Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010

La amanecida descubrió unos ojos índigo. La figura del felino recortaba la ventana que destapaba la imagen sobre la cama. La piel aún temblorosa se deshizo en dos de nuevo. Un abrazo recogido dirigía una mano a acariciar su nuca mientras la otra se recogió en su hombro, la cabeza acabó recostada sobre el henchido torso de él. La mujer cerró los ojos, oliendo su perfume, colmada y satisfecha cedió por fin ante el vigoroso porte; puso el oído en su pecho sintiendo que el latido de ambos corazones podría ser uno. El hombre la giró suavemente y, levantándose, empezó a vestirse.

El amanecer descubrió una escena semejante a la previa y a la de tantos y tantos días previos: la mujer inundada de amor abandonada en su búsqueda yerma, un nuevo amante y el gato negro cual bello Onyx. Sólo que en esta ocasión el gato maullaba intentando despertar al cuerpo inerte de la mujer y el nuevo amante de turno cerraba la puerta con el pañuelo usado minutos antes para asfixiar el cuello erizado de placer.

Publicado por Sina_Garcia @ 9:00  | Relatos
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