Domingo, 16 de mayo de 2010


Un ángel pasó y su tránsito fue interminable.

El silencio duró lo que el paso del ángel pudo darse:

quizás un segundo, podría ser que un minuto

… podrían haber sido horas o eterno rato.


En la espera que finalice el acto sublime

el corazón uncido, el instinto cosido a los labios,

las almas que aguardan la comparsa

con la boca sellada y las manos atadas.

 

Redentor silencio: el sentido tanto te venera

que hasta al espíritu a tu lapso acalla.

Cuando deambule un ángel por el rayano,

enmudece hasta que prosiga con su paso.

Poema: Sina García


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