Estaba apesadumbrado. Demasiado tiempo en aquella ciudad de rascacielos y calles llenas de gentes que caminan sin mirarse a los ojos, a la carrera siempre, sin pararse a pedir disculpas por el empujón que, entre tanto bullicio, de forma inevitable las prisas producían entre los cuerpos. Ese día había decido caminar sin rumbo cierto; caminó observando aquellas caras que no le veían; aquellos pasos demasiado forzados por un reloj que todo lo marcaba; estaba nostálgico, ¡ya no podía más!. Sin darse cuenta se hallaba en un parque extenso, de plantas y árboles variados; pero apenas se percató de ello. Un aroma conocido, quizás un rayo de luz le ayudó a dirigir su mirada en busca del causante de aquel agradable olor. Y sí, no estaba equivocado; allí se encontraba él, hermoso, florido, brillante, con tu toda su grandeza. Sus latidos se aceleraron… ¡sólo deseaba sentarse bajo su sombra!, sentarse y descansar.
Ella leía con los ojos humedecidos, también su corazón latía; sentía esa melancolía, ese dolor como propio. Miró hacia otro lado, quiso respirar. Salió de la sala y abrió las ventanas de su balcón; respiró profundamente. Necesitaba fuerzas, fuerzas para seguir afrontando todo aquello.
[...]
Hechízame los oídos con ese embrujo de palabras no dichas,
palabras sólo conocidas por quienes aman y por quienes son amados.
Envuelve con tus variaciones ese encanto de frases que dan vida
a los términos enunciados, emergidas de una sinfonía embriagada.
Haz que esa notas musicales sigan tu insinuar de melodías inflamadas
y que tu voz aterciopelada me altere, te acrezca y prosigas.
Abre el sendero al que lleva tu voz hilvanada y en el que yo presa de hilos,
como un instrumento de cuerda, responda a la ejecución que me llama.
Sina, Madrid 19 de julio de 2009
VIDA
¡”Vida”!, perdóname por no saber estimarte.
Vida, perdóname por creer no poder amarte.
Vida, perdóname por seguirte, aferrada,
que tu paso acaricio alentar y no doy la cara.
Vida, perdóname por no pelear, por no luchar,
cuando los brazos dejé caer y te suspiraba.
Vida, perdóname por dejarte perder,
que ya perdida, quise y quiero y no sé.
Vida, ¿por qué este volver a suspirarte?,
¿estas ganas de abrazar lo inalcanzable?,
[...]
Publico poemas recuperados. Quizás cada vez tengo menos vergüenza o menos pudor al mostrar lo no es sino "algo parecido" a un poema, o igual es falta del sentido al ridículo... esto último, a estas alturas, ¡casi que me da igual!
… Y llegas a mi espalda,
tutelo el respirar de tu esencia.
Y recorres mi nuca,
tu exhalación me embriaga.
Y sujetas mi cabeza,
acaricias mi pelo y me turba.
Suave aspiras girar mi cuerpo,
me resisto, quiero demorarlo más,
quiero que me enciendas
y vestirme con el fuego que en pos
fragua el placer que no me cierra.
[...]
He recibido un e-mail hermoso, muy hermoso, de mis vecinos, a quienes considero mucho más que mis vecinos, pues me conocen desde pequeña y sé que más allá de un simple tabique puedo contar con ellos para lo que necesite. Basta un toque a su puerta, ¡bueno!, en realidad nuestra “contraseña” consiste en dos timbres rápidos, como una alegre llamada, y me abren las puertas y sus corazones sinceros. Eso es mucho más de lo creo merecer y con poco puedo corresponderles. Es por ellos, por su “estar” y el aliento que día a día me dan, por su precioso e-mail (como los que cada día me mandan, mimándome y buscando otra forma de alegrarme el día que comienza, ¡cómo si fuera poco el poder saber que los tengo al lado!), por lo que amplío este artículo y le doy forma, lo complemento.
A dos extraordinarias personas que puedo sentir con tan sólo palpar el tabique que separa nuestras casas -que no mi corazón y agradecimiento-. ¡En cualquier momento oiré, oiréis un doble toque del timbre y estaremos juntos!, gracias Mari Tere y Emilio por ser como sois.
Este texto está escrito gracias a vosotros, a vuestra forma de estar y de ser. Es por tanto vuestro y para vosotros en especial con todo mi cariño.
Eran las cuatro de la madrugada del miércoles. En mi rutina cotidiana, y bastante adormilada, acompañaba a mi madre al aseo. Mi situación hizo que en un momento determinado sintiera un mareo y mi cuerpo cediera hacia la derecha; por suerte ya estábamos en la habitación y no tiré a quien ayudaba, pues pudo al sentir mi ligero desvanecimiento y desequilibrio soltarse y dejarse sentar en su cama, ya próxima. Maldecí en mi interior el dolor que de nuevo otra caída leve ocasionaba a mi cuerpo, aunque no dije nada y sólo me quedé apoyada en el armario mirando de frente a mi madre, armada de paciencia en la espera de que lo que ella ya sabía y sabe suele ocurrir. Su amodorramiento tampoco le permitió decir nada, sólo me esperó confiando que sería pasajero pues es lo más común y volvería en apenas unos segundos hacia ella. Y así fue, la tomé de nuevo por el brazo y la dejé acostada en su cama, mientras, en mi interior, no dejaba de maldecir y de dejarme llevar por ese dolor ya repetitivo, que además se ve agravado sobre la misma zona al perder el equilibrio reiteradamente hacia ese sentido.
[...]
Madrid, 10 de septiembre de 2009
Si analizamos la trayectoria del actor inglés Colin Firth, tanto en teatro como en series de la televisión (en fin, ¡para una romántica qué mejor personaje que el del enigmático Mr. Darcy en “Orgullo y Prejuicio”, con una avalada y premiada interpretación!) y en el cine, comprobaremos que sin ser un actor “espectacular”, no pasa desapercibido. Sus interpretaciones secundarias son, en muchas ocasiones, un verdadero deleite (memorable su participación en “Gente con Clase”) y, porque también hay mucho de ello, ¡vayamos a la cuestión sin marear más el tema!:
¡Este señor produce verdadero morbo!, al menos eso es lo que me ha contado Sina, que le sigue desde hace tiempo y con su carisma la tiene loquita ¡y no, ni lo niega, ni le da vergüenza confesarlo!. Cuestión de darse una ración de vista -que se dice-, de percibir más allá de la pantalla sensualidad en cada pequeño gesto, en tiempos en los que un rebrote de adolescencia alocada y un dejarse llevar por el placer de un buen actor y estupendo señor se agradece.
Hay una película que no me canso de ver. Es una de mis películas preferidas, "Irma, la dulce". Sus actores son espléndidos, ¡cómo no nombrar a Jack Lemmon, uno de los más grandes, y que borda el papel en este film -como en tantos otros-, y a la maravillosa MacLaine!. Me gusta el guión, me gusta su dirección, su desarrollo en un espacio ínfimo y suficiente para representar el París callejero y contar una de las más bellas y tiernas historias de amor: la de Irma, adorable joven que ejerce la prostitución ofreciendo más que su cuerpo, su dulzura, y la de Nestor Patou, un aparente severo gendarme, que sin remedio cae en los acogedores brazos de Irma*, amante complaciente y de generosa humanidad, libre en pensamientos y libre de prejuicios...
Escena de "Irma, la dulce"
Isa es una amiga desprendida y siempre cercana, humana, impulsiva y emotiva, con un corazón dulce y sensible que, al igual de Irma, entrega sin esperar compensación alguna. Como lo hace el verdadero cariño de la amistad.
Isa, eres un ser tan especial que cuando alguien como yo tiene la ventura de conocerte, de manera egoísta no quiere “perderte”. No quiere dejar de ser tu amiga.
Porque poder ser tu amiga es un privilegio; el haber tenido la dicha de cruzarme en tu camino ¡una verdadera fortuna!, el dejarme compartir ratos y charlas contigo es un placer; cuando escucho tu dulce voz por el teléfono y leo tus escritos, pienso y siento ¡que gran suerte la mía!.
Isa, dulce Isa, gracias, gracias por cederme un espacio en tu hermoso, noble y gran corazón. Isa, dulce y bella Isa por dentro y por fuera, ¡cuánto amor puedes transmitir, cuánto puedes dar!. Siéntete impregnada, dichosa de ser una persona tan especial para los tuyos, para los que quieres y te queremos y para todos a los que regalas tu sola presencia.
Te quiero feliz, te quiero juguetona con mensajes llenos de buen humor. Te prometo que retomaré los encuentros para que de nuevo se crucen nuestros mensajes, y que estos serán mensajes llenos de todos los colores y de alegría. Sé que pronto las neblinas de la profunda Galicia cambiarán en tu ánimo por el calor y el sabor de tu amado mundo caribeño. De nuevo a tu chico podrás mostrar la más deseada de las sonrisas.
Querido amigo:
Pasaba el domingo y mi mente empezaba a repasar lo acontecido. Habías llegado el viernes y estuviste visitando mi ciudad hasta el sábado por la tarde, momento en el que habíamos quedado. Entraste en mi casa y conociste a mi madre y después nos fuimos a tomar "unas birras", como previamente comentaste podíamos hacer en tono de humor en alguno de los mensajes que precedieron a tu agradable visita.
Me hablaste largo y tendido, el tiempo pasó demasiado rápido para mi gusto, demasiadas cosas que contar... pero había que regresar a casa con mi madre.
No "me puse pesada" y no insistí para que te quedaras a cenar y tú no quisiste marchar demasiado tarde hacia tu alojamiento. Y así finalizó este sábado, principio de tu visita. El despertar del domingo fue distinto a lo común en las últimas semanas. Mi madre me insistía, ante mi cansino desperezo por un reposo que no parecía suficiente, que casi eran las doce. Rápidamente -al menos, lo más rápida que puedo ser- iba preparando el desayuno.
En seguida comencé a comentar, consideré que igual no habías podido localizar a aquellos amigos a los que querías ver. Que siendo las horas que eran, el domingo iba a alcanzar las altas temperaturas del día previo. Y decidí telefonearte para saber de tus proyectos para tu último día en Madrid. No hubo ningún impedimento, encantadas volvimos a recibirte. Una comida relajada, una charla con tu estupenda compañía y así también llegó el momento en el que te tenías que marchar; un largo viaje te guardaba de regreso.
Cuando te marchaste apenas le quedaba un par de horas de luz al atardecer, el domingo se iba apagando poco a poco. Y mi mente repasaba lo acontecido... repasaba lo acontecido.
Querido amigo, me regalaste tu compañía, tu discrección a la vez que tu sinceridad, también esos pasteles tan golosos; y aún más: me regalaste tus palabras. Tus palabras dichas con toda naturalidad y hasta permitiéndome alguna pregunta un tanto indiscreta; me abriste tu corazón, tus sentimientos y contaste tu historia, que es la de tu vida, generoso siempre. Tus palabras escritas también me las has regalado, palabras que empiezo a leer, con calma, en los momentos en los que puedo disfrutar del roce del papel y pasar las páginas siguiendo un texto que ya me tiene atrapada. Me regalaste lo mejor que podías darme, sin duda, tu proximidad, tu amistad, tu franqueza. Y no tenías porqué obsequiarme con nada y lo hiciste, sin embargo.
Y escribiste en la primera página: " ... y que hoy me desvelará el dulce misterio de su sonrisa".
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