tengo que vivir- otra realidad... quizás seguir viviendo el mismo
sueño aunque no sea alcanzable, como me decías, amigo. Mis sueños
fueron brutalmente despojados a cambio de una lucha que me cuesta
ganar: la que me exige que acepte los cambios de una vida truncada.
¿Qué me queda?... podrías decir que mucho, que espere, que espere el
momento adecuado; que te espere. Yo esperaré todo el tiempo que
precises para que
puedas apoyarte en esta tu amiga, mi camarada y amigo. Pero mientras tú
sueñas con tu reina, yo sigo buscando a aquel alocado a la par que
coherente, ingenioso y creativo que dejó su huella grabada en mi
corazón, hasta que calme este vacío que sólo su respuesta puede llenar.
Porque aún siento que sólo él puede llenarlo.
Aunque tenga miedo a ese momento, a esa respuesta; pero mientras no se
de, no podré salir de esta arena sin mar, de este desierto sin lluvia,
de esta agonía de sentimientos. No podré darme entera a ti. Lo sabes,
como sabemos que, sin embargo, nos necesitamos.
Y esta tarde de domingo, visitando el blog del amigo, y gran persona,
que ha estado desde Buenos Aires alegrando la casa de Sina, ella,
pensando en cuando volverá a recorrer las ruinas de Tarragona, cuando
volverá Sina a ver el atardecer en las playas de Salou
y acariciar aquel gato, algo indeciso al principio, que por el Paseo
Marítimo se dejaba mimar por aquellos que sin miedo se le acercaban
dándole confianza... si quizás alguno de los que por aquellos lugares
se cruzaron con ella podrías haber sido tú, sin reconocerte entre la
multitud de caras sin rostro... y pensando en ti, como piensa cada día,
cada hora, ha visto un vídeo de
Charles Aznavour y ha recordado una canción que es su grito
silencioso... como el nombre que elegiste y con el que siempre te
relaciona. ¿Podrás alguna vez decirle al menos un "no, no es
posible"?... al menos
será una respuesta para que pueda salir de esa espiral que la embulle
una y otra vez. Porque ella lo intenta, intenta enviarte un texto que
le confirme sus corazonadas de ilusión o sus miedos de que todo fue una
quimera, algo que se le escapó de las manos, que se le coló en el
corazón; pero es frágil. Sina es frágil, cada vez más. Escribe, borra y
escribe; y no te envía ese correo que nunca te llegará porque nunca
encuentra las fuerzas suficientes. Llora, se acurruca en la cama y le
duele; le duele el cuerpo, pero aún más le duele el alma. Porque aún siendo frágil, cree sentir que tú eres su fuerza.
"Morir de Amor" (Charles Aznavour)
Ya
ha llegado el momento de tomar otro calmante para volver a conciliar el
sueño. He escrito lo que hasta ahora he guardado con tanta recelo por
ser tan hondo y porque tengo miedo a lo que después puede llegar; mis
miedos no se pierden como no se
pierde cada verdad o cada mentira que vivimos. A nadie he contado todo
lo que aquí está escrito, pequeños trazos sí, pero nunca he abierto mi
alma como ahora lo hago; a nadie toda esta que es mi realidad. Porque
el alma no sabe
de tiempos ni de distancias, no
sabe de modos ni de maneras, sólo sabe de amores, de desengaños, de un
sentir y de una desesperación, de tristezas y de silencios. Y mi alma
espera,
espera... no sabe el qué, le da miedo, pero sólo le queda la espera. Al
menos la espera de saber que nada queda de aquel tiempo pasado, y que
pasado debe quedar. Y entonces, quizás, los miedos se pierdan, como pierde la cordura el corazón enamorado.