S?bado, 04 de abril de 2009
Amada hermana:
Todos sabemos que tú has sido el espejo en que debía mirarme. Por ser la segunda, me correspondía seguir tu camino. Para mamá fue una decepción el que yo no quisiera hacer Secretario
(aunque, al final aprendí a amar el oficio y así transmitir el trabajo que antes realizaban los reconocidos secretarios, para poder mejor explicar las ideas a los alumnos y mover sus inquietudes), papá, sin embargo, comprendió que yo tuviera otras inquietudes.
Hemos compartido, al ser tan próximas en edad, todo ... o casi todo. Al menos, lo que hasta ahora me has dejado compartir. Yo, lo sabes, siempre tendré cualquier cosa que sea también tuya. Entre ellas, mi cariño incondicional.
No entendimos tu actitud al contar lo que nunca, ni tan siquiera a mí -pues todo lo que había que decirnos nos lo contábamos, secretos o no- habías contado y, sobre todo, el momento que elegiste.
Después, analizando las circunstancias, entiendes los porqués. Sin embargo eso no hace sino que sea más doloroso que lo que fue para todos, en especial para papá. Y duele porque eso te ha dejado marcada, aunque no quisieras concretarme cuando te lo pedí.
Nadie te lo reprocha, informada como estoy he comprobado que es muy difícil que pudieras en aquellas semanas en las que tu vida cambiaba profundamente el poder controlarte. Alguien que siempre ha de tener todo a su alrededor ordenado, apuntado y lustroso, se pierde ante un cambio tan profundo como el de ir a vivir a otro lugar. Y, por ello, que no pudieras tener en cuenta que no sólo te acompañábamos para que no fuerais solos allí a instalaros, sino el modo en que papá viajaba, pensado, ¡que por fin, ya en su jubilación!, podría vivir al lado del mar.
Pero eso también pasó, como nuestra niñez y juventud siempre juntas. Y no tendría sentido el comentarlo ahora, si no fuera porque tu obsesión por el orden y tenerlo todo bajo control, te va quitando el control de tu propia vida. Del disfrute de tu vida y de lo que tienes: una preciosa hija y un esposo que te adora. Y no es para menos, pues tienes un gran corazón aunque parezca que ocultes el que tenga sentimientos.
También tienes al resto de la familia. Para cuando nos necesites de nuevo, sabes que estaremos allí dónde nos precises.
No, no quiero decir que estas sean las últimas palabras que te diga. Las puertas de casa están abiertas, como el teléfono guarda tu número en la primera de las memorias y nuestros corazones los tienes también. Con este escrito respeto tu silencio hasta que tú lo creas conveniente, como ya hace tiempo hemos entendido que debemos hacer.
Dicen que el amor es ciego, y es una frase muy hermosa. También hay ciegos que no ven el amor que les rodea. Y esto es muy triste, pues no pueden ser felices. Yo sé que he llegado a este punto y he pedido que me ayuden a "recuperar la vista".
No puedo ni debo aconsejarte lo que has de hacer o dejar de hacer. Sólo puedo decidir sobre mi vida, que es la que me incumbe.
Siempre en el corazón (y en el de todos, en especial, muy en especial, en el de mamá ),
             Sina, tu hermana



Publicado por Sina_Garcia @ 1:27  | Sina y sus Vivencias
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