Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010
La tormenta perfecta llegó. La noche se vislumbraba a intervalos a través de las nubes desplazándose a tal velocidad que parecían cabalgar tapando por momentos a la luna. Cuando podía asomarse la luz del satélite en nueva fase permitía apreciar los cúmulos sobre el fondo azur. Un instante y de nuevo la oscura noche ocultaba lo que sólo las fuertes ráfagas de viento golpeando persianas y vidrieras evocaban el transcurrir de la ciclogénesis explosiva bautizada como Xynthia.

Transcurrida la noche amaneció un claro día. El índigo dejó pasar a un azul nítido. Las escasas nubes algodonadas parecían colgar de hilos transparentes y la sensación de pureza y calma parecía representar de la forma más exacta aquella frase de “después de la tormenta, llega la calma”. No recordaba cuanto hacía que el aire en el cielo de la ciudad me parecía tan limpio.

Sin embargo todo era una mera apariencia pues aquella tormenta que transitó durante sólo unas horas dejó huellas profundas a su paso de muerte y desolación.

Por la tarde de nuevo las nubes y el viento fueron escondiendo a la luna crecida; una nueva borrasca -aunque no tan violenta- se avecinaba. Esta noche regresó la lluvia abundante que causa de este invierno -largo como pocos- una época melancólicamente tenaz.

… Considero si acaso nuestro paso por este mundo se refleja en una tormenta perfecta. Para los que dejan su huella imborrable después de un gran ruido, el silencio y la calma hasta el próximo devenir de otro torbellino que levante los cimientos. Para los mediocres… un tránsito sin pena ni gloria. 


Publicado por Sina_Garcia @ 21:30  | D?a a d?a
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