Mi?rcoles, 26 de mayo de 2010

Laly no había podido ir al trabajo aquel día. En el marco de la puerta de la casa la exuberante dominicana proseguía con su charla; ante un comentario en respuesta a una de sus afirmaciones gira su cuerpo con agilidad y aferra fuertemente con sus manos las de ella: "¡hay que pedirle al Señor!, créame, ¡hay que pedirle!". La mira con ojos inquisitivos mientras sigue sujetándola con vigor las manos a modo de rezo: "yo lo sé bien, son mala gente, ¡muy mala gente!, unos fariseos, lo digo con conocimiento; yo vivía cerca de la frontera y puedo decir qué clase de gente son y como llegaban, ¡no tienen respeto a nada ni a nadie!” .

Camina hacia el ascensor y con grandes aspavientos se despide con la última de sus sentencias: “ha sido un castigo del Señor, ¡un castigo!”. Apenas han transcurrido unas horas desde el terremoto de Haití. Para la mujer lo acontecido es una señal divina. “Ellos”, víctimas para muchos y para la mujer dominicana verdugos de sus propios actos, “se lo han merecido”. No sólo los gobernantes, también el pueblo ha sido el culpable de tanto dolor.

El sonido del ascensor se oye al alejarse hasta la planta baja. La puerta de la casa se ha cerrado, un silencio sepulcral parece rodearla. En su mente los rostros y las voces de los abatidos damnificados por el sismo, los niños y los ancianos, los enfermos y las mujeres embarazadas, el horror tenía cara y nombres.

Ayer tembló la tierra primero en Japón y después en Chile. Una de las primeras imágenes de las zonas afectadas en Chile recoge la todavía conmocionada impresión de un paisano que es entrevistado: “sin duda el Señor está con este pueblo y con este país; aún siendo tan fuerte, el terremoto apenas ha causado víctimas o daños”. Concepción, la mujer dominicana, busca con su mano una de las medallas que lleva colgadas al cuello; parece rezar frente al televisor.

El Señor no distingue entre ricos o pobres, entre la herencia esclavista o de origen occidental, ni entre la hambruna, la corrupción que durante años es mantenida gracias a ritos ancestrales que sustentan esa depravación de quienes han de gobernar; el Señor no distingue entre chozas hechas con cartones o construcciones definidas para soportar un seísmo. Sólo distingue entre creyentes o no piadosos para Concepción.   

En mayo de 1960 se produjo en Chile el mayor sismo recogido durante las últimas décadas. En estos días, los hombres y mujeres de Haití y de Chile siguen y seguirán necesitando la ayuda de todos.

 

Fotografía del artículo "Declaran cinco de los estadounidenses detenidos por tráfico de niños en Haití" (TRIBUNA INTERNACIONAL)


Publicado por Sina_Garcia @ 22:00  | De todo un poco
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