Domingo, 08 de agosto de 2010

Todos tenemos recuerdos tuyos, es algo natural, máximo teniendo en cuenta la clase de hijo, de hermano, de esposo y de padre que fuiste, que has sido y serás, ejemplo para muchos, como en su momento comentó el propio Víctor aquel día, aquel jueves en el que unidas tus manos a las de mamá, el sufrimiento de la maldita enfermedad acabó.

Están tan presentes los momentos en los que me tomabas en brazos para acostarme, después de haber quedado dormida viendo la tele encogida en el sofá -como "un cuatro", decías a sabiendas de que en muchos casos estaba sólo adormecida pero esperaba que me llevaras a la cama-, los ratos sobre el papel aprendiendo a dibujar con tu trazo firme y tranquilo, las mañanas de los domingos escuchando tu voz contándonos un cuento, leyendo algún libro, cantando alguna de tus canciones favoritas, saliendo al encuentro del tío Sebas y de los primos: una visita rápida a la misa dominical y entretenerse en alguna terraza en el buen tiempo o un recorrido por algún bar y la pastelería para comprarnos aquellos pastelitos de piñones [...]


Puede que siga...