Jueves, 19 de noviembre de 2009
Anoche veía casi de forma simultánea dos programas de televisión. No son los recomendables me han dicho hoy, ¿y cuáles son?, ¿qué he de hacer?, ¿rodearme de algodones?.

Llevo varias noches sin dormir. Lo correcto es decir que llevo meses sin dormir, pues las pocas horas que puedo permitirme el dejar la vigilia no son las suficientes ni tan siquiera para mantener viva a una gata noctámbula; y es que hasta ahora, al menos
una vez me vencía el sueño y ya decidía ir a la cama con pesadillas o sin ellas, alcanzaba "el sueño conciliador" que por lo pronto me puedo permitir y por eso miento cuando digo la cantidad de medicación que tomo y las horas que en realidad duermo, ya que sé que de nuevo se me regañará y me recordarán la importancia de dormir un mínimo, pero hay otras prioridades en este momento; ya vendrán días en los que puedan ser noches de cuatro o de seis maravillosas horas de recuperación.

A lo que me refiero son días, casi el mes, en los que no sólo veo la luz del amanecer, sino que aguardo -de cara a la pared y en posición fetal, que es la que más me ayuda a relajar el cuerpo y a poder ser la mente- sigilosamente a que mamá se mueva y empiece la nueva jornada. No hay sueño, sólo llanto callado. Ha de parecer que "he dormido al menos algo".

Anoche apenas podía aguantar ese llanto silencioso y tuve que de nuevo incorporarme hasta que consideré era la hora en la que mamá se despertaría y me acomodé en la cama como si, otra noche más, todo hubiera sido "normal". No dejan de luchar las razones contra los sentimientos, ¡y no quiero, no quiero hacerlo, tato, no quiero!. Y lloro y lloro porque he de hacerlo. Los reportajes de aquellos niños sin infancia, sin los recursos mínimos, ultrajados y humillados, me atraían y sé que no "debería ver esas cosas", me dicen repetitivamente, pero es la realidad y no es nuevo para mí que la vida sea dura,  que el dolor existe,  que  los más débiles, como son los niños,  son los más desprotegidos... y ahora, en estos "tiempos de crisis" lo serán más. Compaginé la ayuda a mamá ya enferma desde joven, con los estudios a cuyos exámenes permitían me presentara aunque no pudiera ir de contínuo, con trabajos varios como el coger el bajo a una prenda (a la vez que también hacía ropa para mamá y para nosotras tres, cosiendo o usando el punto o el ganchillo, para así ahorrar en los gastos familiares), cuidar un niño por unas horas, llevar toda la casa y a una niña, Amalia, la bellísima Amalia a la que tuve a mi cuidado mientras mantenía la casa, ropas, comida, etc. de su familia (de María José y Fernando)... y seguir estudiando,... seguir estudiando aunque llegara a altas horas de la noche, y ya que entonces no nos era posible el que pudieran pagarse los estudios que deseaba continuar. Por lo que un poco de eso, de lo dura que la vida puede llegar a ser, aunque no sea comparable con lo que en esos reportajes aparecía, conozco desde muy joven. Desde que mamá necesitó que alguna de las tres nos quedáramos en casa y por mi edad, trece años, fui yo la que se quedó, sin por ello frustrar mis ganas de aprendizaje.

El conciliar el sueño es ya una pesadilla porque demoro lo que ya no puede ser demorado, mi mente busca una solución distinta, pero no la hay, no. ¿Cómo decirte, mi tato, lo que he de decir?, me duele más el tener que hacerlo que todos estos meses sin ver tu sonrisa. Por eso la noche ya es eterna, cuando mamá está dormida, porque la anoche es llanto.

Sé que tienes el arropo que necesitas y que eso debería ser suficiente. Y sin embargo ese cobijo que te van a dar no me parece suficiente. Me importa el que tenga que dar el paso. El que tenga que hacerlo yo ya que tú has preferido desentenderte de lo que de la forma más natural
en su tiempo nos habías indicado harías. No prejuzgo ni juzgo tu indiferencia, no puedo hacerlo; llegará el momento en el que todos (no sólo tú y yo, tato) podamos hablar e intentar llegar al porqué y encontrar una respuesta.

Esos niños desamparados me hicieron recordar tu "cercano" nacimiento. Tengo tu cuerpecito fijado en mi retina como si hubiera sido ayer. Tengo aquellas horas presentes, como las que compartíamos cada vez que estás de buen humor y sacas ese gracejo y esas risas que te echas,... su eco está en mis oídos. Tu mirada y tu voz de la última noche en la pude verte y escucharte. Tus palabras sinceras y tu expontáneo "recojo a Golfo y subo a ver a mamá". Tengo esas conversaciones en las que parecía que la comunicación entre los dos era buena, muy buena. Te oigo reír si leyeras esto y te digo que hasta echo en falta a tus bichitos, a tus serpientes y "su alimento". Al tener que acostumbrarme a dormir con el canto de los grillos, ¡impensable hasta entonces en mí!.

Y a su vez tengo la obligación de hacerlo, de
recordado... ¡cuánto daría por no tener que hacerlo!, ¡cuánto por no "seguir este juego" en el que pareces ser el intermediario o "la mercancía"!. Y este hecho, no el qué vendrá después sino el tener que hacerlo, me quita el sueño... tanto como la incertidumbre que inunda cada rincón de la casa del no saber cuando podremos ver de nuevo tu sonrisa. Aunque calle, calle y no diga a mamá que entiendo ¡tanto, tanto su tristeza!.


Publicado por Sina_Garcia @ 23:37  | Sina y sus Vivencias
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