Martes, 26 de mayo de 2009

¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?

Había una vez una gallinita a la que desde pequeñita le gustaba coser. Tenía muchas aficiones y una de ellas era la costura, algo que había aprendido observando a la abuelita gallina y a mamá gallina desde muy tierna edad. Por eso, y por todo lo que durante los años previos había acontecido, aquello que estuviera relacionado con sus aficiones le interesaba. También se había educado en distintas escuelas nocturnas y pasito a paso, con gran esfuerzo, para aprender un oficio en el que se precisaba manejar máquinas, máquinas que le abrieron un camino distinto al habitual entre los miembros hembras de la comunidad y que, posteriormente, le mostrarían otro mundo hasta entonces desconocido.

Una vez, cansada y aburrida por no tener ya quehacer ninguno, se paró a mirar una máquina a la que llamaban “la caja tonta”. Fue un momento muy especial pues, desde hacía mucho, algo le interesaba de aquella máquina. Y se quedó a verlo, y rió, y se sintió tan bien que decidió ver al día siguiente lo mismo, al otro también, y así, se quedó prendida de aquel evento y hasta sintió de nuevo la curiosidad (una cualidad que tenía algo relegada) por averiguar detalles de aquel ser que le había despertado las ganas de usar la máquina, que en su oficio había utilizado, de nuevo.

Y entonces fue cuando descubrió un mundo mucho más interesante que en el que se sentía presa: la máquina, que hasta ese momento sólo había utilizado para realizar tareas propias de su trabajo, le posibilitaba aprender detalles de no sólo el evento, el ser que le hacía reír, sino que además podía intercambiar impresiones de todo aquello con otros gallináceos de lugares distantes, ¡incluso se permitía el lujo de hacer bromas respecto a cómo le gustaba el plumaje color berenjena que aquel ser usaba de vez en cuando!, haciendo referencia a un color que a ella le gustaba, como gallinita al fin y al cabo algo coqueta, para usarlo en su plumaje interior.

Un día, después de muchos jugando a ese juego, surgió un cambio y fue para bien. Otro gallináceo distinto a los demás destacaba por muchas cualidades y, la gallinita, siguiendo con el juego comenzado, continuó compartiendo juegos también con aquel nuevo compañero de pasatiempos. De igual manera, para la gallinita cada uno de los gallináceos eran como los alfileres de su costurero: valiosos por su cometido, y hasta tenía preferencia entre ellos al igual que prefería su alfiler especial de entre el resto.

Como era común en los últimos años, las cosas solían complicársele y así sucedió de nuevo cuando, entre juego y juego, en el pajar -lugar en el que se refugiaba-, calló por descuido su costurero esparciéndose todos sus elementos, entre los que se encontraban los alfileres que con tanto cariño guardaba, pues en realidad ya no les daba tanto uso.

Aquello fue muy doloroso pues al agacharse a recoger lo desplomado por intentar rescatar lo antes posible ese alfiler tan precioso, el gallináceo que había encontrado también se había perdido y no pudo dar con él.

La gallinita, que en un principio reaccionó enfurecida por tales hechos, con posterioridad comprendió que la cólera empleada al inicio le afligía, pues había perdido un tiempo valioso que, de haber reaccionado con reflexión si no se hubiera encerrado ensimismada con aquella dispersión del costurero, posiblemente hubiera evitado aquella pérdida.

Después surgió el abatimiento y, más tarde, una desespera búsqueda. Y así se sumergía buscando una y otra vez aquel alfiler particular, creyendo que con ello todo volvería a ser cómo en los últimos tiempos, mientras mantenía la máquina de los juegos encendida y procura mantenerse distraída con los juegos que le proporcionaba.

Todos en el corral consideraron que era otra de sus rarezas de las muchas que cada vez cometía con más frecuencia. Si, la misma gallinita no se reconocía desde hace un tiempo. Antes de encontrar gracia a la “caja tonta” ya no era la misma. Sólo la mamá gallina comprendía las diferentes fases por las la gallinita iba atravesando y, en vez de encontrar rasgos de locura como el resto, le insistía a persistir en cualquier lucha, tanto la que día a día tenía que afrontar en la granja y con su entorno, como el que volviera al pajar y siguiera con la máquina encendida compartiendo juegos y hasta buscando pacientemente alfiler por alfiler hasta encontrar aquel tan ansiado, pues como mamá gallina decía no debía perder ni la ilusión ni aquel lugar en el que era feliz.

No, no, la gallinita ya no quería el alfiler para dejarlo en el costurero; sólo necesitaba encontrarlo para que el alfiler no se sintiera abandonado (algo que tampoco concordaba con una gallinita cuerda), pero sentía que debía de hacerlo. De hecho, descartaba cualquier otro objeto que no fuera un alfiler y si lo era, entonces se paraba, palpándolo al mismo tiempo que la máquina de juegos estaba encendida y jugaba con ella, percibiendo algún rasgo particular del alfiler hallado que le confirmara si era el buscado. Por si las dudas se quedaba, muy cuidadamente, con aquel que se asemejara.

No cesaban los rumores y las críticas: “no es coherente lo que haces”, “¿y si el alfiler no quiere ser encontrado?”, “¿acaso has considerado el derecho a la intimidad?, ya conoces nuestras reglas: ningún ser vivo o inerte que exista en la granja ha de ser usado, manipulado o acosado sin su permiso o, en su defecto, sin el consentimiento de los derechos de su autor o creador”, “¿y por qué tener la máquina encendida?, ¿qué necesidad tienes de usarla?, ¿acaso no hay otras distracciones en la granja?, “¿te has parado a pensar que el pajar no es tuyo e invades la privacidad de otros?”, …

Muchas veces esto mismo ella lo había considerado, pero por encima de todo estaba su necesidad de seguir usando su refugio, aunque fuera del resto también, y usar la máquina y jugar, y, por supuesto, continuar buscando ese alfiler tan especial.

Tal actividad incluso le llevaba a usar horas inusuales para entrar en el pajar, antes de que el gallo centinela alborotara a todos con su canto recordatorio del comenzar un nuevo día, momento hasta el cual no se consideraba fuera prudente el que la gallinita estuviera en el pajar y además perdiera horas de sueño.

Pero quizás, para entender el empeño de la gallinita deberíamos remontarnos al verdadero principio de la historia...


Publicado por SINA_LU @ 0:05  | Relatos
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Comentarios
Publicado por SINA_LU
Martes, 26 de mayo de 2009 | 0:26
Para quienes hayan le?do un art?culo semejante hace apenas unas horas: estaban alucinando.
No, lo cierto es que estaba en pa?ales y en espera de ser publicado, pero no he podido ponerme de nuevo hasta ahora y el art?culo fue publicado por error.
Ahora s? est? (la primera parte del relato) publicada con la "coherencia" con que quer?a se redactaran las vicisitudes de la gallinita.
Mis disculpas a quien pueda haber causado perplejidad (o como dir?a el otro, quiero decir Eto?o: que disculpas a quien pudiera haber ofendido -aludiendo a su famosa frase-, aunque en realidad no hay disculpas que valgan, en mi caso deseo aclarar; pues soy consciente de lo que este blog implica y si alguna gallinita -concretando- pudiera sentirse aludida, ?ser? por pura similitud!).
Saludos.
Publicado por peixes
Mi?rcoles, 27 de mayo de 2009 | 22:10
Genial historia.... creo reconocer al alfiler perdido... ojal? lo encuentres...
Un beso grande y espero la segunda parte....
Publicado por SINA_LU
Mi?rcoles, 27 de mayo de 2009 | 23:18
Peixes, hermana, ?qu? alegr?a verte hoy!:
Me gusta que te agrede, pero no, un alfiler perdido para una gallinita en un pajar puede ser muy complejo el poder encontarlo Sonrisa
Aunque, queda mucha historia, mucha (y ya, ya, he de seguir el relato tambi?n sobre "Tocar el Cielo ...", pero me surgen las palabras y, con ellas los art?culos, seg?n el d?a; aunque el material est? en borrador).
Un beso grande tambi?n para ti.
Publicado por SINA_LU
Jueves, 28 de mayo de 2009 | 5:55
Pececito:
Donde figura "agrede", es "agrade" Sonrisa Gigante
Publicado por SINA_LU
Viernes, 29 de mayo de 2009 | 4:59
El texto del relato ha sufrido peque?as modificaciones, por exigencias de la autora.