S?bado, 27 de marzo de 2010
A las ocho y media apagaremos las luces y aparatos no básicos. Quedan velas, aún quedan velas desde las que usamos en Navidad. En una hora... ¿cuántas muertes, cuántas víctimas que sufren las secuelas del terremoto de Haití, del de Chile?... ¿cuántos asesinados en la Franja de Gaza, cuántos por las armas vendidas por este gobierno, por el previo y por el que vendrá?.

-"No, no te preocupes y atiende a Javi"-. Javi está nervioso, intuye la emoción en la voz de su madre, la misma voz que responde: -"Eres tú quien no ha de preocuparse, ¡por favor, prométemelo!, verás como todo cambia, es sólo eso, una mala época". -"Sí, sí, es así como dices, seguro. No te preocupes y pasarlo lo mejor posible. A ver si hace buen tiempo...", también se sujeta en un hilo de voz la respuesta, casi apenas perceptible. Javi insiste:-"¡Mamá!, ¡vámonos a Colmenar, ¡al tren de Colmenar!, ¡VÁ-MO-NOSSSS!". 

Pepa no sé si este artículo se subirá. Escribo y guardo, tengo borradores en este blog y en el de poemas. Quizás serán los únicos que se salven pues el resto hace tiempo que los eliminé. He visto que subí un post de aviso en el foro y no lo recordaba, tampoco el que tuviera algún poema pendiente y el texto, el texto que he debido de ir elaborando para el 16 de marzo y que aún no he subido, para el cumpleaños de papá y aún está pendiente de publicar, sin acabar. He de subirlo ya. Espera, Pepa, lo subiré. Me has dicho que escriba, que no haga caso a las emergencias... sí, ¿pará qué hacerles caso, verdad?, si la ciencia, la medicina ya no me da respuestas. Uso los recortes de los artículos que tengo pendientes e intento unirlos, espero que pueda publicar todo ello. Menos el de papá, ese no lo toco hasta que no lo termine... hasta que no lo termine.

Busqué Chile, alguien me pedía información para la ayuda a los afectados por el sismo en Chile, hoy se cumple un mes de aquel nefasto día. Y encuentré, no recuerdo a cuento de qué, algo relacionado con la F. concomitante. ¿Por qué me cuesta tanto decir el nombre?. ¿Por qué me cuesta el reconocer que estamos entre los más de esos veintidós mil afectados en Madrid por la Ley de la Dependencia que no han recibido ni tan siquiera la visita de los Servicios Sociales después de más de un año de solicitud?, ¿que estamos dentro de esa gran cantidad de personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas?, ¿por qué?... no aparecemos en ningún lado, ¿no podemos decirlo por lo tanto?. Estamos a marzo... y nada se ha solucionado, nada.

Dejé la puerta abierta, abierta de par en par como aquella canción que cantaba Víctor Manuel. Dijiste que vendrías, que me vendrías a buscar, que iríamos a pasear, a tomar algo debajo de los árboles, en alguna de las terrazas del barrio. Sí, lo recuerdo. La noche se hace larga, el día también pero hay una rutina, una rutina que me ha servido para tenerme "ocupada". Levantarse, tomar la medicación, hacer la comida... esperar comer algo -si pude hacer la comida- y tomar la medicación. Dormir y descansar algo. Leer, no sé el qué, pero leer (me di de alta en Telebiblioteca,  sí, tía, lo hice y recibo el libro puntualmente... pero no recuerdo lo que leo). Merendar, tomar la medicación. Leer algo más, en el ordenador hasta que aguante... hasta que se pueda... la cena, tomar la medicación. Intentar ver algo en la tele... la medicación, intentar dormir. Mientras tanto la agenda siempre a mano, médicos, citas casi todos los días de la semana, pruebas y ambulancias, tanto para mí como para mamá. Y llamadas por teléfono de la familia y de los amigos que aún no se han resignado. No de mis hermanas... el tato desde el viernes no nos coge el teléfono. Estará de vacaciones y corta la llamada. Y así día a día. No hay más, no hay fuerzas y sí muchas visitas pendientes desde el año pasado que las salté y tampoco hay demasiados medios... no hay medios de ninguna clase. Y al día siguiente... la misma rutina. Y nada se ha solucionado, nada.

El día y la noche se me mezclan en la memoria. Cuando hay memoria... cuando hay recuerdo, porque hay lagunas de tiempo y confunden los sueños, lo soñado, lo imaginado y lo vivido. Pensé que era la medicación, la rebajé, la he cambiado, y no es... y tampoco puedo estar sin dormir como el año pasado... desde mayo hasta mediados de enero sólo dormía dos o tres horas. Y la puerta sigue abierta. Veo pasar la gente, la vida pasa y está fuera de la puerta. Ellos pasan fuera del umbral. No soy parte, es una película, no tengo ningún papel que desempeñar. La mente sigue, quiere seguir y no se para, el resto está parado; tuve un pequeño papel, pero ya no soy parte ninguna. Nadie mira hacia la puerta y si lo hacen mi rostro debe de ser algo así como una pantomima. La mueca de la sonrisa aún está, parece. Pero apenas hablo o no debe de ser coherente lo que digo. Ligar las palabras... las palabras vienen cuando no son precisas. Si hay que dialogar, decir algo, ¿dónde están las palabras?.

¿A dónde van las palabras no pronunciadas?, ¿y los sentimientos no expresados?, ¿a dónde los gestos, los hechos no realizados?. En la junta de vecinos llevaba la documentación preparada y un "bonito discurso". Debía de dar explicaciones y sólo sonreí. Es verdad que el día previo tuve una intervención, que bajé con fiebre y que tenía que haber hablado antes con la administradora y no pudo ser. Pero eso no es la única realidad. ¿Hay alguna realidad?, ¿cabe alguna "disculpa"?. Nos paran, preguntan y mamá conversa; no puedo seguir una conversación. No es un día, ya es siempre, siempre, a cualquier hora y todos los días. Por teléfono aún es peor. Lo has comprobado Pepa, es peor.

Dejé la puerta abierta. No recuerdo quién fue quien me lo dijo, quién me lo prometió. Pero sé que me lo dijeron. Me lo has recordado, Pepa, y no es una expresión tuya, ni una promesa tuya. No, alguien más, otras personas me lo dijeron... y los veo pasar y ninguno se para. No pasan el umbral. No vienes a buscarme, esperé y no vienes. Dijiste que ¿un café, una cerveza?, quizás ir al cine. No veo las caras y ya me es indiferente porque lo entiendo. Entiendo que ninguno de mis hermanos me haya preguntado nunca por mis síntomas, que Ana y David me hicieran callar cuando quise poner en práctica lo que me indicaron en la terapia de la fibro, que no quisieran que continuara con la explicación de qué es la fibromialgia, lo entiendo. Ahora lo entiendo y quizás yo haría lo mismo si estuviera en tu piel; en la piel de todos ellos. No es necesario que nadie más tenga que pasar por esto. ¿Te acuerdas, Elisa?. Sí, en un campo de concentración dijiste. Sí, y del campo de concentración no sólo pudieron salir, sino que sobrevivieron para dar testimonio y continuar batallando por la vida; tenían una esperanza. Sin embargo nadie sabe de los testimonios de los que año tras año hicieron todo por su parte para no dejarse vencer, hicieron lo sobrehumano para soportar la tortura y todo el horror, pero si "un mal día" fueron uno de los elegidos para ir a los hornos de incineración, no, no nos ha podido quedar su testimonio de su lucha infructuosa. No me valía ese ejemplo y por ello te lo reprochaba. No me puede escapar de él, tengo "mi campo de concentración particular" y es para siempre. Crónico, de por vida y se ha agudizado. Y sólo he de sufrirlo yo. Debe ser así. Mis hermanas tienen su vida y sus problemas y mi hermano también. Y mamá no debería de ser la que tenga que llevar "este lastre" que se llama Sina. No es justo para ella, no lo es.

Veníamos del médico de familia. Llovía. Mamá no ve, no ve apenas. Tiene la tensión ocular muy alta, el glaucoma es otro de los problemas de salud que se une a los que ya tenía. Sus pocas fuerzas, sus dolores que no puede contener por medicación alguna pues es contraproducente para el resto de sus problemas de salud, de su poca salud como bien dice. La tiraba, en vez de ayudarla, la tiraba con mis vértigos dichosos, también estoy rebajándome la medicación para la atrofia vestibular. No puedo acompañarla a pasear ni puedo acompañarla a los médicos. Y además no puedo ayudarla en ningún otro sentido... ni puedo ser su apoyo físico, ni anímico y mucho menos moral. Tampoco puedo llevarla a otros médicos para que puedan ponerla un tratamiento alternativo o se adelanten las citas del especialista o de pruebas, ni facilitarla viajes como antes o la rehabilitación que necesita. Ni siquiera puedo hacer gestiones. Nada, nada... ni apenas la beso ahora... y se enfada si lloro, se enfada porque me ve con los brazos caídos. No quiere saber que ya no puedo más. ¿Victimismo?... un día tras otro, un mes tras otro, un año tras otro... muchos años... y todo ha ido a peor... nadie puede juzgarme, nadie tiene ese derecho hasta que no haya pasado todos estos años y se pueda encontrar en la misma situación... y si es victimismo, dejarme, dejarme... dejarme que me queje al menos.

Si yo pasara por el otro lado de la puerta quizás también miraría hacia otro lado... quizás. Me duelen los ojos, me duelen mucho. Quiero dejar de mirar, no puedo sólo mirar... me canso de mirar; por detrás de los ojos el dolor punzante... como los dolores de las piernas... y los de hace años de esos puñales que se me clavan por todo el cuerpo, que me desgarran; y lo peor ha llegado después de este último año. La piel, por debajo de la piel, cada milímetro es un dolor día a día, cada hora de cada día. El cerebro quiere hacer algo y la voz no sale de la garganta. Porque el dolor físico (y el de los sentimientos) podría llegar a soportarse; me bajo la medicación, pueden soportarse... lo he comprobado y doy fe de ello, pese a todo "te acostumbras"... al menos un tiempo, sí; tengo apuntado en uno de los retazos de artículos por subir "Johnny cogió su fusil". Esa película, ahora vuelvo a recordar porqué lo escribí. Un cuerpo sin movimiento, sin expresividad, sin comunicación posible con el resto... ese sería un buen ejemplo. Sólo que Jhonny sentía amor, quería amor, cariño, y yo no, no quiero nada de lo que nada puedo tener. Me canso de arrastrar mi cuerpo, mi mente está cansada y mis ojos no pueden mirar. Cerraré la puerta, quizás la oscuridad me alivie... quizás sea por fin el placebo que me funcione...quizás pueda descansar.  ¿Victimismo?... también puede ser. Quizás sea lo último que puedo elegir.

La puerta estaba abierta y acabo de ver que tenía aún un fichero sin borrar. No sé porqué almacené aquella conversación... quizás un presagio me hizo guardarla... fue hermosa, parece irreal, un sueño... y sí, fue un sueño porque nunca se llego a cumplir. No te culpo de ello, no hay culpables, no. Me hiciste sentir viva, creo. Igual necesitaba sentir ese último aliento de vida. ¿Sabes?, es hermosa; pienso que los dos fuimos sinceros, sí. El leerla y ya no llorar como en su momento hacía ¿significa que ya no siento?, ¿que no te quiero?, ¿que no te quise?... ninguno mentíamos, creo que éramos sinceros... me gasté, "mis cerillas del amor" no fueron suficientes para que traspasaras la puerta. Ya no hay cerillas ni a nadie más he de darle calor.

Espero que esto sí lo puedas leer, quizás no lo borre como todo lo demás o puede que no lo termine nunca y esté pendiente de ser publicado... a nada me puedo comprometer porque nada es real... las letras, los símbolos, los gestos... hasta las escenas de la vida... todo es ajeno, todo está fuera del entorno... vivo... aún... pero no siento... ¿vivo?. Mi cuerpo, mi mente, mi ¿corazón? está "detrás" de cada escena, de cada gesto. ¿Un cuento?, sí, tu también podrías tener razón... sólo que esta es mi realidad y todos lo podemos imaginar a través de las letras del autor, pero nadie puede saber en verdad cómo es la vida sin vida.

Pepa: te quiero, te quiero mucho. Este sentimiento no lo olvido, como tampoco el que quiera a mamá. Como quiero a tu niño, como quiero a quienes se empeñan en no olvidarse. Como quiero a quienes se han olvidado. Como amo a Jorge, como amo a mis hermanas... aunque, pese a que no lo confiese a mamá porque sé que la dolería aún más, de ellas "me he desligado" algo, un poco, sí, pero con respecto a Jorge... no puedo... hay sentimientos que niego, pero siguen... como sigue mi idea de que pude elegir y ya no puedo, estoy "atada" a esta vida como él lo estaba, sin brazos ni piernas, a una cama de hospital... atada, obligada a vivir. Lo siento Pepa, es lo que pienso... o no lo siento, quizás ya no siento el dolor que causo porque no siento nada más que estar atada y ser un muñón, un muñón atado... sería mejor que tú tampoco pasaras por el umbral, la puerta la cerré y te duele cada vez que la traspasas o me telefoneas... lo sé.

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