Domingo, 16 de mayo de 2010

Las jornadas de trabajo marcaban sus días. A la misma hora volvían a verse, sin embargo él no ofrecía ningún atisbo de proximidad. Marta no le daba demasiada importancia a ese hecho y por ello seguía con su verborrea habitual, contando a Pedro lo que ese día había acontecido, buscando un punto de unión. Una tarde perdió los papeles con su jefe: no se sentía cómoda con el nuevo trabajo que el señor Carrasco le había asignado, el director no atendió a razones y finalmente tuvo que claudicar cuando el rostro de su superior cambió de color al afirmar que se sentía discriminada con respecto a sus compañeros. Al llegar a casa se encerró en la habitación con el ordenador, había cogido unos informes sin el permiso de su jefe; la discusión la llevó a afrontar con más empeño el trabajo que se le había encomendado. Antes de abandonar el centro Marta había estado en la enfermería, no sabía si la decisión que tomaba era la adecuada o si le movía el enfado de la discusión; había tenido cuidado de que nadie la viera y sin embargo se sentía observada. Al día siguiente se encontraba de nuevo frente a Pedro. No había ninguna novedad que comentar, se dijo, y mientras le miraba de reojo siguió con aquellos documentos.

Los días posteriores transcurrieron sin ninguna novedad, sin embargo a la semana siguiente Pedro empezó una conversación; no hubiera sido nada especial de no ser por lo opuesto: en realidad fue una charla aparentemente normal. A esa primera tertulia le siguieron otras y Marta se sintió cada vez más cercana, dejando su documentación aparcada, olvidando sus responsabilidades y ahondando en los efectos comunes. Transcurrían los días lentamente y pronto acabaría el trimestre. El señor Carrasco llamó a Marta a su despacho. Cerró la puerta bastante enfadado y elevando la voz la reprochó los pocos avances que en su caso estaba realizando. Marta apenas balbuceó alguna explicación, no entendíasu falta de argumentos y aquella voz ahogada que sólo la permitía pronunciar excusas vanas, si por algo se la conocía en su entorno era por su coraje, ¿por qué, entonces, no pudo rebatir a su jefe? Al salir del despacho la mirada atónita del resto de sus compañeros la persiguió. Corrió hasta encontrarse frente a Pedro, su compañía hizo que pronto olvidara lo acontecido. De vuelta a su sillón, el señor Carrasco leyó una de las últimas anotaciones de Marta: “Historia Clínica Nº 52089: Hace un mes y once días que falsifiqué el tratamiento y reduje los miligramos de depot a un 10% -. Hoy, sin aparentes indicios previos, el paciente ha mantenido una conversación normal”. Sonrió, por suerte Marta no había tenido en cuenta la advertencia que le hiciera tiempo atrás Pedro: “¡cuidado!, no bebas ni comas nada aquí… nos vigilan”.


Publicado por Sina_Garcia @ 2:00  | Relatos
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