S?bado, 04 de abril de 2009
Haceeee ¿tal vez el mes? que no me ponía al teléfono, que usaba a mi madre para esconderme de mis amigos y de las llamadas de primos y tíos. Hoy he vuelto a descolgarlo. Ha sido un momento muy complejo pues me ha sido difícil contenerme, pero a quién he llamado, ¡mi amiga, amiga del alma, Pepa!, sabía que de no poder controlarme lo entendería.
El llanto a flor de piel y el desencanto de no sólo no ver cómo de nuevo podría (o puedo) remontar, sino el tener la sensación de que esto de "volver a seguir en el mundo" me había dejado de interesar, pues mi decisión había sido tomada, me había llevado a no poder ni tan siquiera tener ideas ... entender conceptos ... asimilar lo que los demás me decían y que no he podido ser capaz de captar ante una nulidad absoluta de mi mente, de mi falta de funcionamiento mental ... de mi apatía y abandono.
Ha sido duro. Y corto; muy corto el tiempo que he podido aguantar con el teléfono en mi mano, ¡parecía que mi mano mantuviera un peso insoportable!. Pero no, es mi estado el que me causaba tal
sensación. Ella lo ha entendido, ha entendido mis silencios, mis ahogos para no romper a llorar y, finalmente, mi llanto. Quiere verme, aunque no hable, sólo la escuche y vea jugar a su precioso retoño. Quiere verme, al igual que el resto que, como me ha confirmado, ha respetado mi silencio y lejanía, aunque no les parezca conveniente.
He cedido, vendrán, poco a poco; un café en casa, una conversación -si se puede-, un momento de unir de nuevo almas de personas que han seguido y siguen estando ahí, en espera de cuándo yo decidiría llamarles; deseosos de llevarme a una terraza y, bajo la arboleda de nuestro lugar favorito, tomar cualquier cosa para hablar o simplemente callar y dejar que se cuenten las almas entre ellas lo que a veces las palabras no saben contar.
Sé que ese es el buen camino, tendré que ceder. No basta lo que me había planteado, pues consigo lo que no es justo que cause: el daño a los que quiero y me quieren.
He vuelto a abrazar a mamá, a besarla y a llorar junto a ella. Nadie que no haya caído a un precipicio del que no pueden rescatarte podrá entender lo que estoy escribiendo. Me basta con que yo lo comprenda y pueda hacerlo.
Sólo quien pierde la salud la puede valorar. La salud física y la salud mental están indiscutiblemente unidas. Si una falla, la otra se resiente. Y todos tenemos un límite de aguante. El mío, para mi perjuicio, ha sido demasiado dilatado. Muchos años, demasiados sí, hasta llegar a esta situación.
Hoy, también, gracias a otro amigo, un sabio y gran amigo, y sus palabras en respuesta a un mensaje que le envié, me ha hecho poder vislumbrar lo que ni tan siquiera esta mañana podía indicar -ante su insistencia- a la "terapeuta": no he de seguir manteniendo mi absurda actitud ("No te disculpes ante nadie, no le des explicaciones a nadie. Fuiste lo que fuiste, y ahora eres lo que eres... A quien no le guste, puerta..!")
Hay muchas otras palabras meditadas en su texto que me han hecho volver a recapacitar (un ejercicio mental que ya no usaba), y lo que he transcrito, curiosamente, es algo que ya me comentaron tiempo atrás. Tiene que haber un motivo y hoy me lo ha vuelto a repetir la "terapeuta": me siento culpable de no ser como era antes.
Un día, pues, muy, muy denso. Espero hacer los deberes que para esta semana me han vuelto a poner: quererme más.
¿Seré capaz esta vez de quererme como ellos quieren?.
El otro día en la visita al cementerio después de ver, tocar y besar y adecentar (como siempre hace mamá, al igual que el ritual de las mujeres manchegas que refleja Almodóvar, quizás por herencia de las tradiciones de sus antepasados) la placa del columbario que contiene las cenizas de mi padre con la frase que se escribió con todo el amor en el tanatorio ante la solicitud de los de la funeraria, nos sentamos mamá y yo en un banco a la sombra del pequeño jardín que hay justo enfrente, mirando el columbario adornado con las flores frescas que le acabábamos de poner. Ante mi pregunta de: ¿mamá, por qué no comemos aquí?, pues llevábamos bocadillo y bebida para la vuelta en previsión, me miró absorta. Le expliqué que sería como comer con él. Tardó bastante en "digerir" aquello que le proponía y al final aceptó. Estuvimos sentadas, era mediodía y sólo las familias de grupos de gitanos estuvieron tanto tiempo o más junto a sus muertos, o al recuerdo de los muertos.
En ese momento, como ya dije en un artículo anterior, sentí "envidia". Envidia de la paz de los muertos. Envidia porque ya no tenían que convivir con aquellos que igual no habían querido, porque nadie les molestaba, porque ya no debían tener sentimiento alguno, dolor ni sufrimiento. Eso me alivió, pues mi padre también estaría "en buen lugar", reviviendo quizás su vida, sin dolor, sin sentir, como puede suceder, el abandono de los hijos cuando el progenitor se hace mayor, el dolor de nuevo, el dolor de los sentimientos.
Pero esto no es lo que esperan de mí. A todos nos golpea la vida. Dicen que sí, que era fuerte y que puedo serlo ahora. Que lo correcto es vivir. Pensar en vivir. Vivir para pensar, para sentir lo bueno que puede seguir habiendo y aceptar lo inevitable, asumir mi situación.
Ante este dilema, hoy, que también ha sido el cumpleaños de una estupenda persona y amiga, me he visto "obligada" a tener que plantearme otra opción. He sido, hasta lo que he podido aguantar, una Sina juguetona. También porque ella se merecía ese pequeño -o no tan pequeño- esfuerzo, pero ha sido por ella y también tiene que ser por mí. Asumiré la lucha que aún me queda por llevar adelante. Dejaré que se acerquen de nuevo los vivos. Volveré a intentar remontar otra vez, asumiendo como soy ahora. Tendré que mirar los ojos con quienes hable. Buscaré en cada detalle hermoso, por pequeño que sea, un motivo para poder parar a disfrutarlo. Recuperaré mi cámara, olvidada en el cajón, para fotografiar al mundo. Me dejaré contagiar por la alegría de ellos. Me dejaré querer, aunque yo no haya dejado de querer, sin embargo. Me querré como soy ahora ... en algún momento ... con el tiempo ... llegará ...
Aunque todo es relativo. Quedé avisada y sigo estándolo. Igual, o no, vuelvo a dejar de sentir la vida, vuelo a esa cueva en la que he estado, sin encontrar la salida. Sólo el tiempo tiene la respuesta. Siguiendo con mis deberes, dejaré transcurrir el tiempo. Yo tengo otras cosas que hacer, los deberes de la semana.

Publicado por Sina_Garcia @ 3:16  | Sina y sus Vivencias
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Comentarios
Publicado por peixesark
Jueves, 09 de abril de 2009 | 1:26
Sigue haciendo los deberes, amiga, que es una tarea diaria que nunca termina... busca la felicidad en la peque?as cosas, que al fin y al cabo eso es la felicidad, peque?os momentos de alegr?a... y com te ha dicho tu amigo (que me imagino qui?n es ) al que no le gusta... puerta...!!! y a otra cosa...
Yo no te conoc? antes, te conoc? ahora, conozco a esta Sina y la quiero mucho... no cambies por nadie... nunca... s?lo por t? misma
Te quiero, amiga... un besote...