Viernes, 13 de marzo de 2009

Los primeros colores, los primeros tactos, los primeros sabores, los primeros olores … aquellos primeros que están retenidos en tu memoria y que no sólo algún día retuviste, sino que vuelven o reaparecen para explicar lo que en su momento no se podía saber o interpretar. No puedo olvidar el olor y el sabor del plato preferido en casa para los domingos: paletilla de lechal estofada. ¡Ummm, su sabor sigue presente!, y cuando lo huelo, vuelven aquellos domingos de esa pequeña niña sentada a la mesa, mientras mamá cortaba a trocitos más pequeños mi ración.

A mamá nunca le ha entusiasmado cocinar, pero lo hacía con gusto para satisfacernos, tanto a los peques como a su marido. Eran una maravilla las navidades en cuanto a lo que mamá se preocupaba en preparar platos y platos sabrosísimos y también en cuanto a la reunión y celebración, pues toda la familia venía a casa, y acabábamos con la puerta abierta y en la escalera los comensales e invitados, sentados en los peldaños, comían, bebían, charlaban o se tomaban las uvas. Siempre había, pues, un motivo para que el baile y los juegos no sólo se celebraran en casa, sino en todo el portal y con la práctica totalidad de los vecinos.

Mamá cuidaba mucho de la comida del domingo pues era el único día que papá no trabajaba y, entonces, era muy remilgado en sus gustos culinarios. Puesto que el resto de la semana apenas veíamos a papá, esperábamos pacientes a que mamá nos permitiera colarnos en la cama, una vez se percataba de que papá había despertado. Cada una de nosotras nos poníamos a su lado, para gran alegría de nuestro padre, que disfrutaba cada minuto con sus “pequeñas mujercitas” (entonces, todavía mi hermano menor no sólo no había nacido, sino que no estaba previsto que pudiéramos llegar a ser cuatro, ¡y mucho menos que fuera el pequeño el único varón!). Nos cantaba una y otra vez aquellas canciones que le solicitábamos, recordando así las que había aprendido de su madre, en un principio, y, con posterioridad, de sus amados profesores. También era obligada la lectura de cuentos y otros textos, que también le permitían regresar a su infancia ¡y, por supuesto, el relatarnos historias y leyendas que nos dejaban siempre boquiabiertas!.

No puedo olvidar cómo me acurrucaba lo más próxima a él, cómo notaba su voz, más desde el interior que si se produjera en el espacio exterior, a la par que su respiración y el sonido de su corazón, de tanto como me estrujaba a su cuerpo. Tampoco he olvidado su aroma, ¡era tan peculiar!. Él, siempre complaciente a nuestras solicitudes, tendría que estar más que aburrido, pero no sólo no se molestaba que interrumpiéramos ese instante precioso para desayunar, vestirse y disfrutar del domingo, sino que calmaba a mamá respondiéndola que había tiempo, que en un santiamén dejábamos la cama y se pondría adecentado.

Seguro que era bastante tiempo, pero siempre me parecía poco el que transcurría desde el momento que mamá comprobaba que ya había despertado, y nos lanzábamos en “su ataque”, y el que, finalmente, llevaba a papá al cuarto de baño para luego desayunar.

Después tendría que, con sumo gusto por ambas partes, bajarnos a dar una vuelta, para acabar reuniéndonos con su hermano y nuestros primos, ¡otro motivo para pasar un buen rato!, mientras llegaba el mediodía y se acababan la cerveza o el vinillo del aperitivo.

Regresábamos de vuelta a nuestra casa con el tiempo para que mamá ya hubiera recogido la casa y preparado aquella comida especial de los domingos.

Eran días en los que a mamá (a muchas “mamás” ) le tocaba semana tras semana “lidiar” con nosotras, para lo bueno y para lo malo. Pues tenía que hacerse cargo de nuestra educación, modales y comportamiento dentro y fuera de casa, despertarnos y el aseo, ir a llevarnos y a recogernos del colegio, procurar que hiciéramos los deberes y demás tareas y aprendizajes varios que tenía que irnos instruyendo, acostarnos y cuidar cuando enfermábamos y, por supuesto, la alimentación, la compra, llevarnos a la calle para tomar el aire y el sol y para que jugáramos, además de atender la casa, cosernos la ropa, hacer los cálculos para poder llegar a fin de mes, y, hasta, ayudar a papá en la imprenta que había adquirido. Y eso conllevaba que también tuviera que asumir, cuando era necesario, la labor de “la mala de la película”, pues si había que echar una regañina, a ella le tocaba también esa parte.

Supongo que de pequeños muchas cosas se idealizan. Papá estaba, también por el respeto que entre ellos dos se mostraban y así nos enseñaban había que respetar siempre al prójimo, de cierta manera idealizado para mí. De hecho, ¡creo que era empalagosa hasta la saciedad!, pero eso a él no le molestaba en absoluto. Cada vez estoy más convencida que ambos nos amaron y nos aman a todos, a los cuatro, con la misma intensidad. Aunque, quizás por aquello de ser la primogénita del matrimonio y ¡una niña! (algo tan peculiar para el resto de la familia, hasta entonces todos varones), mi madre tuvo y siempre tendrá una cierta predisposición a la hora de considerar a mi hermana mayor. Además, a mi hermana le corresponde el honor de llevar un nombre que da continuidad a una larga saga, prolongada antes por mi madre, y seguida después por su única hija. De igual manera yo (que según decían algunos familiares iba a ser niño para formar la parejita, pero que sin embargo alegró tanto a mi padre lo contrario que mi nombre es el de su única hermana -tan querida para él-), causaba ese efecto hacia mi padre (aunque sea algo que también la perspectiva del tiempo te ayuda a entender). Y lo contrario era, al menos de pequeñas, recíproco: mi hermana mayor muy "enmadrada", y yo bastante "empadrada". Luego llegó la tercera, con casi cinco años de diferencia con respecto a mí, y más tarde el pequeño, por lo que las cosas tuvieron que repartirse para cada nuevo vástago que nacía, por supuesto.

Y es que, vuelvo a repetir, no hay duda alguna que desde la primera hija hasta el último hijo que tuvieron, nos han amado todo lo que han podido amar y dar. Y mi madre, ella dice que con el apoyo de mi padre esté donde esté, sigue amándonos sin discriminación ni distingo y acude en auxilio de quién más lo precise en cada momento.

Pienso que mi hermana mayor y yo fuimos, en cierto modo, muy afortunadas. Afortunadas en el sentido de que fuimos las primeras de un matrimonio, una unión, naciente. Que aquellos matutinos domingos, para una pareja que iba conociéndose y conociendo lo que era convivir y formar una familia, causaba que nosotras dos fuéramos testigos directos de un día a día difícil para mis padres, pero que afrontaban con toda la ilusión que se puede afrontar una nueva vida llena de expectativas.

Ese estofado, aquellas canciones y relatos, aquel aroma de mi padre … aquellos matutinos domingos, ¡cómo olvidarlos!.


Publicado por Sina_Garcia @ 1:18  | Sina cuenta su Vida
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Publicado por peixes
Martes, 17 de marzo de 2009 | 20:03
A todos los hijos se los ama por igual...
Justo hoy estaba hablando de los hijos con un gran amigo...
Nunca se deja de quererlos y de ayudarlos...
Yo hac?a lo mismo que t?... los domingos por la ma?ana corr?a a la cama de mi padre para tenerlo s?lo para m?, aunque sea por un ratito...
Muy buenos recuerdos...
Un beso
Publicado por Sina_Garcia
Lunes, 01 de junio de 2009 | 3:37
Bien cierto, Peixes, querida Peixes.
Pero, sin embargo, los hijos no lo sienten as?. El motivo puede ser muy variado. En nuestro caso, mi hermana mayor fue a la que m?s tiempo y recursos mis padres tuvieron que emplear, pues desde beb? se detect? un problema que durante muchos a?os motiv? el que se tuviera cuidado con no s?lo lo que com?a, sino las chuches que se le compraban, el tratamiento a seguir, la larga lucha de mis padres para que su hija recibiera el tratamiento adecuado (de pago, claro); y es que sufre una alergia que caus? todo ello.
Por otra parte mi hermano, ?es el peque?o!, el juguete de sus hermanas en un principio y el "pr?ncipe destronado" al nacer sus sobrinos, sobre todo su primera sobrina, con la que se lleva s?lo seis a?os.
Cada uno de nosotros hemos recibido amor y cuidados. Eso es lo importante.
Publicado por Sina_Garcia
Viernes, 26 de junio de 2009 | 21:00
Donde pongo: "En nuestro caso, mi hermana MAYOR fue a la que m?s tiempo y recursos mis padres tuvieron que emplear, pues desde beb? ... y es que sufre una alergia que caus? todo ello."
Quiero decir HERMANA MENOR, que me acabo de dar?cuennn del equ?voco, ?es que las horas en las que me pongo, ni s? lo que me digo! Sonrisa