Domingo, 03 de enero de 2010
Demasiados días, demasiadas noches postergando lo irremediable. El daño ya estaba hecho, ahora sólo era cuestión de supervivencia, de elegir entre los dos. "Él tiene toda la vida por delante, ella no". Díficil el tener que tomar la decisión; "¿por qué tener que decidir?, ¿por qué la vida te pone en tales situaciones?... ¿cómo y cuándo comenzó todo esto?", se repetía, se repite constantemente. Las noches son más frías para Ella, los días son más largos... tortuosamente largos para Ella.

Los pasos previos no habían servido para nada. Un absurdo, un incongruente juego de echar un pulso en la espera de que Ella reaccionara o de nuevo dejara pasar el tiempo... de nuevo, de nuevo dejar pasar el tiempo, después de algo más de un año y medio sin llegar a nada, sólo la indiferencia. "Deja, no hables con nadie, yo ya lo arreglaré en su momento", solía decir él ante su pregunta.

La última "conversación", forzándole ante la desesperación de una situación límite, había confirmado lo que Ella les había comentado: "es su forma de ser, no, no será fácil que cambie, no es una cuestión de que vaya a madurar... ojalá sirva para ello, ojalá". Pese a indicarle al comienzo de la llamada que intentara mantener un diálogo que llevara a un acuerdo para ambos favorable, todo fue en vano. Ante una pregunta -"La Pregunta del Porqué"- con respuestas contradictorias, continuó con sus chillidos de antaño, para continuar con palabras broncas y frases evasivas o incoherentes entrelazadas y a tanta velocidad lanzadas que Ella no podía seguir tal atropello de descargos en su defensa y ante la solicitud de esa explicación que Ella precisaba, sólo obtuvo el sonido del corte de la llamada, el colgar el teléfono solía ser su manera de dar por finalizado lo que sus palabras no sabían ni podían aclarar. Después buscaría quien pudiera, quizás, poder concretar algo. Sólo que ninguno quería dar cuenta de lo que era, lo que es, injustificable.

Dos días después (con mensajes al móvil reiterados indicándole lo que tendría que hacer... como si fuera algo que él desconociera, pero avisándole, avisándole por cada paso que Ella iba dando) se encontraba frente al comisario. Ella había sido acompañada, apenas se podía sujetar. Su médico le indicó que tomara el mismo comprimido que hacía dos navidades; aquel fármaco que le había recetado cuando estando en plena crisis tenía que compartir con la familia la cena navideña y no quería que ellos percibieran los síntomas (sus manos temblorosas, su difícil concentración, su falta de la cordialidad habitual, su llanto incontrolable, la falta de sonrisas en su rostro); entonces aquel comprimido consiguió amortiguar los síntomas e incluso le dió fuerzas suficientes para preparar lo que pudo en la cocina, en la mesa, para intentar llevar un bocado a su boca, a pesar de que llevara días sin que su estómago le admitiera nada, de conseguir alguna sonrisa y hasta aparente alegría, de moverse del salón a la cocina y aguantar hasta altas horas de la noche.

Estaba aparentemente tranquila, pero sus ojos la delataban. Lo percibió al regresar a casa. La dejaron una vez hechos los trámites, una vez firmó la denuncia; su mano derecha hizo lo que su corazón determinó, mientras recordaba aquella escena junto a las vías del tren de "La decisión de Sophie"... estaba contra la pared, tenía que decidir entre los dos. Y lo había hecho. Soltó la bolsa que había llevado y en la que había depositado el comprobante y fue al baño. Según se lavaba las manos y se mojaba la cara se miró en el espejo: sus ojos estaban muertos.

Ella sabe que está muerta en vida, de ahora en adelante será una muerta en vida. Su decisión será como la de Sophie, la que la ha dejado marcada y ya no será la misma... ya no era la misma desde que empezó todo. Aunque Ella sabe que tomó la única decisión que podía tomar y aunque él no sea su hijo y parezca "haya sido el sacrificado", pues él es víctima y a la vez partícipe en cometer el peor de los pecados, hecho comparable a la crueldad que obligó a Sophie a tomar su decisión: la de elegir entre los dos seres que más amaba a cual de ellos le salvaba la vida.

Relato autobiográfico de Sina García

Publicado por Sina_Garcia @ 23:20  | Relatos
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