Martes, 15 de septiembre de 2009
Si no podéis eliminar la injusticia, por lo menos contádsela a todo el mundo"
(Alí Shariati, sociólogo iraní )

Este artículo no se iba a publicar. Era un mero borrador, una reflexión sobre la violencia. Transcurrió el 11 de septiembre y pensé dejarlo definitivamente.

He recibido un e-mail hermoso, muy hermoso, de mis vecinos, a quienes considero mucho más que mis vecinos, pues me conocen desde pequeña y sé que más allá de un simple tabique puedo contar con ellos para lo que necesite. Basta un toque a su puerta, ¡bueno!, en realidad nuestra “contraseña” consiste en dos timbres rápidos, como una alegre llamada, y me abren las puertas y sus corazones sinceros. Eso es mucho más de lo creo merecer y con poco puedo corresponderles. Es por ellos, por su “estar” y el aliento que día a día me dan, por su precioso e-mail (como los que cada día me mandan, mimándome y buscando otra forma de alegrarme el día que comienza, ¡cómo si fuera poco el poder saber que los tengo al lado!), por lo que amplío este artículo y le doy forma, lo complemento.

A dos extraordinarias personas que puedo sentir con tan sólo palpar el tabique que separa nuestras casas -que no mi corazón y agradecimiento-. ¡En cualquier momento oiré, oiréis un doble toque del timbre y estaremos juntos!, gracias Mari Tere y Emilio por ser como sois.

Este texto está escrito gracias a vosotros, a vuestra forma de estar y de ser. Es por tanto vuestro y para vosotros en especial con todo mi cariño.

Eran las cuatro de la madrugada del miércoles. En mi rutina cotidiana, y bastante adormilada, acompañaba a mi madre al aseo. Mi situación hizo que en un momento determinado sintiera un mareo y mi cuerpo cediera hacia la derecha; por suerte ya estábamos en la habitación y no tiré a quien ayudaba, pues pudo al sentir mi ligero desvanecimiento y desequilibrio soltarse y dejarse sentar en su cama, ya próxima. Maldecí en mi interior el dolor que de nuevo otra caída leve ocasionaba a mi cuerpo, aunque no dije nada y sólo me quedé apoyada en el armario mirando de frente a mi madre, armada de paciencia en la espera de que lo que ella ya sabía y sabe suele ocurrir. Su amodorramiento tampoco le permitió decir nada, sólo me esperó confiando que sería pasajero pues es lo más común y volvería en apenas unos segundos hacia ella. Y así fue, la tomé de nuevo por el brazo y la dejé acostada en su cama, mientras, en mi interior, no dejaba de maldecir y de dejarme llevar por ese dolor ya repetitivo, que además se ve agravado sobre la misma zona al perder el equilibrio reiteradamente hacia ese sentido.

Y mientras me echaba en mi cama ya con la lamparita de la mesa de noche apagada, de cara al muro que linda con la calle y viviendo en una zona en la que se han sufrido muchos, demasiados atentados, demasiadas muertes y demasiadas víctimas marcadas de por vida a causa de la brutalidad de ETA, la banda asesina volvía a cometer un terrible acto en la ciudad de Burgos con la intención de llevarse víctimas sin discriminación por delante, sin causa que lo justifique, desde hace sobrado tiempo ya.

Y amaneció y volví a mi rutina y entonces conocimos la noticia y pensé: "¿por qué me quejé anoche?, cualquiera podría haber sido uno de los que hoy les ha tocado sufrir en sus propias carnes, en sus mentes de por vida, en sus casas y en sus recuerdos, el horror de ese atentado". Y de nuevo ETA repitió su vil y sin sentido proceder de barbarie  y esta ocasión sí hubo dos muertos más que se suman a los asesinados con o sin uniforme, con cargos o personas que tuvieron el infortunio de pasar por allí, tan inocentes como tantos y tantos niños que forman parte de esa estremecedora lista. En los Atentados de Atocha, ¿a quién le tocó sufrir la vileza indiscriminada del que se cree con el poder de quitarle la vida a otro?, en esa ocasión sólo unos minutos evitó que mi cuñado viajara en uno de los trenes explosionados. Otros cayeron o quedaron malheridos, compañeros de trabajo de mi otro cuñado, antiguos vecinos de mi barrio (incluidos algunos de sus niños pues los pequeños estaban aún en Ecuador, no los habían podido traer a España… eso les salvó la vida, pero les dejó sin padres y sin hermanos). El mismo viaje que se hizo en dirección a Alcalá de Henares, en ese mismo tren que reventó podría haber ido yo misma de no haber finalizado mi trabajo en la zona de Torrejón de Ardoz.

Previamente el horror del 11 de septiembre. Y después los de Inglaterra…

Había “evitado” hacer un artículo sobre tal fecha (de hecho este era un borrador que no pensé publicar), pues el dolor de aquellos terribles atentados no se puede borrar ni de las mentes, ni del corazón de quienes buscamos algo mejor para los que tomarán el relevo en este planeta.

Demasiado horror, demasiado para el pueblo que no había salido “en la fotografía de Azores” del trío de aquel grupo de políticos ambiciosos, demasiado ambiciosos y con pocos escrúpulos y menos miras de futuro de lo que podía deparar sus actos… pero ¿tanto sufrimiento?. El pueblo siempre es el que paga las deudas, de las crisis ahora y entonces de la prepotencia de los que se creen con derecho a ejercer otro tipo de terror: el terrorismo de estado, de cuyo ejemplo tenemos muchos otros casos que continúan.

Así pues, ¿terror con terror se paga, como moneda de cambio?; el hombre tiene un componente que no podemos ni obviar ni es justificable para otros muchos: el de su origen irracional, el del homínido que después de asesinar a otro de su misma especie come sus sesos y el resto de sus órganos, según el orden jerárquico del grupo en importancia, para dar a entender su predomino, afianzar su imagen de dominante y propagar su espacio dentro del grupo o en territorios nuevos ganados a los vencidos.

Y he aquí que retomo de nuevo el momento en el que este texto se empezó a escribir. Aquel día en el que los asesinos etarras sesgaban la vida a dos víctimas más.

¿Al igual que el terrorista, que el asesino, que confiesa sin pudor que "ha convertido en mártires" –lógicamente sin el consentimiento de esos mártires, ni de querer serlo, sin duda, de haberles consultado previamente- los asesinos de ETA discurrirán algo cercano a tal discurro como forma de justificar la muerte o el sufrimiento ajeno?, ¿qué motivo tiene quien hace semejante daño?.

¿Es justificable los cientos de muertos mes a mes en Irak?, ¿las muertes en Afganistán?, ¿lo es en los territorios de Cisjordania?. Realmente ¿vale todo?, ¿también la muerte de niños y de ancianos, de la población civil, de simplemente a los que “les ha tocado”?, ¿a las llamadas “víctimas colaterales” por algunos?.

El terrorismo de estado existe -como he comentado anteriormente-, ¿por qué en ciertas ocasiones las naciones se unen para “poner paz” y en otras se desentienden?, ¿por qué permitimos todo esto?.

¿Por qué permitimos el hacernos daño?, quien asesina, quien maltrata, ¿está tan alejado de nosotros?. ¿Cuánto hay de maltratador en cada uno de nosotros?, ¿cuánto somos capaces de aguantar la violencia, sea del tipo que sea?.

Miro y miro las fotografías de los terroristas de ETA, también de aquellas personas que en un momento determinado se han inmolado implorando a un dios y en la creencia de ganarse un cielo y de regalarlo a aquellos a quienes se llevaban por delante.

Y compruebo que también en la crueldad podemos ser semejantes; en todos los sentidos. Porque no me refiero sólo a razas o creencias, sino también en sexos. Miro con estupor la clase de igualdad conseguida por las asesinas etarras, por las mujeres que se inmolan o cogen un fusil en nombre de una causa injustificable; por aquellas mujeres que hacen daño a sus semejantes.

También en eso somos iguales. Somos humanos, animales racionales y también violentos, en algunos casos superando la violencia a cualquier otra característica de la persona.

Siento vergüenza de la especie humana y del género femenino que se iguala asesinando brutamente o sometiendo hasta humillar a su prójimo, en muchas ocasiones a la persona con la que convive. La violencia llamada de género es repudiable en todos los sentidos; tampoco hay excusa ni causa que justifique el que una mujer actúe con la misma impunidad. No me refiero ya a la violencia física, pues en ese sentido hay una descompensación de fuerza en la mayoría de los casos; me estoy refiriendo a la violencia verbal, a la violencia psicológica. A la de vivir “machando” al otro, a la otra…

Finalmente ligo este artículo con una coincidencia de la actualidad cultural y, para ser más precisa, de los derechos humanos y del compromiso que todos tenemos para vigilar que se cumplan.

Es indiscutible que en cuestión de violencia, como en otros temas, el más desprotegido, el más débil, es el que más la sufre. Los niños, los ancianos… los inmigrantes -ahora en tiempos de crisis cuando ya sí molestan y sin embargo no estorbaban en tiempo de bonanza-, los de estatus inferiores como son los indígenas que subsisten, pese a su situación tan precaria, en todos y en cada uno de los continentes, en sus propias tierras o desterrados a otras de menos valor, en ocasiones en desiertos de arena o de hielo, los que no son tales sino también ciudadanos, pero ciudadanos de segunda o tercera categoría -como podría ser el pueblo gitano en España, sin integrarse en muchos casos al modo de vida que, se supone, cumple el resto de los ciudadanos no gitanos, los llamados payos, pero también sin ser aceptados aún estando integrados perfectamente-,… y las mujeres, de nuevo las mujeres. Las mujeres que por causas diversas -religión, tradiciones arcaicas, oscurantismo,…- no tienen derecho alguno. Un ejemplo cercano el de las elecciones en Afganistán; muchas de las posibles votantes no pudieron ejercer su derecho por no permitírselo “su tutor” (o “dueño” ), es decir su propio marido o su padre, en las zonas de influencia del fundamentalismo, o, en otras ocasiones, se ha usado el voto de la mujer realizándolo "en su nombre" (por supuesto, también se ha dado el caso de que el pueblo con derecho a votar, en general, se ha sentido presionado por el terror ejercido de los talibanes).

Con respecto a este último caso de violencia (la ejercida sobre la mujer), se ha dado la casualidad de poder disfrutar en estos días de la visita en España de la Premio Nóbel de la Paz en 2003, y abogada iraní, Shirin Ebadi. Ha llegado para denunciar la violación de los derechos humanos en Irán en su novela "La jaula de oro". Hago un extracto de su entrevista para ADN.es, por incluir una frase para no olvidar y aplicar:

"Si no podéis eliminar la injusticia, por lo menos contádsela a todo el mundo". La frase, del sociólogo iraní Alí Shariati, se convirtió en el lema de su novela, según afirmó hoy Ebadi, que viajó a España especialmente para hablar del libro. "La novela proporciona una lectura más amena sobre lo que pasa en Irán", explicó la abogada.

Un tema de "La Oreja de Van Gogh", "Jueves", que musicaliza vuestro mensaje
y creado como homenaje hacia las víctimas del espantoso 11-M
cuando la muerte viajó en forma de trenes en Madrid,
queridos Mari Tere y Emilo,
es el tema que mejor puede representar lo absurdo, lo brutal del terror.


Por otra parte, jamás me he sentido más satisfecha, y hasta orgullosa, por ser madrileña.
Por pertenecer al pueblo madrileño. Por como actuó cada uno
de los que vivían o estaban, siendo madrileños o no;
de la gente de mi ciudad, Madrid,
de mi gente,
que es la gente de cualquier lugar o procedencia, que solidariamente,
como nunca se había unido un pueblo, ayudó a cada víctima que lo necesitaba.
Días después todos nos mirábamos en los trenes buscando caras conocidas,
mirándonos como nunca antes nos habíamos mirado:
esperando descubrir aquellas caras que veíamos cada día.
Es triste que tengamos que vivir estos horribles hechos para que nos demos
cuenta del valor de las personas con las que convivimos día a día.
Del valor de la vida de cada persona.

La impotencia que se siente ante la violencia, ante la presión...
la presión que como ser humano yo misma puedo ejercer y no debiera,
me hizo considerar en el momento de creación de este artículo
el acompañarlo con el tema de Metallicas "Carpe Diem Baby" ...
el amor está en ocasiones demasiado cercano al odio,
pues nos aferramos o no dejamos marchar a quien ya no nos ama,
nunca nos perteneció (nadie pertenece a nadie) y no nos pertenece.
Abrir la jaula de los sentimientos es difícil, arduo... aunque haya que hacerlo...

Publicado por Sina_Garcia @ 0:35  | D?a a d?a
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