Viernes, 13 de marzo de 2009

Los recuerdos de lo vivido en mi infancia se entrelazan con el día de hoy, con lo adquirido hasta hoy. Varios son los acontecimientos y anécdotas que han hecho que recapacite en lo que respecta a la mujer y a su percepción del sexo o del apetito sexual.

Vaya por delante mi reafirmación como feminista. No, no ensarto sobre un feminismo radical (sí, es cierto, querido y  “admirador secreto" J., hiciste bien al recordarme lo esencial, el sábado en la habitación del hospital: lo extremista, lo radical, es peligroso, y peligroso el dejarse llevar por la intolerancia). Me baso en la realidad que he vivido día a día: y la realidad es que falta mucho para que una niña o una mujer en muchos lugares, puedan tener los mismos derechos que un niño o un varón. También podemos hablar del hombre, en su conjunto, como especie, y en los derechos que cualquier hombre tiene y no posee. Por ello no puedo olvidar los radicalismos y otras muchas cosas, pero este tema tendría su propio artículo, largo y extenso, sobre el que discernir.

También dejo indicado que me voy a limitar a valorar y/o comparar a una mujer con respecto a un varón (o viceversa), sin considerar que en cuanto a tendencias sexuales ¡con dos tipos me quedo corta!. Simplifico lo posterior al tradicional trato de “hombre/mujer”, obviando todo lo demás.

Y, finalmente, que esto es una opinión personal y afectada, a modo de guiño chancero, sacando a colación algunas cuestiones que siguen causando curiosidad o desconcierto. Y muy particularmente a cierta amiga que me comentaba no hace mucho “lo gracioso que le había resultado la manera tan franca con la que me había expresado al respecto de los sueños y las ensoñaciones y, en concreto, sobre la masturbación de la mujer”.

¡Va por ti, guapísima!.

Me pregunto: ¿por qué un hombre puede expresar sin titubeo alguno con sus colegas las pajas que ha podido hacerse o dejar de hacer o las veces que ha mirado una minifalda, unas piernas bonitas o unos pechos agradables de una mujer, y es algo “natural”?, tan normal como la propia naturaleza humana, ¿verdad?. Incluso aun siendo expresado delante de su pareja, otras parejas, mujeres en general.

De idéntica forma, ¿por qué entonces, cuando comentas con tus colegas féminas -estoy hablando de la realidad, no de un episodio de “Sexo en Nueva York”- sobre tu masturbación hay cierto desencajado de mandíbulas entre parte de las asistentes?. Y no digamos si ese comentario se realiza ante tu pareja, otras parejas y otros hombres en general.

Por supuesto no me refiero a una reunión de amigas de aquellas que, a semejanza de la serie televisiva, van parejos sus pensamientos a la par que tus labios detallan tu vida íntima, y, por ello, no se alarman.

En el segundo caso de los que me he planteado, es muy común que el hombre, o, una gran cantidad de varones, se sienta, al menos, incómodo. Y puede que todo quede en una serie de risas o risitas que no parecen sino evidenciar que el comentario o comentarios “entra” dentro de lo “aceptado” en un grupo de hombres. En el primero, aunque también la mujer, algunas/muchas mujeres se sientan incómodas, pocas se retirarán raudas con un apresurado: “voy aaaa … por una copa/hablar con fulanito/fumar un cigarro” (una salida muy habitual de un hombre ante esa clase de conversación: la masturbación de una mujer que tienes enfrente, quizás una amiga o compañera de trabajo que vas a seguir mirando o viendo con posterioridad).

En esta España en la que vivimos, el hecho de que una mujer se acostara con varios hombres, sin ejercer la profesión de prostituta, indistintamente estuviera casada o no, ejercía una atracción encubierta para muchos hombres que anhelaban “sus favores”, aunque por parte de los unos y de los otros se la calificara de puta (así, ¡a palo seco!).

Ya sabemos que hay “ninfómanas”, cuyo hechizo por parte del sexo opuesto es latente y lógico. También descubrimos no hace mucho que el varón puede sufrir un “exceso en su adicción al sexo”. Lo cual me lleva a una posible conclusión: ¿en ambos casos se trata de lo mismo, de una adicción al sexo?, es decir, ¿no sería, entonces, el mismo tipo de necesidad/problema/cuestión o enfermedad?.

La libido en una mujer, así como su masturbación, puede ser un tema fascinante para un hombre e, incluso, un motivo de excitación (también lo puede ser para una mujer perfectamente “normal”, es decir, que no sea lesbiana, y está no sólo demostrado, sino que es natural que así sea; ahora bien: ¿cuántas lo admiten?). Pero el hablar de ello, como de cualquier otro tema en un grupo de seres de diferentes sexos, no siempre es aceptado. Al menos no por todos.

Lo que me sigue llamando la atención es que esa negación (rubor, pudor, embarazo) al hablar con naturalidad de esos temas cuando es la mujer quien los comenta, aunque sea en un círculo formado sólo por mujeres, se siga dando.

Hay mucho detrás que pesa como una losa: educación, religión, …, hipocresía ante lo “aceptable” para unos y lo que sigue siendo, de modo “oficioso”, impronunciable para otras.

De repente surge otra cuestión: “es que la mujer necesita tenerlo en mente, sentirlo, no es hacerlo sólo por hacerlo”. Palabras dichas por una mujer.

¿? … Digo yo; ¿no tenemos necesidades físicas?, ¿acaso las mujeres somos un “bicho raro” al que se le ha desnaturalizado?.

Bien, no todos los casos son iguales. No todas las mujeres (como sucede con los hombres) tienen las mismas necesidades. Esto nos lleva al principio de nuevo. ¿La mujer que practique sexo sin haberlo pensado antes, sin que en ese momento esté haciendo el amor, sólo porque quiere hacer sexo, es una prostituta?. Y los hombres practican el sexo sin “tenerlo en mente”, “sin sentirlo”. Es decir, ¿los hombres no tienen sentimientos?. El hombre tiene cerebro (me ahorro el chiste de la neurona), el cerebro es el que impulsa los sentimientos. ¿Todos nacen con una tara para que esa parte del cerebro no les impulse a sentir que hacen el amor?, ¿que sólo practican el sexo como si practicaran un partido de golf?.

Creo que, seguramente, en cuanto al sexo -o llámale amor- somos diferentes (o no -y si somos distintos, también eso tiene su atractivo pues ello nos permite la fascinación hacia “la otra parte”- ), y a la vez ¡tan peligrosamente iguales algunos con respecto a algunas!, que causa cierto temor.


Publicado por Sina_Garcia @ 2:23  | Sina y sus Vivencias
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Publicado por peixes
Martes, 17 de marzo de 2009 | 20:22
Qu? decir... si ya lo has dicho todo... s?lo que el mundo es muy machista a?n para aceptar este tipo de comenterios de una mujer... ha sido as? por tantos siglos que llevar? unos cuantos a?os m?s todav?a cambia la mentalidad del ser humano... lo importante es algunas mujeres, como t? lo haces, empiecen y de a poco, muy de a poco se realizar? el cambio...Sonrisa
Sigue escribiendo...Gui?o