Lunes, 13 de abril de 2009
Ella estaba apoyada en el mostrador de la recepción, hablando con un compañero entre café y café. Miró a la nueva secretaria, apenas hacía dos meses que se había incorporado a su puesto de trabajo. Esa chica le caía bien, era alegre, abierta, de esa clase de personas que transmiten buena energía, bastaban unas pocas frases cruzadas para saber que era una chica con la que poder congeniar. Su boca esbozaba sonrisas sin artificio, cuando se reía lo hacía abiertamente, era prudente cuando tenía que serlo. Ella pensó en su afinidad a la hora de relacionarse con la gente y por ello se había quedado con su nombre, pese a su falta de memoria para ese tipo de detalles. La joven estaba ojeando una revista de una agencia de viajes con el ceño algo fruncido. El compañero se alejó, tenía ya que retomar su trabajo.

Ella también debía continuar con su jornada, pero demoró unos minutos de su tiempo para preguntar algo como atraída por ese movimiento brusco del pasar páginas y por entender que la muchacha no tenía un buen día: -¿Qué estás mirando?. -No, nada en concreto. -Parecen viajes, ¿te vas con tu chico?. -No, dice que prefiere ir a recorrer América, ¡claro, como a él le sale más barato!. -¿Entonces te vas con tus amigos?. -No, me voy sola. -¿Sola?, pero, ¿adónde?. -Un viaje organizado de esos ... hummm, no sé, me gustaría conocer algún lugar distinto, pero no muy alejado. -Es buena idea. -¿Te gusta viajar?. -Sí, mucho. -¿Te vendrías conmigo?. -Puessss, sí ... no tengo planes ninguno, ¡sí!, ¿adónde iríamos?. -He visto que hay muy buenas ofertas para Túnez, por eso del atentado ha habido muchas cancelaciones y estoy curioseando los hoteles y recorridos que me han dicho. -Bueno, por mí vale, no lo conozco y sería bonito conocer la cultura de un país del que "procedemos" -dijo ella con una gran sonrisa- ¡luego me cuentas que ya voy tarde!. Lanzó con rapidez el vasito de café vacío y se abotonó la bata, pues ya sabía que dentro haría un frío tremendo y eso le ocasionaba problemas con su garganta.

Apenas dos citas para visitar la Embajada y la Oficina de Turismo del país y la obligada para abonar el importe del viaje a la agencia y ya había comenzado el mes de agosto y con él, el cierre del centro y ¡las benditas vacaciones!. -¡Túuunezzzz!, circuito cañero, sin parar apenas, suena bien, ¡lo que este año necesitaba!- se decía según la fecha se aproximaba. Los compañeros se habían quedado perplejos: ¿pero si apenas os conocéis, cómo se te ocurre irte de viaje si ...?. -Tonterías, a veces te lo pasas mejor que con los que ya conoces, ¡y me gusta la idea y el viaje!.

No estaba equivocada, ese viaje tendría muchas anécdotas que pudo después comentar y recrear, muchos carretes que enseñar (a excepción de uno que calló en la arena del desierto al sacarlo de la cámara y que no se pudo rescatar pues la arena lo engulló ) en fotografías que pasaron por muchas manos admirados de la belleza del país. Muchas cosas, muchas que recordar ... ciertamente especial, aunque hubiera viajado antes y siguiera haciéndolo después, y todos le asombraran. Solo que en ese, ella llegaría a "tocar el cielo".

Las dos llegaron al Aeropuerto de Túnez ya tarde, eran las últimas del grupo que se había formado entre gente de diferentes lugares de España. El guía tenía un cartón enorme con los nombres de ambas y detrás al resto como un rebaño bajo control. Ella estaba pendiente de arrastrar su maleta, de sujetar los folletos que le habían entregado y documentos que acababa de presentar, apenas se percató de la subida al autobús que les llevaría al primer hotel, en la propia capital y del saludo que el guía había dado a ambas. Ya en el autobús, por la noche tunecina, ella seguía intentando guardar un documento que no encajaba en su mochila, cuando minutos antes sí había entrado.

El guía de pie, agarrado a las barras evitando caerse con los movimientos de la chatarra de autobús que tenían asignado, hablaba sin parar. Algo de quienes formaban el grupo, algo de normas que cumplir, ¡madrugón, madrugón, madrugón!, era lo único que ella parecía había captado, pues estaba ya sentada y abstraída intentando a través de la ventanilla descubrir aquella maravillosa ciudad que se veía ya dormida. Entonces preguntó a su compañera: -¿Cómo dijo que se llamaba?, ¿Javi, tendrá ascendencia española?. -¡Ohhh, no, Habib, Habib!. Y las dos soltaron una carcajada, como ya era común en aquellos apenas quince días entre la conversación de la recepción y esa noche ya en el autobús. El guía miró y ella le miró a su vez, entonces se percató entre las luces y las sombras que entraban del exterior que era un hombre joven, sobre los treinta, alto y fuerte, sus ojos marrones, no eran negros, eran marrones, lo supo porque él estaba muy cerca cuando la luz resplandeció en su cara, piel curtida por el sol, sin ser oscura, de rasgos árabes y con una cuidada barba y bigote. Ella le mantuvo la mirada y entonces se dio cuenta que él sonreía y le preguntaba: -¿Señorita, alguna duda?. -Sí, ¿este va a ser nuestro autobús. -Bueno, si me hubiera escuchado hubiera comprobado que esa pregunta ya está respondida, pues sus compañeros me preguntaron lo mismo y les he indicado que de desear un cambio, pueden comunicárselo a su representante de la agencia que nos espera en el hotel, ¿alguna cosa más?. -No, gracias. Ella se giró hacia su compañera mientras el guía avanzaba hacia el final del autobús ante otras preguntas más originales que el resto del grupo le hacían. Entonces aprovechó y dijo bajito: -Pues sí tenía otra, ¡pero me lo estoy pensando!, y es que no he traído despertador. -No te preocupes, que ha dicho que él "tocará diana" por el teléfono todas las mañanas; mañana, por ser el primer día se va a portar bien y nos llamará a las seis. Se miraron, abrieron ojos y boca en gesto de chanza y volvieron a reír, aunque en un tono menor, ¡el viaje había empezado y estaban felices, pese al autobús!.

Según llegaron al hotel, todos fueron en avalancha para intentar cambiar el autobús, ella ya no luchaba con su maleta. Les habían recibido con un refrigerio y cada maleta había sido subida a la habitación. Estaba parada, en medio del majestuoso salón. Se había quedado sola, el guía estaba próximo al grupo por si precisaban algo, pero sólo discutían con el representante de la agencia de viajes. Ella giraba lentamente admirando la bellísima decoración, calculando cuánto costaría un hotel así en su ciudad, ¡nunca lo podría haber pagado! y absorta, ensimismada en sus pensamientos, casi "se traga" al guía que pasaba camino de uno de los ascensores. -¿Ya no está interesada en cambiar el autobús?. -¿Qué?, ¡oh, si a cambio vamos a estar en hoteles como este, no!. -No, no serán como este, serán mejores; les han prometido que en compensación harán un viaje de categoría superior, la máxima, aunque no tengan aire acondicionado en el autobús. No es posible, no lo hay disponibilidad. -Bien, no hay problema, siempre llevo abanico. Él sonrió y siguió su marcha, sin volverse y usando su perfecto castellano comentó: -Cuando quiera puede pasar al comedor, dígaselo a su amiga, así terminarán antes y podrán descansar algo más.

¿Descansar, dormir?. Las dos cenaron, subieron a la habitación, una ducha rápida, cambio de ropa y ¡a recorrer la zona! que parecía muy ambientada, ya que se encontraban en la capital por esa única noche en principio, ¡había que ver ese ambiente!. El paseo fue un tremendo fracaso. Sólo había hombres en las calles y, las aceras eran para ellos; a empujones disimulados las dos terminaban de una manera o de otra en la mismísima vía expuestas al tráfico que podía en cualquier momento jugarles una mala pasada. Parecía un complot. ¡Se ofendieron, se sintieron humilladas, indignadas y ... derrotadas ante "aquellos bárbaros machistas"!, regresaron sin dejar de comentarlo con paso acelerado hacia los ascensores; en un rincón con un conjunto de sofás que parecían traídos de un palacio persa, "Javi", junto a un par de matrimonios del grupo, estaba tomando una bebida. Se levantó. -¿Les dije que podían salir a la calle?- parecía más enfadado que ellas y eso que no le habían contado aún nada. Ella se volvió y acalló a su amiga adelantándose con un: -No, ¿tendríamos que haberlo sabido?. -Sí, si vienen a un país, a una ciudad, con unas costumbres que deberían conocen y salen como dos bellas jóvenes con vestidos veraniegos a la una de la noche, ¿o acaso no avisé durante el camino que no en todos los lugares que visitemos pueden decidir "ir por su cuenta"?, soy responsable de ustedes. -Gracias por recordarnos en qué lugar estamos- respondió ella y su amiga remató: -Nos han tratado como si fuéramos perros, nos echaban de la acera, sólo queríamos pasear, nada más. -Disculpen mi tono. Pero he perdido un tiempo precioso para otras cuestiones y tenemos una semana que aprovechar. Buenas noches, voy a dormir; mañana tengo que despertarles. Ellas iban a dejar que subiera en el ascensor, pero él hizo un ademán cortés de paso, hubo un segundo eterno. Era una lucha entre la cortesía de géneros y "que pase él antes". Aunque cedieron ante su insistencia en el ademán repetido y entendiendo que no tenía sentido esa terquedad “de pataleta”.

Ya en la habitación ¡hablaron y hablaron pestes y más pestes de aquellos hombres, que parecían ... sí, eran los mismos, sin duda eran siempre los mismos los que las empujaban fuera de la acera!, ¿habrían obrado así por motivos de discriminación, por mofa ante dos "turistas panolis", por simple juego?. Al final cayeron dormidas, agotadas y con la conclusión “más ocurrente”: ¡todos los hombres son iguales!. Por la mañana el teléfono estridente y un rápido: -Buenos días, en 15 minutos les espero en el comedor. Instrucciones a añadir mientras cenaba el grupo: nunca, nunca debían dejar que cogieran sus maletas ni que las bajaran. Por supuesto que era obligación del hotel el hacerse cargo de ello, pero eso demoraba el tiempo de entrada y salida de cada hotel y "Javi" no iba a esperar en ningún caso a localizar una maleta extraviada entre una planta y otra. Con el desayuno copioso para prevenir la larga jornada y la pamela enorme caída sobre la espalda y atada con una cinta que le apretaba el cuello con el respaldo del asiento, ella llegó "de milagro" al primer lugar del recorrido: unas maravillosas ruinas de la época romana. Se habían propuesto ser las primeras en cualquier parada en bajar del autobús para así tomar las mejores fotos, pero el guía las detuvo y presentó a un grupo de chicas catalanas que también viajaban "solas ... que iban sin chicos". Les pareció muy bien, pues el resto eran matrimonios de diferentes edades, algunos con hijos casi de la misma edad que las dos muchachas, y otros eran grupos con parejas formadas.

Nada más bajar parece que a las otras cuatro chicas se les olvidó lo que el guía les había propuesto: actuar de forma conjunta en cualquier ocasión, por lo que decidieron continuar con sus bromas, risas, fotos y olvidar si se alejaban o no, sólo era cuestión de que quisieran acercarse o de que las dos amigas lo intentaran en otro momento. Había una cuesta que bajar para poder llegar a la joya del conjunto arqueológico: el anfiteatro. Ella, enfundada en su pamela y bebiendo agua con cierta insistencia se sintió aliviada por el dejarse llevar por la ley de la gravedad. Un susurro escuchó al adelantarles el guía: -No beban demasiada cantidad; después las paradas son muy cortas y los lavabos de señoras muy lentos. Su amiga soltó una carcajada y ella también, pues como le confesó al oído: -Y ellos también muy cortos y luego demasiado rápidos en el momento culminante. Entonces se le oyó a lo lejos, con su zancada recorría el espacio en un tiempo muy superior. -¡Señoras, señores, reúnanse por favor, he de contarles la historia de este grandioso monumento!. Señorita, intente dejar algo de agua para después. Ella casi se atraganta.

Publicado por SINA_LU @ 1:17  | Relatos
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Comentarios
Publicado por peixes
Lunes, 13 de abril de 2009 | 14:50
Qu? prometedora est? esta historia....!!!
No puedo esperar para leer el final....
Publicado por Sina_Garcia
Lunes, 13 de abril de 2009 | 18:34
?Cucaaaaa!, que t? has le?do "La pasi?n turca", me parece.
?Pues a esperarrr!, porque (sin comparar los textos, ?por favor!, comparar una obra de ese "encantador de palabras, es casi un pecado) es mucho m?s dulce, aunque no menos pasional Vacilando
Lo que no s? es si "ser? apto para menores", ahora, largo, largo, ?qu? le vamos a hacer, es un relato! Muchas risas