Martes, 16 de febrero de 2010

Llegan las risas de los niños, de “mis niños”, de nuevo. Apenas hace un momento que tuvimos noticias: está más animada, ¡mucho más!; los augurios son buenos, muy buenos y eso es lo que ya importa, lo que nos importa a partir de ahora.

Bajábamos por una de las calles en las que coincidíamos con el resto de la familia. Lara tomaba tranquilamente, con su bonito vestido y chaquetita imprescindible para las frescas noches del agosto en Gredos, su infusión al lado de sus tíos. Había cambiado el refresco por ese tipo de bebida; como "una señorita", con sus maneras, su mirada profunda e inteligente, con su haz de luz, se la veía bellamente sentada y recibía nuestro encuentro con su dulce sonrisa. Esa imagen no se ha apartado en estos días en cada una de las noches… y el sonido de las risas, las risas de “mis niños” jugando en aquellos veranos.

Las mañanas en la casa de mi prima, con Daniel persiguiendo para mojar a las niñas. Tato, algo mayor que ellos, distraído con el huerto de Antonio. Las niñas chillando; Lara, algo enfadada, reprendía a su hermano menor y se apartaba e Iris, la más pequeña, mojada una y otra vez por la reiterativa buena puntería de Dani … ir a por la pequeña y regañar al de la manguera entre conversaciones y risas… las risas entre juegos de “mis niños”.

Las tardes en el río y aquel fin de semana en el que todos coincidimos. Lara y Nita, seguidas de la pequeña Iris -embelesada por “las dos mayores” del grupo e imitándolas en gestos y en los chillidos histéricos cuando Jorge se acercaba con algún bichejo que hubiera capturado-, con su presencia. Lara y Nita, las dos mayorcitas, con sus poses de futuras mujercitas bellas e inteligentes. Las risas, las risas de “mis niños”, se oyen una y otra vez en estos días ahora intuyo que como preámbulo de, posiblemente, tan buenas noticias.

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Puede que siga...