El silencio duró lo que el paso del ángel pudo darse:
quizás un segundo, podría ser que un minuto
… podrían haber sido horas o eterno rato.
En la espera que finalice el acto sublime
el corazón uncido, el instinto cosido a los labios,
las almas que aguardan la comparsa
con la boca sellada y las manos atadas.
Redentor silencio: el sentido tanto te venera
que hasta al espíritu a tu lapso acalla.
Cuando deambule un ángel por el rayano,
enmudece hasta que prosiga con su paso.
Poema: Sina García