Viernes, 13 de marzo de 2009

Descubrí las pasiones del sexo antes de poder realizarlo o imaginarlo. Un niño, un bebé, puede jugar con su miembro viril, con su sexo si no es un varón. De igual manera los sueños y la curiosidad te hacen percibir “cosas” que si bien no entiendes, poco a poco van formando parte de ti. En mi casa nadie me dijo que pudiera ocurrirme algo si “hacía ciertas cosas con mi cuerpo”. Tampoco tenía que ir a confesarme, por lo que esa parte también me la salté. Había “muchos cuentos” que las compañeras del colegio, que las amigas, en círculos secretos se comentaban las unas a las otras al respecto de cómo era eso de “hacer el amor”. Muchas conjeturas y muchos equívocos. Me entristece saber que todavía hay muchos chavales que siguen pasándose de voz a voz bulos necios como los de "que si practican el sexo por primera vez o de pie, no se producirá un embarazo". Algo -o mucho- sigue fallando en este aspecto.

Mi primera experiencia de satisfacción sexual, de sexo como tal, fue conmigo misma. No creo que descubra nada nuevo, es algo habitual en la mayoría de los casos.

Eso, y la naturalidad con que ha de aceptarse el hecho de la masturbación, me hizo provocar tiempo después una reacción de total perplejidad cuando un ginecólogo que me hacía una revisión y, después, en un tono sarcástico, ante mis preguntas por el tema que me llevaba a su consulta, se limitó a responder: “¡oh, bueno, las mujeres se saben autosatisfacer muy bien!”. No tenía nada que ver con lo que le había preguntado y con la consulta en cuestión. Era virgen, sí, ¡pero no gilipollas!. Ahora, que ya no soy una jovencita tímida, en vez de perplejidad, esos ojos de viejo verde se hubieran tragado su comentario.

Tenía cierta edad cuando me llegó lo del “sábado-sabadete”. Todavía no había tenido relación alguna y, en cuanto supe el porqué de la expresión, ¡me pareció de lo más gracioso!. Esa simplicidad en las expresiones son las que más me gustan, será porque yo no puedo abreviar demasiado las cosas, aunque lo intente. Aquella expresión, sin embargo, pasó desapercibida durante bastante tiempo con respecto a mis recuerdos infantiles.

Un buen día me di cuenta que mi padre sólo descansaba los domingos. Que llegaba muy tarde a casa el resto de la semana y sólo el sábado podía dejar el trabajo algo antes.

Entonces comprendí el porqué de aquel aroma que me embriagaba y agradaba cuando me acurrucaba, casi tanto como el escuchar sus relatos matutinos de los domingos. Quizás ese descubrimiento podría haber causado un “pequeño shock”. No a todo el mundo le interesa suponer/imaginar a sus padres haciendo el amor. ¿Por qué?, ¿no es hermoso hacer el amor?, y, de no haberlo hecho nuestros padres, ¿seríamos “sin pecado” concebidos?. No, no tiene sentido el negarse a que algo que el hijo puede hacer, sus padres no tengan derecho a hacerlo. En realidad lo que me hizo detenerme a reflexionar era el hecho de que aquel aroma me atrajera. ¡Qué poco nos conocemos!, y qué semejantes somos a nuestros hermanos: el resto de las especies, pues un nexo común nos sigue uniendo. Somos lo que parecemos: materia, materia formada por muchos componentes. Entre ellos la razón; pero también nuestro pasado ancestral ha dejado, como herencia de la sabia naturaleza, otros componentes; componentes que nos van ayudando a estar preparados para facilitar la continuidad de la especie ... entre otros objetivos.

Publicado por Sina_Garcia @ 1:49  | Sina cuenta su Vida
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