Domingo, 16 de mayo de 2010

Es curioso esto de ser… ¿viciosa?, puede ser que lo haya sido desde siempre; eso explicaría el porqué haya necesitado un pellizquito de chocolate en momentos puntuales, cuando salía del trabajo de vuelta a casa, antes de irme a acostar, en momentos de bajón físico...

Cuando llevaba unos meses en el cole me tuvieron que quitar del primer curso pues mi hermana menor sufría de alergia y tenía que ayudar a mamá a controlarla en sus primeros gateos mientras ella hacía el resto de los quehaceres de la casa. Además servía para acompañarla en aquellos momentos cruciales en los que había que salir con el bebé corriendo hacia la "Casa de Socorro"… no olvido aquellas urgencias, mi madre chillando que la niña se ahogaba y diciendo que avisara a papá y a las vecinas y luego el seguir los enormes pasos de los mayores mientras mamá me arrastraba de la mano y papá lanzaba por los aires a Piedad para que le llegara el oxigeno a los pulmones y que pudiera llegar con vida. Ana ya había comenzado un curso previo y yo pude incorporarme al siguiente después de la satisfacción que me produjo el "ser tan útil para la familia y para la peque" a quien, por cierto, no miré con muy buenos ojos al llegar “para quitarme el puesto de chiquitina”.

No había cumplido los trece años cuando al caer irremediablemente postrada en la cama mamá -y puesto que Ana había empezado el curso de secretariado y Piedad era aún demasiado pequeña- y hasta que pudo remontar años después con una vida más o menos normal (mejor dicho súper normal pues tuvo que desempeñar a la vez la labor de madre y de abuela al unísono con apenas la ayuda que papá podía darle a la vuelta del trabajo y la que yo le daba antes de irme a estudiar, pese a que su enfermedad es crónica y le causa una incapacidad bastante relevante), fue que de nuevo me quedé en casa atendiendo sobre todo a mamá, su convalecencia después de la operación y a todas las labores de la misma. Mientras, y con la ayuda que Ana con sus estudios podía darme, asistí a los exámenes finales para poder conseguir el título de la entonces EGB, gracias a un favor que les pidió mamá a de los profesores -pues entonces no era obligatorio finalizar el ciclo, ni se preocupaban de que te quedaras sin completarlo y ni papá ni mamá querían que me retrasara a la hora de conseguir el título correspondiente- y según insistía a épocas en continuar estudiando… y pienso que igual de ahí lo de “ser apañá” para con la costura y demás labores, que no era por predisposición, sino que a diferencia de mis hermanas estaba más tiempo al lado de mamá y de la abuela (la abuela en un principio tenía a su marido que atender y además ¡era muy suya!, añadiendo que la enfermedad de mamá no era apenas conocida y que hasta la familia dudaba de que estuviera enferma, ¡en fin!, que no estuvo al lado de mamá en aquellos tristes años en los que papá trabajaba, mis hermanas estudiaban y yo… en verano, al llegar papá del trabajo me bajaba a las escaleras del portal y jugaba con las nuevas vecinas del vecindario en el que finalmente nos establecimos ¡y me lo pasaba pipa!... que luego llegaba el fin de semana y Ana se ponía “a hacer como que ella hacía las limpiezas” y ¡conseguía amargarme!… ¡ay, menos mal que Piedad pasaba de ella!). Después llegó el momento en el que ese título no servía para mucho y me puse a estudiar en nocturno para conseguir el Graduado Escolar en aquellos barracones sin electricidad, por lo que estudiaba con guantes, gorro y bufanda -que habíamos confeccionado entre mamá y yo misma- y el chaquetón puesto, con pequeños candiles a gas como única luz y saliendo a altas horas de la noche sin que entonces tuviéramos tan buena combinación para llegar al barrio... llegaba tarde, pero era feliz estudiando y máximo cuando aquella profesora -Alicia- que me parecía que nunca estaba conforme con mi rendimiento tuvo a bien regalarme un libro de las Rimas y Leyendas en el acto de finalización... y luego llegaron los años del BUP... ¡ah, Lucy y Maite, aún conservamos nuestra amistad de aquellos años de nocturno, época de transición y de decir "lo que quisiéramos por primera vez en un centro de estudios"!... qué bellos recuerdos los de estudiante, aunque me queden los callos de coger apuntes a tanta velocidad y de pasar las noches intentando acabar los trabajos para la tarde del día siguiente... y muchos más bellos cuando Ana decidió dejar de ir a continuar los estudios ¡y no hacía falta que la secundara en su empeño de no hacer amistad con la gente del cole!, ¡con decir que hasta me eligieron delegada del curso y hasta preparé con la delegada del otro grupo de mixtas el viaje de fin de curso!... a Fuengirola, sí, ¡pero y lo bien que me lo pasé en los preparativos, en hacerme el disfraz de brujita con los zapatos de taconazo rojo pasión -que Piedad se había comprado- para la fiesta de recaudación fondos y en preparar aquella limonada con una "pizquita" de canela queeeee tanto gustó al personal!, ¡qué graciosa que estaba Rosalina, la profesora de Geo, vestida de niña pecosa, con chupa-chus y patines, con lo altísima que era!, ¿y Maite, vestida de enano con unas cajas que le hacían super bajita pese a ser la más alta de las chicas y eso que era la peque en edad?, con Ana ninguna de esas experiencias hubiera sido posible dada su poco apego por relacionarse con los compañeros y es que, no hemos de olvidar, según llegaba a clase ya tenía que dejar de charlar con los compis porque se mosqueaba.

Y así crecí entre las paredes de casa, haciendo la compra (que me lo pasaba muy bien con lo de ir de puesto en puesto, eso sí las bolsas pesadas no se lo deseo a nadie pese a las amistades que hacía, ni tampoco los malos ratos cuando alguna se me colaba o cuando tenía que cambiar algo) y la ropa a mis hermanas y haciendo caso a mamá en lo de ayudar a las otras dos y en lo de respetar a la hermana mayor… y "creyendo ser la imprescindible". Llegó el momento en el que me gustaba la informática y seguí cursando en nocturno, que llegaba a más de las once de la noche y a la mañana siguiente a las ocho tenía que estar en la casa de Amalia y de sus papás, cuidándole y atendiendo aquella casa de más de cien metros en la misma calle Téllez, hacer la comida, recoger después de dejar dormida a la niña ¡y salir corriendo para ir antes de llegar tarde a la segunda hora que para la primera -la de prácticas con el ordenador- nunca llegaba a tiempo!. Pero me gustaba programar con lápiz y borrador.

... “Sina, te estábamos esperando... que le he estado planchando a tu hermana la ropa para que prepare la maleta y las cositas de la niña, que para mí que de esta noche no pasa”… y así fue, que esa madrugada fuimos de parto mi hermana, mi cuñado y yo… y de vuelta a su casa, dormí en el salón porque no querían pasar la primera noche solos con la niña… con la niña que es “mi preciosa niña” Nita, a la que en sus dos primeros años tuve el placer de disfrutarla cada día hasta que me iba a estudiar y la dejaba con su papá o con mis padres. Para Piedad la cosa cambió: fueron mamá y Ana las que la acompañaron mientras su marido se iba a celebrarlo antes de que naciera su hija… la dulce y preciosa Iris Amara. Antes de las dos sobrinas había llegado el verdadero pequeñín de la casa, el tato, cuyo embarazo fue de alto riesgo. Y, terminando el recorrido de "los peques", en último lugar llegó Jandro... aunque poco pudimos disfrutar de él en sus primeros años por aquello de negarse mamá y papá a avalar a Piedad y Víctor a la hora de comprar un piso... ¿y a mí que me parece que "sigue celebrando" el nacimiento de su primer retoño?...

... ¡Pensar que no ha servido de nada!, que si llegué a ser docente péeeesima en un principio -lo sé con tan sólo comparar los primeros y los posteriores cursos-, y brillante, sí, brillante en los siguientes-¡si ya no tengo abuela! y que lo pueden certificar muchos actos y testigos, ¡para qué andar con remilgos a estas alturas!!!-. Todo empezó por una ocurrencia de “mi profe” Juan López, de análisis de sistemas… ¡y me enganchó la docencia!... y seguí al mismo ritmo del resto de mi vida: considerándome “la única”, la narcisista Sina, sin la que nada iba a funcionar ( sólo después de que papá haya muerto he podido saber que se  sentía orgulloso de mí, que comentaba con felicidad a los conocidos “a lo que había llegado su hija mediana”, me han dicho... pero nunca lo sospeché; aunque no creo que estuviera feliz sabiendo el pago que ha supuesto esos años “de gloria”… y tampoco al saber que cometería el mismo delito al volver a ser prepotente y creer que yo sóla podría continuar con la educacióndel tato, porque seguro que hubiera dicho que tendría que haber "usado" a sus otras dos hermanas antes de que todo se precipitara... mucho antes; y al final, ¿era papá el que "hacía todo y para todos"? porque quedan muchos que pueden confirmar la de veces que se quejaba de lo mal que nos tenía acostumbrados mamá a los cuatro... que siempre andaba exigiendo a mamá que se olvidara un poco de sus hijos y que se dedicaran más el uno al otro... pero claro, mamá está viva y papá ya no puede responder... ). Así pues digo bien cuando expreso que hay mucho de narcisista, de egocéntrica, en esta Sina. Me acostumbré con demasiada facilidad a lo de “imprescindible” -o al menos eso era lo que pensaba que era- y en el trabajo que empezó a ser tan importante, en el que me sentía por fin “yo”, tenía que rendir a un ciento veinte por cien; si yo no asistía, “nada funcionaría”. A esto de "exagerar" en lo de currar y en otras cosas, en lo de ser tan vanidosa, en definitiva, ahora se aplican una serie de pautas de "desintoxicación"... como siempre, lo mío ya no tiene cura, que a base de pasar el "mono" yo solita, me he curado de eso.

¡Estúpida, imbécil y requete-estúpida narcisista!... claro que todo funciona sin uno -quiero decir, sin una-, ¡y muy bien, además!


 


 


Los hermanos siguen con su vida, los sobrinos han crecido y pronto tendrán su propia familia…y seguirán siendo felices. El trabajo continúa y los cursos siguen adelante, los centros piden nuevos profesores y siempre hay nuevos alumnos… lo que no hay es posibilidad de cambiar las cosas, de ir sin tropezar por la calle por querer llegar antes, de poder delegar en los demás, de pasar por un centro de salud antes de que los años confirmen que ya es demasiado tarde… de darse entera, sin egoísmos, de amar completamente… sin esperar “que todavía queda tiempo”... porque para amar de verdad no queda tiempo.

Nunca se sabe lo que pasará mañana… por si acaso recuerda lo que te dijo mamá por teléfono el último día, tato. Y sabes que no quiero que vuelvas a decir que estás solo… no me hagas tanto daño, tú ya no… que si una vez corrí por ti, y dos y… ¡bueno!, te dije que iría una y otra vez a los mismísimos infiernos para que no estuvieras solo.

Escurioso esto de ser… ¿viciosa?, puede ser que lo haya sido desdesiempre; eso explicaría el porqué haya necesitado un pellizquito dechocolate en momentos puntuales, cuando salía del trabajo de vuelta acasa, antes de irme a acostar, en momentos de bajónfísico...

Cuandollevaba unos meses en el cole me tuvieron que quitar del primer cursopues mi hermana menor sufría de alergia y tenía que ayudar a mamá acontrolarla en sus primeros gateos mientras ella hacía el resto de losquehaceres de la casa. Además servía para acompañarla en aquellosmomentos cruciales en los que había que salir con el bebé corriendohacia la "Casa de Socorro"… no olvido aquellas urgencias, mi madrechillando que la niña se ahogaba y diciendo que avisara a papá y a lasvecinas y luego el seguir los enormes pasos de los mayores mientrasmamá me arrastraba de la mano y papá lanzaba por los aires a Piedadpara que le llegara el oxigeno a los pulmones y que pudiera llegar convida. Ana ya había comenzado un curso previo y yo pude incorporarme alsiguiente después de la satisfacción que me produjo el "ser tan útilpara la familia y para la peque" a quien, por cierto, no miré con muybuenos ojos al llegar “para quitarme el puesto de chiquitina”.

No había cumplido los trece años cuando al caer irremediablemente postrada en la cama mamá-y puesto que Ana había empezado el curso de secretariado y Piedad eraaún demasiado pequeña- y hasta que pudo remontar años después con unavida más o menos normal (mejor dicho súper normal pues tuvo quedesempeñar a la vez la labor de madre y de abuela al unísono con apenasla ayuda que papá podía darle a la vuelta del trabajo y la que yo ledaba antes de irme a estudiar, pese a que su enfermedad es crónica y lecausa una incapacidad bastante relevante), fue que de nuevo me quedé encasa atendiendo sobre todo a mamá, su convalecencia después de laoperación y a todas las labores de la misma. Mientras, y con la ayudaque Ana con sus estudios podía darme, asistí a los exámenes finalespara poder conseguir el título de la entonces EGB, gracias a un favorque les pidió mamá a de los profesores -pues entonces no eraobligatorio finalizar el ciclo, ni se preocupaban de que te quedarassin completarlo y ni papá ni mamá querían que me retrasara a la hora deconseguir el título correspondiente- y según insistía a épocas encontinuar estudiando… y pienso que igual de ahí lo de “ser apañá” paracon la costura y demás labores, que no era por predisposición, sino quea diferencia de mis hermanas estaba más tiempo al lado de mamá y de laabuela (la abuela en un principio tenía a su marido que atender yademás ¡era muy suya!, añadiendo que la enfermedad de mamá no eraapenas conocida y que hasta la familia dudaba de que estuviera enferma,¡en fin!, que no estuvo al lado de mamá en aquellos tristes años en losque papá trabajaba, mis hermanas estudiaban y yo… en verano, al llegarpapá del trabajo me bajaba a las escaleras del portal y jugaba con lasnuevas vecinas del vecindario en el que finalmente nos establecimos ¡yme lo pasaba pipa!... que luego llegaba el fin de semana y Ana se ponía“a hacer como que ella hacía las limpiezas” y ¡conseguía amargarme!…¡ay, menos mal que Piedad pasaba de ella!). Después llegó el momento enel que ese título no servía para mucho y me puse a estudiar en nocturnopara conseguir el Graduado Escolar en aquellos barracones sinelectricidad, por lo que estudiaba con guantes, gorro y bufanda -quehabíamos confeccionado entre mamá y yo misma- y el chaquetón puesto,con pequeños candiles a gas como única luz y saliendo a altas horas dela noche sin que entonces tuviéramos tan buena combinación para llegaral barrio... llegaba tarde, pero era feliz estudiando y máximo cuandoaquella profesora -Alicia- que me parecía que nunca estaba conforme conmi rendimiento tuvo a bien regalarme un libro de las Rimas y Leyendasen el acto de finalización... y luego llegaron los años del BUP... ¡ah,Lucy y Maite, aún conservamos nuestra amistad de aquellos años denocturno, época de transición y de decir "lo que quisiéramos porprimera vez en un centro de estudios"!... qué bellos recuerdos los deestudiante, aunque me queden los callos de coger apuntes a tantavelocidad y de pasar las noches intentando acabar los trabajos para latarde del día siguiente... y muchos más bellos cuando Ana decidió dejarde ir a continuar los estudios ¡y no hacía falta que la secundara en suempeño de no hacer amistad con la gente del cole!, ¡con decir que hastame eligieron delegada del curso y hasta preparé con la delegada delotro grupo de mixtas el viaje de fin de curso!... a Fuengirola, sí,¡pero y lo bien que me lo pasé en los preparativos, en hacerme eldisfraz de brujita con los zapatos de taconazo rojo pasión -que Piedadse había comprado- para la fiesta de recaudación fondos y en prepararaquella limonada con una "pizquita" de canela queeeee tanto gustó alpersonal!, ¡qué graciosa que estaba Rosalina, la profesora de Geo,vestida de niña pecosa, con chupa-chus y patines, con lo altísima queera!, ¿y Maite, vestida de enano con unas cajas que le hacían superbajita pese a ser la más alta de las chicas y eso que era la peque enedad?, con Ana ninguna de esas experiencias hubiera sido posible dadasu poco apego por relacionarse con los compañeros y es que, no hemos deolvidar, según llegaba a clase ya tenía que dejar de charlar con loscompis porque se mosqueaba.

Yasí crecí entre las paredes de casa, haciendo la compra (que me lopasaba muy bien con lo de ir de puesto en puesto, eso sí las bolsaspesadas no se lo deseo a nadie pese a las amistades que hacía, nitampoco los malos ratos cuando alguna se me colaba o cuando tenía quecambiar algo) y la ropa a mis hermanas y haciendo caso a mamá en lo deayudar a las otras dos y en lo de respetar a la hermana mayor… y"creyendo ser la imprescindible"... “Sina,te estábamos esperando... que le he estado planchando a tu hermana laropa para que prepare la maleta y las cositas de la niña, que para míque de esta noche no pasa”… y así fue, que esa madrugada fuimos departo mi hermana, mi cuñado y yo… y de vuelta a su casa, dormí en elsalón porque no querían pasar la primera noche solos con la niña… conla niña que es “mi preciosa niña” Nita, a la que en sus dos primerosaños tuve el placer de disfrutarla cada día hasta que me iba a estudiary la dejaba con su papá o con mis padres. Para Piedad la cosa cambió:fueron mamá y Ana las que la acompañaron mientras su marido se iba acelebrarlo antes de que naciera su hija… la dulce y preciosa IrisAmara. Antes de las dos sobrinas había llegado el verdadero pequeñín dela casa, el tato, cuyo embarazo fue de alto riesgo. Y, terminando elrecorrido de "los peques", en último lugar llegó Jandro... aunque pocopudimos disfrutar de él en sus primeros años por aquello de negarsemamá y papá a aval a Piedad y Víctor a la hora de comprar un piso... ¿ya mí que me parece que "sigue celebrando" el nacimiento de su primerretoño?...

¡Pensarque no ha servido de nada!, que si llegué a ser docentepéeeesima en unprincipio -lo sé por tan sólo comparar los primeros ylos posteriorescursos-, y brillante, sí, brillante en lossiguientes-¡si ya no tengoabuela! y que lo avalan muchos actos ytestigos, ¡para qué andar conremilgos a estas alturas!!!-. Todo empezó por una ocurrencia de “miprofe” Juan López, de análisis de sistemas… ¡y me enganchó ladocencia!... yseguí al mismo ritmo del resto de mi vida: considerándome“la única”,la narcisista Sina, sin la que nada iba a funcionar ( sólodespuésde que papá haya muerto he podido saber que se  sentíaorgulloso de mí,que comentaba con los conocidos “a lo que habíallegado su hijamediana”, me han dicho... pero nunca lo sospeché;aunque no creo queestuviera feliz sabiendo el pago que hasupuesto esosaños “de gloria”… ytampoco el cometiera el mismo delito al volver aser prepotente y creerque yo sóla podría continuar con la educacióndel tato, que tendría quehaber "usado" a las sus otras dos hermanas antes de que todo seprecipitara... mucho antes; y al final, ¿era papá el que "hacía todo"?porque quedan muchos que pueden confirmar la de veces que se quejaba delo mal que nos tenía acostumbrados mamá a los cuatro... que siempreandaba exigiendo a mamá que se olvidara un poco de sus hijos y que sededicaran más el uno al otro... pero claro, mamá está viva y papá ya nopuede responder...). Asípues digo bien cuando expreso que hay mucho de narcisista, deegocéntrica, en esta Sina. Al final me acostumbré a lo de“imprescindible” -o al menos eso era lo que pensaba que era- y en eltrabajo que empezó a ser tan importante, en el que me sentía por fin“yo”, tenía que rendir a un 120 por cien; si yo no asistía, “nadafuncionaría”. ¡Estúpida, imbécil y requeteestúpida narcisista!... claroque todo funciona sin uno -quiero decir, sin una-, ¡y muy bien, además!


 


 


Loshermanos siguen con su vida, los sobrinos han crecido y pronto tendránsu propia familia…y seguirán siendo felices. El trabajo continúa y loscursos siguen adelante, los centros piden nuevos profesores y siemprehay nuevos alumnos… lo que no hay es posibilidad de cambiar las cosas,de ir sin tropezar por la calle por querer llegar antes, de poderdelegar en los demás, de pasar por un centro de salud antes de que losaños confirmen que ya es demasiado tarde… de darse entera, sinegoísmos, de amar completamente… sin esperar “que todavía quedatiempo”... porque para amar de verdad no queda tiempo.

Nuncase sabe lo que pasará mañana… por si acaso, recuerda lo que te dijomamá por el teléfono el último día, tato. Y sabes que no quiero quevuelvas a decir que estás solo… no me hagas tanto daño, tú ya no… quesi una vez corrí por ti, y dos y… ¡bueno!, te dije que iría una y otravez a los mismísimos infiernos para que no estuvieras solo.


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