Mi?rcoles, 07 de octubre de 2009

Jorge Miguel fue una vez un niño. Un niño al que le encantaba que le leyeran cuentos antes de dormir. El cuatro de octubre de 1980 nació en la Clínica Virgen de La Paloma. Yo, su hermana, tuve el emocionante placer de ser la primera que lo vio, cuando lo depositaron en una cunita en el Nido de la clínica hasta que alcanzara el peso adecuado. Mamá se encontaba demasiado débil y papá estaba pasando uno de sus ataques de gota y además tenía que quedarse en la habitación a atender a mamá que acababa de ser subida del paritorio; yo, impulsiva y como si fuera un polvorín, corrí por los pasillos hasta llegar a poner mis manos en el cristal para visitar a los bebés y verle según dejaron a mamá en la habitación.

Pero el nacimiento de mi hermano menor, tiene su capítulo en una de las partes más importantes de mi vida y de mi corazón y será relatado en su momento en el apartado “Sina Cuenta Su Vida”.

Mientras llega ese momento y aunque hayan pasado tres días: feliz cumpleaños, “tato”, te quiero mucho. Cuando veo tu sonrisa, me haces muy feliz.


Brisa y Abril

Este es un cuento de una realidad. Por desgracia no todos los niños pueden tener el amor de unos padres, ni tampoco pueden no sólo disfrutar del amor de un hermano, sino que la vida que les ha tocado no les permite el poder cumplir el sueño deseado. Por ello, y porque es una realidad que entre todos podemos cambiar, este cuento narra la historia de unas niñas, como muchos otros niños, que sí pueden contar con el regazo del amor de sus progenitores, que pueden compartir juegos con sus amigos, y como hermanas al recibir lo más importante -el amor de los suyos-, también pueden llegar un día a cumplir sus sueños.
Porque los sueños de los niños no deberían truncarse. Porque los sueños de los niños de hoy pueden ser los hechos de los hombres de un mañana mejor si tienen amor y se les educa con los auténticos valores de la vida.
Aquel día en el que Brisa y Abril compartieron la felicidad del mayor de los logros: el volver de nuevo a celebrar el triunfo del amor que en su vida en común como hermanas, como compañeras de aventuras y de nuevas experiencias, se tienen y transmiten hacia los demás, es el que ha inspirado el siguiente relato:

Brisa se movía ágilmente, entre arreglándose y vistiendo para aquella jornada y a modo de práctica para lo que sentía después tendría que hacer y deseaba realizarlo como ella sólo sabía hacerlo: de la mejor manera posible. La casi siempre serena Brisa, se encontraba algo más nerviosa que en otras ocasiones. Sus movimientos, casi acompasados, en continuo ejercicio para su cercano momento, iban recorriendo la instancia desde la habitación a la cocina, pasando por el cuarto de baño en donde, coqueta, miraba su cabello casi flotando sobre sus hombros armoniosos. Una aproximación al espejo, un pequeño retoque y su cabello volvía a estar como apenas unos minutos antes lo había dejado. Y así proseguía un nuevo recorrido por el resto de las habitaciones, cuando se le llamó la atención para que tomara algo de alimento y de bebida con un poco de serenidad, sentada por una vez, al menos, en aquel espacio del día que parecía no terminara nunca para recargarse de ese brío que, aunque con la kalma que sus compases y sus maneras daba la sensación que no producían desgaste alguno en su atlético y joven cuerpo, tenía que recuperar para poder proseguir como si de un “calentamiento de motores”se tratara.

Abril se vestía deprisa. Tanto, tanto, que tuvo que pedir ayuda pues se introdujo su camiseta al revés. Sus energías siempre inagotables, como la luminosidad que sus días desprenden, querían hacerlo todo ¡ya!. Y alguien recordó aquello de “vísteme despacio, que tengo prisa”, porque aquel día en particular iba a ser largo, especial y sí, también luminoso, muy luminoso. Examinaba muy cuidadosamente que nada faltara en su vestimenta, ¡quería lucir hermosa, muy hermosa!. Más que cualquiera de las muchachas españolas en una Feria de Abril de la Sevillana fiesta, con vestidos de faralaes y complementos de todo tipo (vistosos pendientes, preciosas pulseras y una bonita peineta engrandecida por la obligada flor que enriquecía el traje de volantes y lunares), pudiera encontrarse. Por eso había elegido muy con alegría y determinación qué ponerse y qué zapatos acompañarían aquel conjunto seleccionado para esa ocasión tan especial. Incluso optó por llevar su gorra rapera favorita, ¡quería estar muy, muy guapa!.

Por fin llegó la hora en la que Brisa iba a brillar con sus rítmicos y armoniosos compases, para mayor contento de Abril, también preparada para dejarse llevar por el vaivén de su hermana Brisa. La sala estaba llena, todos expectantes deseaban empezara el acontecimiento tan esperado. Los padres se acomodaban como podían para intentar coger el mejor lugar en el que disfrutar de la actuación de sus hijas. Abril, inquieta apenas transcurridos unos pequeños minutos de demora no cesaba de preguntar cuándo empezaría mientras, en alerta y sin dejar de moverse para no perder su forma acostumbrada, Brisa también contaba los segundos para entrar en acción.

Se ajustaron las luces del recinto, se anunció el comienzo del espectáculo, se nombró a las participantes y, ante un aplauso generalizado y animoso, Brisa apareció como flotando de entre los cortinajes que separaban a las participantes del público. Pronto llegó hasta el lugar adecuado, tomó suavemente las cintas que colgaban y se dejó transportar. Así, sintiendo lo que el movimiento que las cintas parecía imponer, Brisa las gobernaba. Utilizaba una fuerza extrema para poder con ellas transformar una verticalidad en una figura cada vez más bella, seguida de una postura en horizontal que dejaba boquiabiertos a todos los asistentes. Como si jugara con el oleaje del mar Brisa, sin aparente esfuerzo, se elevaba, se dejaba caer y volvía a elevarse y en cada una de esas piruetas magníficas se permitía transportar y parada durante unos instantes arrancaba aplausos enérgicos ante tal belleza de composición con movimiento y con gracia que más parecía una danza con las cintas que un verdadero ejercicio de trabajo y vitalidad ensayado con mucho tiempo y empeño para el disfrute de los asistentes y de sus queridos papás.

Y mientras tanto Abril aplaudía entusiasmada, sabiendo que su hermana mayor estaba dejando maravillados a todos los que se encontraban reunidos. Por eso, porque ese día iba a ser muy especial, Abril tenía que estar tan hermosa. Después, contenta por ver a su hermana Brisa realizar aquel conjunto de acrobacias al compás de un primoroso ritmo, recibiría enhorabuenas por ser la hermanita de tan importante artista. Ella sabía que también tendría su momento de gloria, aquel en el que papá y mamá, junto a Brisa, llegarían a disfrutar de su talento, como demostraba con sus bailes y cantos raperos. Pero, por lo pronto, aún era demasiado pequeña para poder plantearse todo ello y, además, lo que importaba era el ver a papá filmando a Brisa, el poder después ver en familia una y otra vez ese vídeo en el que su hermana parecía que estuviera suspendida en el aire, como colgando de un hilo mágico agarrado al techo.

Una vez acabada toda la representación, Brisa corrió a reunirse con su familia y Abril la recibió, fundándose ambas en un tierno y emotivo abrazo lleno de contento, como el de la fiesta que habían vivido ambas y que no iban a olvidar. Además, ¡siempre cabía la posibilidad de una sorpresa!. Y sí, la hubo. Para rematar un día tan importante Brisa y Abril, juguetonas y compartiendo sus secretos, pudieron comer una hamburguesa de sus preferidas, contándose curiosidades e inventando más juegos para los próximos días. Entre bromas y más risas Brisa charlaba con su hermana siempre risueña. Abril, a su vez, con sus inmensos ojos negros, había grabado en su retina, en su memoria y en su corazón, la felicidad de Brisa cada vez que ejecutaba uno de esos ejercicios tan difíciles, pero que la hacían sentir cono si fuera un hada columpiándose entre nubes de blanco algodón.

Con todo mi cariño para Sebas, gran persona y mejor padre de las preciosas y entrañables Brisa y Abril, por su amistad y por compartir con sus amigos el amor que tiene y que entrega a sus dos reinas.




Publicado por Sina_Garcia @ 2:24  | Relatos
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios