Viernes, 20 de febrero de 2009

¿Nadie puede ser más duro con uno que uno mismo?, planteo esta duda que es mi propia duda.
Es una frase que abre un párrafo en el desarrollo que sobre la ética realiza Freddy Quezada en su artículo "La Mejor Etica: La Que No Se Puede Decir".
Es una frase, que al igual que otras que figuran en ese estudio, pueden representar, quizás, aquello que me es difícil de explicar.
Mi mundo de confusiones sujetas en alfileres de cierta estabilidad, se iba desmoronando en las últimas semanas. Una estabilidad dada
en falso pasito a paso en los meses previos.
Cuando una se para a buscar respuestas, respuestas que necesita ante un hecho que marca un punto y
aparte (o un punto y continuación, casi esperado y muy deseado -aunque por egoísmo propio, tal vez-) en esta maraña de ideas, de palabras escritas, de sentimientos, de pudores, de relaciones reales o equívocas, de verdades y de mentiras, de envidias y de intereses, pero falta de acentuaciones y tonalidades, de gestos y de miradas, faltas de "presencia" (aunque todo lo anterior no sea sino un reflejo de la vida misma).
Y todo ello visto desde la perspectiva de sí misma. De lo que se consideró "era tu deber", cuando tu deber estaba dormido al amparo del día a día real, cercano, cada vez más oscuro, cada día más cerrado. Aunque un deber ha de ser cumplido. Y el único que se cumplió fue el de, “una vez todo ha ido demasiado lejos” -no sin tu culpa, también-, tomar una decisión, optar por una postura, tomar una posición. Y todo había ido ya demasiado lejos.
Pero ¡ah, Sina!, no actuar, quedarse de brazos cruzados ante lo que era un sinrazón, un despropósito, una injusticia, tampoco ha sido algo de "tu estilo".
¿Nadie puede ser más duro con uno que uno mismo?. No estoy segura, sinceramente. Ahora, con la perspectiva del tiempo transcurrido, con el remover de hechos próximos que devuelven no sólo el planteamiento de si hiciste bien o mal, sino de conocer más detalles, hechos muy relevantes que te hacen dudar más de esa reflexión que titula este debate interno que ahora intento, con dificultad, transmitir: ¿acaso el resto no ha sentido amargura antes que tú misma, acaso no llegó al límite, hasta llegar a odiar a la humanidad?, ¿acaso no pensó en la muerte, en poner un final precipitado?.
¿Por qué no pueden sentir los demás un dolor tan profundo, o más profundo, que el tuyo?.
La duda existencial, la duda de la especie humana, la duda de la ética, de la moral, de la doble moral. ¿Acaso es de mi dominio, acaso no se han sentido antes, no se han sufrido antes?. ¿No lo seguiremos sintiendo?.
Siento vergüenza. No, no siento vergüenza por los de mi especie. Siento vergüenza por no entender antes que soy una más de los de mi especie.

Siento vergüenza al no considerar (o no querer plantearlo, si quiera) el dolor ajeno, el dolor próximo.
Siento vergüenza por no poder recuperar un tiempo precioso/preciso en el que podría haber conocido más sobre el resto, con tan sólo curiosear. Curiosear, buscar como durante estos últimos meses llevo curioseando y buceando hasta descubrir finalmente, por alguna bitácora perdida en el tiempo, detalles tan valiosos como los del mismísimo Titanic.
Si, en vez de encerrarme en mis problemas, hubiera sabido bucear tiempo atrás, quizás, ¡esa es mi esperanza!, quizás no me sentiría tan mal. Y, entonces, podría afirmar que "nadie puede ser más duro con uno que uno mismo".
Ahora eso, es irrelevante. O está fuera de lugar y tiempo.





Publicado por Sina_Garcia @ 1:57  | Sina y sus Vivencias
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Comentarios
Publicado por peixes
Viernes, 20 de febrero de 2009 | 18:48
Nunca el tiempo est? perdido si lo pod?s reconocer... siempre hay algo por hacer... lo pero es no darse cuenta... pero ojo con las bit?coras perdidas del Titanic no siempre es bueno remover tanto en la historia...