Dicen que en el amor -como en la guerra- todo vale, ¿será así?... SÉ que las armas, los escudos y barricadas caen por el latido de los corazones.
Hay cazador y presa y en ocasiones quienes juegan a la cacería cambian según el discurrir de los acontecimientos sus papeles, convirtiéndose el que cazaba en cazado.
No solicité jugar en este "pasatiempo", ni quise tomar parte de “un acoso y derribo”.
No quería dar caza, ni ser presa; todo transcurrió como suele suceder con lo que nace desde el interior: con naturalidad, sin percatarnos de ello, quizás.
He de confesar a quienes no lo sabían aún, sí, he de confirmarlo: ¡me has cazado!, soy tu presa, cautiva y presa por amor; tu captura aunque no lo pretendieras. Y liberada por tu amor.
[...]

Las aureolas y los tornasoles
Los han impulsado por empatía los dioses,
Mi Amor

Pregunté al viento si le hablas
Y en susurros respondió:
Sí, aunque cree que no
Escribí en el aire tus grafías
Y como un niño repetían
La tabla del amor
Caminé por tu estela despacio
Y tu huella me decía:
Su paso no pierdas
Llené de pinturas los muros,
Aquellos que me encerraban
Negando tu amor
Dormí en el ajarafe venerado
Con traviesas balconadas
Sin poder entrar en tu hogar
[...]
Demasiada alzada y demasiado joven, quizás; había tardado demasiado en llegar y ya en el umbral de la entrada a su consulta no estaba por la labor de abrir la portilla que permitiera el acceso con la silla en la que durante horas se había retorcido el cuerpo aquejado. Un rudo saludo ¿por qué va en silla?, ¿ acaso no puede moverse?, mientras la voz que empujaba la silla replica: ¿Qué no ve que no se sujeta?, apenas tiene fuerzas.
El joven interno, sin resolución alguna y menor interés en querer inclinar su estilizada figura para abrir el seguro de la segunda de las hojas que forman la puerta de entrada, no responde a la mujer, fijando su mirada en la aturdida y ya impaciente que apenas puede llegar a devolver la mirada en un esfuerzo de elevar su cabeza. Mientras la madre intenta empujar la silla una y otra vez, para conseguir entrarla por el insuficiente espacio, alguien se aproxima. Un hombre, también parece vigoroso y con camisa de cuadros, dice algo mientras quiere ayudar a la mujer. El joven médico cede ante los comentarios que desde la sala de espera de la UPA le increpan y agarra fuertemente a la mujer por las muñecas para levantarla y evitar el que la dichosa puerta se abra en su totalidad.
Un chillido instintivo y el desplome irremediable al soltar bruscamente el interno a la mujer ante su reacción de lamento. ¡Por favor, por Dios!, ¿qué no se da cuenta que no puede ?. -¡Salgan, salgan fuera, ella selevantará sola!, ¡fuera he dicho!. La voz de la madre responde nerviosa secundada por el hombre de camisa de cuadros, según se escucha el portazo de la única hoja de la puerta abierta y la silla fuera, acompañada en el pasillo por el revuelo generado [...]

Marea los vientos la golondrina.
En la calle los niños se recrean,
turban con sus sombras a las flores [...]
Laly no había podido ir al trabajo aquel día. En el marco de la puerta de la casa la exuberante dominicana proseguía con su charla; ante un comentario en respuesta a una de sus afirmaciones gira su cuerpo con agilidad y aferra fuertemente con sus manos las de ella: "¡hay que pedirle al Señor!, créame, ¡hay que pedirle!". La mira con ojos inquisitivos mientras sigue sujetándola con vigor las manos a modo de rezo: "yo lo sé bien, son mala gente, ¡muy mala gente!, unos fariseos, lo digo con conocimiento; yo vivía cerca de la frontera y puedo decir qué clase de gente son y como llegaban, ¡no tienen respeto a nada ni a nadie!” [...]
La tormenta perfecta llegó. La noche se vislumbraba a intervalos a
través de las nubes desplazándose a tal velocidad que parecían cabalgar tapando
por momentos a la luna. Cuando podía asomarse la luz del satélite en nueva fase
permitía apreciar los cúmulos sobre el fondo azur. Un instante y de nuevo la
oscura noche ocultaba lo que sólo las fuertes ráfagas de viento golpeando
persianas y vidrieras evocaban el transcurrir de la ciclogénesis explosiva
bautizada como Xynthia.
Transcurrida la noche amaneció un claro día. El índigo dejó pasar a un azul nítido. Las escasas nubes algodonadas parecían colgar de hilos transparentes y la sensación de pureza y calma parecía representar de la forma más exacta aquella frase de “después de la tormenta, llega la calma”. No recordaba cuanto hacía que el aire en el cielo de la ciudad me parecía tan limpio.
Sin embargo todo era una mera apariencia pues aquella tormenta que transitó durante sólo unas horas dejó huellas profundas a su paso de muerte y desolación.
[...]

Quiso el hado caprichoso
Dar alas a quien no podía volar
Y cortar el vuelo al alado
La infame soberbia
De quien se creía superior
Le hizo tocar la gl [...]
Es hora de acostarse. Apago las luces a la vez que me voy aproximando
a la ventana de la habitación, puedo llegar sin iluminación; el último rito
antes de meterme en la cama es el de subir un poco la persiana no tanto por
necesitar de la luz del exterior para dormir sino por un hábito adquirido para
observar el cielo. De nuevo, pese a esta lluvia pertinaz, hay una claridad
fuera de lo común; los rayos de la luna traspasan el manto de las nubes inclementes
permitiendo apreciar en acentuado dorado a la ciudad dormida.
Me pregunto el porqué de esta claridad monocromática una noche más y mis ojos encuentran la ventana. La mirada se queda absorta durante algún minuto variando mis pensamientos; dejo esa sensación de inquietud que me produce el destello de la claridad lunar y considero el porqué de esa estancia iluminada [...]
En la localidad en la que viven doña Cigarra y doña Hormiga muy
pocos son los que quieren confesar cual es la verdadera historia que dio origen
a la fábula puritana y artificiosa que conocen grandes y pequeños. Es una
minúscula población, en la que las “diferencias” no se aceptan. Es por ello que
me he decidido a contar los hechos tal y como sucedieron en realidad.
Puedo asegurar que doña Hormiga es trabajadora y que su labor se realiza puntual haga viento, llueva, granice o haga calor. De idéntica forma, doña Cigarra es un tanto alocada si bien hasta ahora ha podido subsistir gracias a su don de gentes y a su incuestionable linda voz.
Doña Cigarra es alegre -algo que contrasta con la habitual sobriedad de doña Hormiga-, espontánea y sociable gusta de relacionarse con próximos y extraños. Su alma bohemia le hace rodearse de artistas, músicos y poetas suelen ser amigos a los que frecuenta. El sol la anima y arrebata, olvidando que después de los meses de hastío llegan los del crudo invierno y que no siempre puede contar con el acopio necesario para pasar la época de inclemencias [...]
La amanecida descubrió unos ojos índigo. La figura del
felino recortaba la ventana que destapaba la imagen sobre la cama. La piel aún
temblorosa se deshizo en dos de nuevo. Un abrazo recogido dirigía una mano a
acariciar su nuca mientras la otra se recogió en su hombro, la cabeza acabó
recostada sobre el henchido torso de él. La mujer cerró los ojos, oliendo
su perfume, colmada y satisfecha cedió por fin ante el vigoroso porte; puso el oído en su pecho sintiendo que
el latido de ambos corazones podría ser uno. El
hombre la giró suavemente y, levantándose, empezó a vestirse.

..."Es difícil, se supone, pero se puede conseguir... diría que es más complicado dejar de amar que dejar de odiar. Durante un tiempo te odié, te odié tanto que ya sabía en mi interior que “no iba por buen camino”, cuanto más te odiaba más sentía que ese sentimiento no era el normal o el que se supone tendría que haber sentido. En un principio pensé que era proporcional a todo lo que te quería, y que así tendría que ser hasta que te olvidara del todo; entonces empezó una fase de mi vida en la que se sumaba el desgaste que por tu amor había sufrido -al menos, esa es "mi excusa"- con el desgaste de las fuerzas que tuve que emplear para mí misma y para los míos. Y así llegó ese tiempo de espera, no sé bien qué esperaba, pero tenía que esperar y me absorbió tanto esa espera, unido a ese cansancio, que para cuando quise reflexionar veía las cosas de otra manera [...]
Es curioso esto de ser… ¿viciosa?, puede ser que lo haya sido desde siempre; eso explicaría el porqué haya necesitado un pellizquito de chocolate en momentos puntuales, cuando salía del trabajo de vuelta a casa, antes de irme a acostar, en momentos de bajón físico [...]
Si miras hacia el cielo igual ves una nube… tan efímero es nuestro paso por la vida. Lo hermoso de mirar al cielo es que después de una nube viene otra y es mucho más bella que la anterior. A las golondrinas les gusta jugar con las nubes... supongo, no sé [...]
-“¿Y después, qué?”... repetía insistiendo, buscando la respuesta que ella no dio, que no quiso o no pudo dar [...]
¿Esperarás a mañana, quizás al próximo mes?, ¿esperarás a que cambie la estación, quizás el año? Y después, ¿a qué esperarás después?... ¿tendrá alguna importancia esa espera? Si cada escalón que subo caigo cuatro, cuando te gires y tiendas la mano ¿podrás agarrarme?, ¿me encontrarás aún? Sé lo que es desasir, retirar la mano, y al pretender darla de nuevo a quien crees que querías y quieres… que ya no esté para poderla tomar. ¡Qué fácil derribar un castillo de naipes, qué fácil, créeme!, levantas otro, se puede levantar otro, sí… pero ya no es el mismo. Y duele, sé lo que digo, duele el no haber sostenido esa mano amada. Entre todas las dudas que envuelven mi existencia, eso es algo que puedo asegurarte. Y es indudable que soy insegura e igual estoy siendo injusta contigo, quizás lo fui ya; solo que tú tampoco me ayudas en este momento, justo en este momento en el que me encuentro tan abatida [...]
Las jornadas de trabajo marcaban sus días. A la misma hora volvían a verse, sin embargo él no ofrecía ningún atisbo de proximidad. Marta no le daba demasiada importancia a ese hecho y por ello seguía con su verborrea habitual, contando a Pedro lo que ese día había acontecido, buscando un punto de unión. Una tarde perdió los papeles con su jefe: no se sentía cómoda con el nuevo trabajo que el señor Carrasco le había asignado, el director no atendió a razones y finalmente tuvo que claudicar cuando el rostro de su superior cambió de color al afirmar que se sentía discriminada con respecto a sus compañeros. Al llegar a casa se encerró en la habitación con el ordenador, había cogido unos informes sin el permiso de su jefe; la discusión la llevó a afrontar con más empeño el trabajo que se le había encomendado. Antes de abandonar el centro Marta había estado en la enfermería, no sabía si la decisión que tomaba era la adecuada o si le movía el enfado de la discusión; había tenido cuidado de que nadie la viera y sin embargo se sentía observada. Al día siguiente se encontraba de nuevo frente a Pedro. No había ninguna novedad que comentar, se dijo, y mientras le miraba de reojo siguió con aquellos documentos [...]
Leo y me río… ¿me río?... quizás exagere, más bien sonrío,sí, sonrío. Leo de nuevo el artículo de la fibromialgia concominante enlazo con el vínculo que puso… y llego a lo de las oraciones y otros puntos del texto y sonrío. ¿Sabes?, si me preguntaras ahora, en este momento, aún podría responder. Te diría que me quema la cadena de la que cuelga la medalla que me trajo Elva desde su bello Paraguay y ese pequeño corazón que me regaló aquella joven alumna -esa chica de Quito- tan dulce, trabajadora y responsable, que se había pagado el curso con casi un año de ahorros… me emocionó el pequeño corazón y lo llevo junto a la medalla del Cristo de Elva… me quema, y creo que una de estas tardes, en lasque el ardor es insufrible, me la quitaré y dejaré olvidadas tanto la medalla como el pequeño corazón [...]
Su voz armoniosa, intensa y emotiva, llena cada recóndito espacio de la memoria de mi cuerpo; el arrebatador timbre recorre de nuevo mi oído hasta entrar en mi mente, fluye por las arterias, extendiéndose con los impulsos del corazón, penetra en cada fibra, oxigena la musculatura e invade los poros de la piel, ruborizándola al igual que lo haría la caricia del amado. Me acompaña, siempre me acompaña y por ella sé de su fuerza, de su pasión, de sus luchas y sus miedos, de sus dudas superadas, de sus recelos olvidados, de sus días de soledad, de sus combates perdidos y de las lizas que le esperan cada jornada, de su sapiencia sobre los mortales y de las energías que les envuelve en el todo, su voz me lo revela. Guardo con la mejor de las sonrisas el secreto: le conozco, creo conocerle mejor que nadie. Quizás como nadie. Ese secreto me hace feliz [...]